Nos vemos en los disturbios

Por Elizabeth Fuentes @fuenteseliz.- Venezuela ya no quiere que la sigan tratando como si fuésemos un rebaño de inermes dentro de un Metrobús llevado al único destino que le dé la gana a ese mal chofer, designado en mala hora por el militar de las estatuas derrumbadas.


Elizabeth Fuentes.

Por Elizabeth Fuentes @fuenteseliz. – En Venezuela se escenifica un choque de trenes  en cámara lenta: De un lado acelera un vagón cargado de armas, bombas y municiones, conducido -fácil de adivinar-, por el chofer que dice presidir la República. Pero en sentido contrario lo que se aproxima es una muchedumbre dispuesta a todo. Un gentío que “ha dicho basta y ha echado a andar”, si se vale el plagio. Una gentará furiosa y presta a impedir que semejante conductor siga actuando como cualquier terrorista de esos que han atropellado con su camión grandote a decenas de personas inocentes sólo para imponer su punto de vista, y en semejante estrategia terminan carbonizados ellos también.

Pero si bien la imagen es excesivamente destructiva, una suerte de tormenta perfecta donde nadie se salvaría luego de la colisión, conviene leer las señales que envían algunos que parecieran haberse ido apostando en medio del camino con una bandera blanca para impedir  el trancazo. O al menos intentar que el chofer del vagón baje la velocidad antes de que sea demasiado tarde, incluso para él y los suyos.

Sin ir muy lejos, hace poco Diosdado Cabello reveló que Henrique Capriles tenía soplones dentro de la Fuerza Armada. Y si bien aseguró que hay dos de ellos presos, lo cierto es que Cabello se dio un mazazo a sí mismo al dejar en evidencia que no todo es color de rosa -o rojo-rojito-, en el estamento militar y que de poco han servido las prebendas que reciben a diario como los automóviles a precios de risa, el abastecimiento total en el Ipsfa, aumento de sueldo mes tras mes, sin contar obviamente de los privilegios que deben gozar los peces gordos, gordísimos, que tienen más millones de dólares en sus cuentas en el exterior que medallas en la chaqueta.

Nicolás Maduro, Presidente de la República.

También con su banderita blanca se ha apostado en medio del choque la fiscal general Luisa Ortega Díaz, hasta hace poco una de las funcionarias más dependiente de las órdenes de Miraflores. Una bandera tímida, vale decir, pero insospechable hace pocos meses. Desde el día en que calificó las sentencias (155 y 156) del Tribunal Supremo de Justicia como ruptura del hilo constitucional hasta su postura de ahora, contradiciendo nada menos que al Ministro de la Defensa al ordenar la detención de 6 funcionarios de la GNB imputados por el Ministerio Público por su presunta responsabilidad en las heridas ocasionadas a seis estudiantes de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL), durante la manifestación del pasado 17 de mayo.

Y la nueva postura de El Vaticano solicitando elecciones, lo mismo que sorpresivamente pidió este miércoles el ex presidente de Ecuador,Rafael Correa, a sabiendas de que pronunciar la palabra elecciones en Venezuela hoy día, resulta casi un insulto personal al chofer del vagón, quien aspira a quedarse en Miraflores por el resto de sus días, siempre que no haya prensa independiente, ni ciudadanos con pasaporte -que puedan salir a ventilar la desgracia que significa vivir en Venezuela-, ni magistrados con decencia y mucho menos un ente electoral independiente y capaz, cuyas rectoras ganan un dineral sin hacer absolutamente nada, a excepción de salir a comprar muebles de lujo para sus casas recién adquiridas y remodeladas, tarea que ejecutan mediante un raro sistema donde una de ellas entra a las tiendas -precedida de sus escoltas que “peinan” primero el lugar-, escoge lo que le gusta sin preguntar cifras y, a la hora de cancelar, uno de sus acompañantes es quien paga, generalmente en dólares y cash.

Esa Venezuela es la que quiere seguir conduciendo el chofer de Miraflores. Pero Venezuela ya no quiere que la sigan tratando como si fuésemos un rebaño de inermes dentro de un Metrobús llevado al único destino que le dé la gana a ese mal chofer, designado en mala hora por el militar de las estatuas derrumbadas. Y entonces, como dijo el “Che”, esa gran humanidad ha dicho basta y ha echado a andar. Y, como el video de la policía perseguida por los jóvenes manifestantes, en cualquier momento podríamos ver al chofer del vagón manejando en reversa.