Luisa Ortega Díaz y otros sustos por venir

Por Elizabeth Fuentes @fuenteseliz.- La fiscal Luisa Ortega Díaz ha hecho lo que ha hecho por una sencillísima razón: Porque no está sola. Porque es una mujer que ha sido lo suficientemente hábil durante 15 años para estar donde está, tejiendo a su alrededor una red segura de sus iguales, lo que le permitió lograr la reelección para el cargo de Fiscal (del año 2014 hasta el año 2021, camaradas), enfrentándose en esa oportunidad nada menos que a  Cilia Flores.


Elizabeth Fuentes.

Por Elizabeth Fuentes @fuenteseliz.- Cuando una chavista con cuatro soles como Luisa Ortega Díaz sale del closet y se enfrenta con toda su artillería jurídica a las tropelías que se vienen ejecutando desde el Palacio de Miraflores, no es únicamente porque finalmente se avergonzó por el abuso de poder, los asesinatos en serie y la tortura que como moneda corriente se han ido instalando sin vergüenza alguna en el Gobierno y su tropa.

Tampoco su cambio de postura obedece, como diría cualquier sexista, a que la Fiscal es mujer y las mujeres solemos ser más sensibles al sufrimiento ajeno. Falso, porque si bien esa virtud acompaña a algunas, valga como ejemplo de lo contrario Tibisay Lucena y el resto de sus amigotas del CNE, cuatro mujeres que llevarán sobre sus hombros la corresponsabilidad en el asesinato de esos 55 venezolanos -hasta este jueves-, la mayoría de los cuales salieron a protestar a las calles porque querían votar, pero las “rectoras” les negaron ese derecho, autoría intelectual que acabó con sus vidas.

No podemos afirmar tampoco que la semana pasada la Fiscal tuvo una Epifanía o un ataque tardío de justicia o se le apareció la imagen de la Virgen de Coromoto en una arepa, llorando lágrimas de sangre y pidiéndole que actuara apegada a la Constitución.

Reelección para el cargo de Fiscal General del año 2014 hasta el año 2021 (camaradas).

Pues no. La fiscal Luisa Ortega Díaz ha hecho lo que ha hecho por una sencillísima razón: Porque no está sola. Porque es una mujer que ha sido lo suficientemente hábil durante 15 años para estar donde está, tejiendo a su alrededor una red segura de sus iguales, lo que le permitió lograr la reelección para el cargo de Fiscal (del año 2014 hasta el año 2021, camaradas),  enfrentándose en esa oportunidad nada menos que a Cilia Flores. Porque la  esposa del presidente Nicolás Maduro quería imponer a su comadre, la magistrada Miriam Morandy, cuyo nombre no sólo fue apabullado en esa elección sino que resultó un vergonzoso titular el año siguiente, 2015, cuando fue arrestada junto al presunto narcotraficante Richard José Cammarano, en el momento en que ambos pretendían abordar un vuelo de TAP que los llevaría a Portugal. Obviamente, poco después ella fue liberada pero su historia personal quedó  al descubierto y se dio a conocer que la aspirante a Fiscal General, comadre de Cilia y amiga de un presunto narcotraficante, también era propietaria del 35% de las acciones de una empresa, Comercializadora Jomira, C.A., dirigida a “la compra, venta e importación al mayor de equipos de oficina; venta de línea blanca, marrón; así como ropa y calzados hasta distribución y venta de alimentos…”, acciones que adquirió cuando era magistrada del TSJ. Lamentablemente, hasta el momento ha resultado inútil acceder al portal del Registro Nacional de Contratistas (RNC) para conocer quiénes son sus socios, porque el motor de búsqueda del organismo asegura que “no se puede encontrar el servidor”, de modo que sus socios siguen en el anonimato, aunque en Florida y Panamá hay varias empresas registradas con ese mismo extraño nombre.

Anecdotario aparte, ya Cilia Flores debe andar detrás de algunos que reeligieron a Ortega Díaz con el clásico macán del “Yo se los dije”. Mientras en paralelo, la Fiscal General se ha colocado no digamos una máscara antigás, sino unos guantes de boxeo rojos-rojitos aupada desde unas butacas multicolores y de lo más bien entrenada y oxigenada desde su esquina, armada con quince años de dimes y diretes entre los pasillos del poder y por eso sabe quién es quién, cuáles son sus delitos, cómo han administrado las joyas de la corona y, en consecuencia, andará buscando expedientes engavetados de esos peleadores que ahora han osado desafiarla para derrumbarlos de un solo golpe frente a las cámaras y los micrófonos.

Basta verla, calmada y segura de lo que dice, mientras en la otra esquina vociferan los asustados. No, la Fiscal no está sola y tiene poder. Tremenda barricada compañeros.