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¿Es la dolarización una solución para una Venezuela en ruinas?

lunes 27 de marzo de 2017, 16:00h
Por Orlando Zamora.- Dolarizar es una solución de corto aliento, no disciplina la actividad económica, no supera las causas de la alta inflación distintas al exceso de liquidez monetaria, u otras dificultades relacionadas al funcionamiento del aparato económico o la presencia de distorsiones sectoriales. No propicia por sí misma la inversión extranjera, no impedirá que el Estado a falta de bolívares emita bonos como ocurrió en Argentina, cuando los títulos-valores sustituyeron a las emisiones de pesos (1991-1994), ni contuvo la fuga de dólares en 1995.
Carlos Menem, ex presidente de Argentina (1989 y 1999).

Por Orlando Zamora.- El debate está abierto ¿Dolarizar o no?, la propuesta tiene apoyo de entes defensores de la libertad económica y de un calificado técnico vocero del gremio de los maestros. Defienden con entusiasmo: Suprimir la política monetaria, muy mal conducida por el Banco Central de Venezuela (BCV), impedir la creación de dinero inorgánico (emitido sin respaldo en reservas internacionales) dirigido a financiar a PDVSA; sincerar (dolarizando) los precios de una economía tan dependiente de las importaciones; extirpar de una vez la elevadísima inflación que empobrece aceleradamente a la población venezolana. En fin, que los venezolanos ganen y paguen en monedas y billetes estadounidenses.

En otras palabras, sugieren reemplazar la moneda nacional (debilitada hoy en grado extremo, al experimentar el peor de sus momentos, desde que fue creada por Antonio Guzmán Blanco en el año 1879) y sustituirla por billetes emitidos por los Bancos de la Reserva Federal de los Estados Unidos.

En este paso, surge el primero de los tropiezos con la FED dada su natural resistencia a ampliar su base monetaria o creación directa de moneda estadounidense, lo que es un requisito previo y necesario, para luego proceder a transferirla al torrente circulatorio de dinero local. Se supone y con mucha razón, que tengan poca voluntad de acudir al rescate de la delicada economía venezolana bajo las condiciones aquí descritas, incluso que tolere que parte importante de los depreciados billetes venezolanos circulen internamente igualados al valor del dólar de los EE.UU.

Grandes dudas rodean la propuesta dolarizadora

Genera incertidumbre examinar los posibles efectos de una decisión tan radical. Es mecanizar un poco la idea de que en Venezuela, tan pronto se adopte esa moneda extranjera, mejorará firmemente sus desequilibrios macroeconómicos, para conducirse como un país productivo y disciplinado. En el corto plazo tal consecuencia podría observarse, pero, el posible alcance positivo de esa decisión será momentáneo, incluso muy artificial. Sin sustento estructural.

Por mucho más tiempo, incluso bajo un nuevo gobierno, persistirán las diferencias sociales entre grupos muy separados entre sí en términos de acumulación de riqueza. Algunos sectores adquirirán bienes en igualdad de condiciones de cualquier nación del primer mundo, porque constituyen la parte rentable de la economía nacional. Para la inmensa mayoría, aunque devenguen los salarios en dólares, los mismos se mantendrán muy bajos, porque el país es hoy altamente improductivo, la mano de obra es deficiente, no genera márgenes importantes de riqueza, ni elabora bienes competitivos, que sí se producen y de muy buena calidad en las naciones industrializadas. Las cuales disponen de mayores ventajas relativas a sus menores costos operativos, disfrutan de condiciones de producción masiva, disponen de procesos de  intermediación eficiente de productos finales e igualmente remuneran salarios con un elevado poder adquisitivo. Actualizan a diario su gran tecnología, no disponible en esta parte del globo. Todo bajo un marco institucional de respeto a las normas legales.

Dolarizar es tomar “prestado” el prestigio y fortaleza de una divisa exitosa

Dolarización es tomar “prestado o en alquiler” el prestigio de una nación cuya economía goza de un gran poder, que es visiblemente auto sustentable, dada su elevada productividad, que en consecuencia, le traslada el valor y respaldo de su moneda a otra nación con mucho menor desarrollo. Al dolarizar, Venezuela adopta tanto el valor del ingreso como el de los costos del país más industrializado del mundo, pero, sus ciudadanos son altamente improductivos, carentes de la tecnología del primer mundo y sus salarios en dólares serán bajos como ocurre en el Ecuador por su rezago productivo. Pagarán las tasas de interés y comisiones del país poderoso.

Una muestra de esto ya lo vivimos en la Venezuela reciente, aunque en mucho menor proporción, que si se dolarizara oficialmente. En efecto, entre los años 2005-2010, cuando el dólar estuvo en 2,15 bolívares, sin presencia de excesos de liquidez con su natural carga inflacionaria. Disfrutamos casi de las ventajas de un país dolarizado, en razón de “nuestro gran poder adquisitivo”, que aumentó groseramente las importaciones y redujo, junto a la gestión chavista, la parte básica de la planta industrial y de producción nacional. Ocurrió en modesto país como el nuestro, incapaz de competir con el mundo productivo. Venezuela vivió una “productividad” gracias a la renta petrolera y que se esfumó. Vivimos con el poder de compra de alemanes y suecos, estando alejadísimos de su desbordante productividad.

