Nicolás Maduro también pretende constitucionalizar el fracaso de las misiones

Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.- No conforme con destruir los últimos vestigios que quedan de democracia suprimiendo el voto directo, universal y secreto, Nicolás Maduro le ofrece al país constitucionalizar uno de los más grandes fracaso de estos años: Las misiones sociales. Sí, hay que decirlo sin concesiones a la demagogia, las misiones han sido un fracaso. No han contribuido a liberar a los venezolanos pobres de la pobreza, sino a esclavizarlos más a ella


Pedro Benítez.

Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.- Un muchacho que nazca hoy en cualquier barriada de Venezuela, bien sea en el oeste de Maracaibo, el sur de Valencia, Guanta, Los Valles del Tuy, Petare o en las parroquias más deprimidas de Caracas, tiene mayores probabilidades de que lo asesinen o de terminar en una cárcel que ir a la universidad.

Ese, es el principal y más destacable legado de las “denominadas misiones sociales” iniciadas en 2003.

Durante años, Elías Eljuri (de quien no hemos vuelto a saber), entre otros apologistas de la política social del Gobierno, exhibieron cifras y aseguraron que Venezuela estaba a punto de llegar a la ‘pobreza cero’.

Pero si en un aspecto el régimen sociopolítico que comenzó a instaurarse el 02 de febrero de 1999 es un fracaso monumental, es precisamente en el terreno social.

Su propio razonamiento los condena: Sí, tal y como han venido afirmando, el crimen y la inseguridad son consecuencia directa de la pobreza, la miseria y la exclusión social, la conclusión lógica de tal argumentación es que toda la política social de las misiones ha sido un rotundo fracaso. Porque si en algo no hay discusión alguna es que en Venezuela los indicies de delitos y homicidas no han parado de subir desde 1999.

La farsa de la reducción de la pobreza

Los doctores Luis Pedro España y Marino González, reconocidos especialistas en políticas públicas e investigadores en el tema de las causas y el combate a la pobreza, han señalado que no hay ninguna evidencia seria que demuestre que las denominadas “misiones sociales” hayan tenido algún efecto concreto en la reducción de la pobreza en Venezuela.

Según los propios datos del INE es clarísimo que la reducción de la pobreza en los años 2004-2008 fue por la vía de los ingresos, consecuencia directa a su vez, del mayor auge de ingresos petroleros de la historia de la economía moderna. Desde 2009 (siempre datos del INE) los indicadores de pobreza dejaron de bajar y se estancaron. Y desde 2013 a esta parte todo lo el país había ganado (al menos nominalmente) se perdió con creces, para estar (ahora sí) más del 82% de los venezolanos por debajo de la línea de la pobreza en 2016, según los datos aportados por la Encuesta sobre Condiciones de Vida -Encovi-  realizada por las universidades nacionales.

“Gastar hacia abajo”, redistribuir el ingreso nacional a hacia los más pobres para elevar su capacidad de consumo no tiene nada de censurable, todo lo contrario.

Pero habría que señalar que eso fue posible gracias a que (paradójicamente) las administraciones de Acción Democrática y Copei crearon los mecanismos para que el Estado venezolano tuviera un acceso directo a la renta petrolera, y no a ninguna acción del gobierno “revolucionario”.

Por otra parte, muy poco de ese gasto fue dirigido a difundir el acceso de los más pobres a bienes públicos: Más y mejor educación pública, más y mejor sanidad pública, más y mejor seguridad social. O a mejoras en la calidad de vida de las ciudades: Mejor transporte, infraestructura, servicios de agua potable y de electricidad.

Las misiones se concibieron como programas de emergencia para atender una coyuntura política en 2003, y nunca dejaron de ser eso.

Repartieron los pescados, pero no los instrumentos para pescar. Probablemente los asesores cubanos son muy conscientes de que esto último terminaría siendo políticamente contraproducente.

No obstante, aunque lo anterior está suficiente demostrado, cierta pereza intelectual o conformismo político ha llevado a dirigentes opositores a reivindicar las misiones sociales. O todavía peor, a cometer el casi sacrilegio de compararlas con las políticas sociales de los gobiernos civiles.

Y esto último hay que destacarlo, porque lo que no ha ocurrido en los últimos 15 años es algo ni lejanamente parecido a la auténtica revolución socioeconómica, sanitaria y educacional de la primera mitad (1959-1979) de los tan vituperados cuarenta años de Democracia.

Ya se ha dicho pero lo repetiremos aquí: Nunca, jamás, ningún otro grupo en el ejercicio de gobierno en Venezuela dispuso de tantos recursos económicos y tanta capacidad institucional para hacer lo que quisieran, y nunca el balance había sido tan negativo.

Para buscar las salidas siempre es bueno recordar cómo nos metimos en esto:

En 1998 en cualquier otro país latinoamericano había más pobreza, más exclusión, más desigualdad social y corrupción que en Venezuela. Pero ninguno de esos países cometió la irresponsabilidad de elegir a un ex golpista como presidente y luego entregarle todo el poder por la vía del proceso constituyente.

Contrariamente a lo que afirman defensores (y repiten detractores) para Chávez (porque el principal responsable histórico de este desastre es él y no otro) lo social no estaba en el centro de su agenda en 1998 y en los primeros años de su mandato. Lo suyo era lo político, la Constituyente. Exactamente lo que pretende Maduro hacer hoy.

No fue casual entonces que el remedio terminara siendo peor que la enfermedad.

Así pues, Maduro ofrece constitucionalizar lo que a todas luces ha sido un fracaso.