El Gobierno ha fracasado en su nueva estrategia para desactivar los “trancazos”

Por Danny Leguízamo @DannyLeguizamo.- La estrategia opositora consiste en descentralizar las protestas a través de los denominados “trancazos” o “plantones” en múltiples puntos de las ciudades. El Gobierno ya empezó a contestar con algo más que bombas lacrimógenas y perdigones, pero tampoco les ha funcionado.


Por Danny Leguízamo @DannyLeguizamo.- La ventaja de las marchas es que visualmente ofrecen una panorámica de la masiva adhesión de la gente a las protestas. La desventaja es que embotellar a decenas de miles de almas en una autopista es asfixia segura, entre otras desgracias. De allí que la Oposición diversificara su portafolio y comenzara a convocar “plantones” o “trancazos” en múltiples puntos de la ciudad:

La Candelaria, como infinidad de calles y avenidas a lo largo y ancho del país, cumplieron con el trancazo propuesto por la Unidad Democrática para este lunes 10 de julio.

-Los vamos a volver locos-, soltó un diputado de la MUD hace varias semanas con respecto a la estrategia.

Pero en el Gobierno ya comenzaron a responder con algo más que bombas lacrimógenas y perdigones. El asedio a Residencias Victoria en El Paraíso (oeste) y La Candelaria (centro) no les había alcanzado para apagar la protesta. Tenían que “escalar”, ídem que sus adversarios. Escalaron y fueron por más. Ahora van por los dirigentes comunitarios. Por los rostros visibles de los sectores en rebeldía. Así ocurrió con Fabio Valentini (Vente Venezuela, en Los Teques, estado Miranda), y Carlos Julio Rojas (simpatizante de Acción Democrática, en La Candelaria, Caracas). Ambos promovían protestas. Ambos fueron amedrentados durante varios días. Y como no lograron su cometido, tomaron la decisión de enviarlos a la cárcel.

Y es que en cuanto al caso de Carlos Julio Rojas, escribimos en una nota del 9 de junio que La Candelaria volvía a ser emblema de la resistencia opositora. Que había líderes que simpatizaban o militaban con partidos del G4 de la MUD. Que estaban al frente de las protestas pacíficas. Aquella que llegó a la Avenida Urdaneta tenía entre sus filas a Carlos Julio Rojas, quien ya fue enviado a la cárcel militar de Ramo Verde por delitos “de traición a la Patria, rebelión militar y sustracción de efectos pertenecientes a la Fuerza Armada Nacional”, según informó su abogada, Elenis Rodríguez.

Con el secuestro de Rojas el Gobierno quiso proporcionar una lección ejemplarizante a los vecinos de La Candelaria. ¿Y qué ocurrió? Que las protestas siguieron. Se multiplicaron. Ya no es una serie de focos, sino muchos focos. Ha sido ineficiente Nicolás Maduro para acabar con todo el portafolio de protestas. Sabe que no puede contra ellas. Y el 30 de julio sigue estando a la vuelta de la esquina.