Veámoslo más simple, las economías intermedias o grandes no dolarizan. Venezuela entra en el primer grupo con un PIB capaz de generar 350.000 millones de dólares anuales. Son complejas, tienen características e intereses monetarios distintos a otros países. Argentina bajo el gobierno de Carlos Menem desde el 1ro. de abril de 1991 hasta 1999 se dolarizó, dio ventajas de avance a un país poco competitivo internacionalmente (Excepto en ganadería y soya). El obrero o cualquier ciudadano pagaban servicios de aseo, electricidad, condominio, dolarizados, tan igual a los precios de una ciudad costosa como Nueva York. Se hizo insostenible y, por ello, la caja de conversión monetaria que convertía cada dólar en un peso, con la rigidez de una camisa de fuerza, estalló en mil pedazos.

Finalmente, los que sostienen que dolarizar es una aconsejable salida, no toman en consideración la profunda descomposición social que se desarrolla actualmente en Venezuela. Estas barreras de poder adquisitivo se van a profundizar más por las diferentes opciones de acceso a las herramientas productivas incluyendo la formación del recurso humano. Unos pocos serán favorecidos en detrimento de mayoritarios sectores que, antes y ahora en mayor proporción, están al margen del proceso productivo organizado y competitivo.

Mauricio Macri, Presidente de Argentina.

Los éxitos de la dolarización han sido muy limitados

Dolarizar es una solución de corto aliento, no disciplina la actividad económica, no supera las causas de la alta inflación distintas al exceso de liquidez monetaria, u otras dificultades relacionadas al funcionamiento del aparato económico o la presencia de distorsiones sectoriales. No propicia por sí misma la inversión extranjera, no impedirá que el Estado a falta de bolívares emita bonos como ocurrió en Argentina cuando los títulos-valores sustituyeron a las emisiones de pesos (1991-1994), ni contuvo la fuga de dólares en 1995. Nación que empobreció a diversos sectores poco competitivos, que pagaban en dólares hasta los inmuebles, en apariencia eran privilegiados por tener la misma capacidad de pago (en dólares) de los países altamente industrializados, sin merecerlo por su baja productividad.

En general, los procesos de dolarización han sido exitosos en pequeñas economías o en enclaves de puertos, como Ecuador, El Salvador, Panamá, Hong Kong. Las famosas juntas monetarias o cajas de conversión monetarias (Para Steve Hanke, fueron concebidas para países “desordenados”) han ido desapareciendo en el mundo. Los países grandes y medianos como el nuestro son complejos, no hay una medicina única para sus males, no podrán superar las crisis de crecimiento; déficits recurrentes de balanza de pagos; reducir la prima de riesgo sobre la deuda externa; ni sobrevivir al subdesarrollo, sin cambios de fondo en sus estructuras productivas en nada relacionadas con una simple dolarización de su signo monetario.

Al renunciar a la moneda soberana y al empleo de los instrumentos de la política monetaria (encaje, anticipos, redescuento, operaciones de mercado abierto) y a la administración de los tipos de interés no sólo se pierde la capacidad de incidir en materia monetaria, mercados financieros (monto de los créditos), macroeconomía (producción agregada, balanza de pagos, inflación) disciplina fiscal, seguridad bancaria, riesgo crediticio, pérdida de los aportes del señoreaje, sino que parte de estas funciones quedan subordinadas al Sistema de Reserva Federal de EE.UU.

Toma igualmente las tasas de interés fijadas por el FED y los mercados financieros estadounidenses. Los pocos países dolarizados de América como Ecuador, Panamá, El Salvador, no pueden manejar con autonomía esa herramienta. Un ejemplo, en 2008, frente la crisis crediticia y bancaria en EE.UU., caen a cero las tasas allí y Panamá quería tasas altas para retener montos importantes de dólares en sus bancos y no pudo remediar sino con muchas dificultades esa situación que perjudicaba la economía panameña.

Una unificación cambiaria competitiva es la única solución para Venezuela

De nuevo el presidente Nicolás Maduro toca el tema de la unificación de los tipos cambiarios sin precisar medidas concretas. Luce evidente que la extrema escasez de divisas presiona la flexibilización del estancado control de cambio, que arriba a 14 años con resultados muy lamentables. Es un reconocimiento claro a una realidad que no pueden postergar: Abrir el mercado libre de divisas que permita la entrada de flujos distintos a los ya limitados aportes de PDVSA.

Rescatar la autonomía del Banco Central de Venezuela (BCV), tarea difícil de cumplir para un gobierno que no cree en los contrapesos de poder y la división de poderes. Esto último regresará la necesaria confianza de las políticas públicas para superar los actuales desequilibrios fundamentales.

Es preferible para nuestro país tomar los ejemplos de Chile, Uruguay, Perú y otra nación en vías de instaurarlo pronto, nos referimos a la Argentina del presidente Mauricio Macri, donde se movilizan en bancos y cajeros electrónicos dólares y las monedas de esas cuatro naciones, sin causar sobresaltos ni búsqueda desenfrenada de divisas. Y es que la estabilidad interna minimiza cualquier demanda potencialmente nerviosa.

Los países compiten utilizando sus monedas nacionales, aprovechando las ventajas competitivas y comparativas, estimulando la creatividad de sus ciudadanos. Esta conducta recuperará en un plazo intermedio, ni corto ni tan largo, el poder de compra de los salarios internos.

Nuestra larga pelea será sostenida, como ya lo intentan también en México, Brasil, y Colombia. Desde la trinchera de las monedas locales, a las que habrá de fortalecer con trabajo e ingenio. Aprovechar las ventajas comparativas y avanzar en las de tipo competitivo frente a un mundo más avanzado.

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