La triste doble celebridad de la magistrada del TSJ Marjorie Calderón

Por Elizabeth Fuentes @fuenteseliz.- A la ponente de la sentencia de la Sala Plena que admitió el antejuicio de Mérito contra la Fiscal General de la República, no la ayuda en nada lucir como independiente el tener un esposo del PSUV, y mucho menos la carta que le enviara el Obispo Auxiliar de Mérida donde le sentenció que ella jamás podrá dormir tranquila.


Elizabeth Fuentes.

Por Elizabeth Fuentes @fuenteseliz.- “Barby princesa Vs su clon fallido. La barby princesa jamás tendrá un hijo muerto por manipular explosivo, ni su clon será infanta”… Este asco de tuit viene acompañado de una foto donde aparece Lilian Tintori al lado de Sugei Armas, la mamá del joven Neomar Lander, uno más de las decenas de asesinados por el gobierno de Nicolás Maduro.

Pero quien se burla del gesto de dolor de ambas no es un misógino cualquiera. Ni siquiera uno de esos millares de robots que utilizan los chavistas para hacernos creer que tienen muchos seguidores -tal y como han demostrado los expertos en tecnología-, y para ello se roban la foto de una señora en Perú, por nombrar un caso, y la utilizan como avatar de una supuesta víctima de las protestas populares.

Tampoco quien escribe ese tuit es un chavista borracho, de esos que suelen enviar mensajes de mal gusto. O un madurista anónimo, furioso porque vio las más recientes encuestas de Datanálisis. Pues no: Ese asco de tuit, publicado el 18 de junio proviene de la cuenta @conchienchia que presuntamente maneja José “Chino” Viamonte, nada menos que el esposo de la magistrada Marjorie Calderón de Viamonte, un ex diputado y miembro del bufo político del PSUV.

Como sabemos, Marjorie Calderón de Viamonte es una abogada tristemente célebre dos veces: Hoy, porque es la ponente de la decisión del Tribunal Supremo de Justicia que busca descabezar a la fiscal general Luisa Ortega Díaz; y en el año 2009, cuando saltó a la fama al firmar la condena a 30 años de prisión para los comisarios acusados de homicidio por los sucesos del 11 de abril de 2002.

Marjorie Calderón, magistrada y presidenta de la Sala Social del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ).

Aunque de acuerdo a la confesión del ex magistrado Eladio Aponte Aponte, él fue quien redactó la sentencia que posteriormente refrendó Calderón contra los comisarios: “Esa condena fue decidida en Miraflores y de poco valía el criterio de Marjorie Calderón… es un deber inaplazable confesar que he cometido el pecado de haber transmitido a los jueces la orden de condenarles a 30 años de prisión a como diera lugar”, aseveró en una confesión escrita, notariada y apostillada en Costa Rica en 2012. “Yo estaba cumpliendo instrucciones directas del presidente Hugo Chávez Frías, quien así me lo ordenó”.

Calderón, de acuerdo a lo dicho por Aponte Aponte, se limitó a cumplir las instrucciones del Palacio de Miraflores al pie de la letra. Lo cierto es que, de allí en adelante, su carrera fue en ascenso: Nombrada magistrada de la Corte de Apelaciones de Aragua, luego presidenta del Circuito Judicial de esa entidad y, como guinda de la torta, en diciembre de 2014, la Asamblea Nacional chavista la premió nombrándola magistrada del TSJ.

En aquel momento, nerviosa frente a las cámaras de VTV, balbuceaba que “para mí la justicia es la suma de felicidad del pueblo… es darle al pueblo la paz que necesita… la mayor suma de felicidad posible, como decía el Libertador y después proclamara el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías”. Y agregó una frase manida, pero que hoy le podría rebotar en contra:

“Que el pueblo tenga confianza en sus magistrados, que fueron elegidos en la Asamblea Nacional en una elección legítima, dentro de los parámetros de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela”, esa misma que hoy aspira derogar en un futuro cercano.

Eladio Aponte Aponte, ex magistrado del TSJ.

En su biografía, publicada en la web del TSJ -aunque ahora aparece inoperante por supuestas fallas en el servidor-, se lee textual que “la Comisión Permanente de Turismo y Recreación del Parlamento aragüeño le otorgó un reconocimiento  por su participación en la construcción de una Patria Socialista”. Mientras su esposo, el psuvista “Chino” Viamonte  tiene mucha menos preponderancia en la vida pública o las redes, salvo sus presuntos tuits misóginos. No hay manera de ubicar, por ejemplo, si son ciertas las acusaciones de haber pertenecido al grupo del ex gobernador Rafael Isea o si estuvo ligado al escándalo de corrupción en la empresa minera de Aragua Minarsa, al lado del Gerardo Isea, hermano del Rafael Isea convertido hoy en enemigo del régimen. Se dijo que el vicepresidente Tareck El Aissami fue quien presentó la denuncia ante la fiscalía de Aragua en contra de los Isea y Viamonte, pero lo cierto es que de este caso no queda rastro alguno.

Se consigue, eso sí, otro de sus tuits misógino, esta vez en contra de María Corina Machado (“al comparar tu rostro juvenil y losano (SIC) q tenías y el longevo y arrugado q tienes hoy creo que la derrumbada es ud camarada”), y una carta dolorosa dirigida a él y Marjorie, firmada por el Obispo Auxiliar de Mérida, Luis Alfonso Márquez Molina, publicada luego de la decisión en contra de los comisarios:

Estimada Marjorie, 

El viernes pasado, tres de abril, lloré a pesar de mis setenta y dos años. Millones de venezolanos también lloraron. Esas lágrimas llegaron hasta Dios. He rezado mucho por Ud. Jamás podrá dormir tranquila, su esposo tampoco. No lo intente con somníferos. Será inútil. Su conciencia le reprochará el pecado de condenar inocentes. 

Le aconsejo leer la vida de Tomás Moro, el gran Canciller de Inglaterra, condenado por jueces  inicuos manejados por el gobernante de turno. La iniquidad de un juez es castigada terriblemente en la Sagrada Escritura. Ud. no podrá tener un sueño tranquilo mientras estén muertos en vida los comisarios y policías. Le pido a Dios que le conceda la gracia de rectificar y condenar públicamente el terrorismo judicial. Rezo mucho por Ud. y no tengo sentimientos de odio sino de lástima. Recuerde unas enseñanzas que recibió con Fe y Alegría cuando hacía su bachillerato. 

Por presiones infames Ud. olvidó el gran mandamiento de los cristianos: amar y comprender.  También pido por el Presidente de la República para que Dios le conceda las dos virtudes fundamentales de todo gobernante: prudencia y sabiduría. Sembremos la paz y desterremos las consignas de muerte. El Cristo condenado injustamente por Pilatos sea para Ud. camino, verdad y vida; ayer, hoy y siempre. Mérida 7 de abril de 2009.