No hay malas noticias en Venezuela, son pésimas

Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.- ¿Ya no hay vuelta atrás? Son malas noticias para el país. Peores noticias para todos. La confrontación está a la vuelta de la esquina. Los temores de una guerra civil son fundados. Mejor dicho. ¿Estamos en una guerra civil? Tal vez. Pero de otra naturaleza como la dictadura chavista es de otra naturaleza, como el socialismo chavista es de otra naturaleza, y como la democracia que vendió Hugo Chávez desde 1998, era de otra naturaleza.  


Juan Carlos Zapata.

Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.- ¿La última etapa? El chavismo ha optado por la opción radical, por la opción violenta, por la opción del ahora o nunca. El chavismo sabe que no cuenta con la mayoría social y por tanto apela al poder del que dispone y a la estructura que ha montado durante estos dos últimos años para blindar el proceso y convertirlo en dictadura. Ya el costo internacional se ha asumido. ¿Qué más? Y el costo interno se está asumiendo, confiado el poder en que podrá resistir con los fieles de la maquinaria y la fidelidad de aquellos sectores que más dependen de las dádivas del Estado, del Gobierno.

Cuando se conocieron las sentencias 155 y 156 lo anticipamos: No habrá marcha atrás porque si se retrocede el chavismo enviará una señal de debilidad a los suyos. Está hecho. Ahora hay un proceso constituyente en marcha que de imponerse significaría la consolidación de la dictadura. En consecuencia, el chavismo ya no tiene escape en la historia. A menos que algunos factores se declaren en rebeldía y generen fisuras. Por ejemplo, el paso adelante que dio la fiscal General, Luisa Ortega Díaz. ¿Pero lo harán al menos 4 magistrados de la Sala Constitucional? No parece ser el caso. ¿Lo hará el presidente del TSJ, Maikel Moreno? Tampoco parece ser el caso.

Nicolás Maduro, Presidente de la República. El chavismo estimó repetir la historia de las misiones con los CLAP, pero este tipo de programa no funciona en crisis.

Fallaron los cálculos y los CLAP

El chavismo venía preparándose para unas eventuales elecciones. Sin embargo, falló el cálculo. Con Hugo Chávez las misiones sociales arrojaron el resultado de apuntalar las encuestas y confirmar la realización de comicios gracias al carisma del líder, por la novedad del proceso que aún vendía esperanza, por la compresión de la comunidad internacional, por la debilidad opositora y porque el país no sufría una crisis como la que se desató en la presidencia de Nicolás Maduro. El chavismo estimó repetir la historia de las misiones con los CLAP. Pero no. Este tipo de programa no funciona en crisis. No con esta crisis. De allí que se descartaran las elecciones y se optara por esta nueva vía. Por el autogolpe. Y por la constituyente corporativa.

Con esta jugada política pretende consolidar -más bien arrebatar- lo que la realidad social le niega. Es una operación de alto riesgo. Elementos del poder cubano han comentado que son pesimistas sobre el desenlace, aunque están obligados a ser consecuentes con el chavismo. Si cae el poder de Caracas, el impacto en La Habana es directo.

Algunos analistas todavía consideran que esta carta chavista es una fórmula de presión para luego negociar. No hay señales de ello. Más bien el chavismo cierra filas. Y en torno a Maduro. Maduro es el jefe de la operación. En la estructura ya no hay moderados ni radicales. Todos marchan en la misma línea. Pero ello no significa que consideren el juego ganado. Y es que el miedo a la derrota los agrupa. Los acerca. Los une. La expresión que citamos aquí la semana pasada de una alta figura hacia el canciller de un país latinoamericano de que “vendrán por nosotros, nos van a fusilar”, comprime el miedo, los elementos de la derrota, y al mismo tiempo los elementos de la unidad necesaria en torno al plan radical de aplastar al enemigo, imponer la dictadura y conservar el poder.

Fiscal General Luisa Ortega Díaz: “Nadie desea para nuestro país un escenario de confrontación bélica, una guerra civil”.

¿Ya no hay vuelta atrás? Son malas noticias para el país. Peores noticias para todos. La confrontación está a la vuelta de la esquina. Los temores de una guerra civil son fundados. Mejor dicho. ¿Estamos en una guerra civil? Tal vez. Pero de otra naturaleza como la dictadura chavista es de otra naturaleza, como el socialismo chavista es de otra naturaleza, y como la democracia que vendió Hugo Chávez desde 1998, era de otra naturaleza. Los países de la región toman precauciones.

En todo caso hay que prestar oídos al alerta de la Fiscal General: “Nadie desea para nuestro país un escenario de confrontación bélica, una guerra civil y mucho menos una injerencia extranjera”. Dijo que la paz no se decreta. Se construye. Con ejemplos. Hay que dejar de vernos como enemigos, señaló. Pero el chavismo no parece entenderlo. Inclusive, la propia fiscal Luisa Ortega Díaz, por no avalar el desafuero represivo, político y jurídico e inconstitucional, ha pasado de amiga y aliada a adversaria, enemiga. No son tiempos de paz.