El plebiscito y la pregunta de siempre: ¿Dónde está el detestable Plan B?

Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- El contenido de mayor pegada atribuible a la consulta, aparece en la segunda pregunta a responderse: “¿Demanda a la Fuerza Armada Nacional y a todo funcionario público obedecer y defender la constitución del año 1999 etc.?”. De lo cual se podría originar el espaldarazo de millones de firmas para la acción de la Fuerza Armada. Un espaldarazo que otorga una papaya reduciendo al mínimo las responsabilidades singulares de quienes a pesar del saqueo, a pesar de los muertos y la tortura, muy a lo venezolano, aún esperan rogativas para cumplir con sus deberes.


Ezio Serrano Páez.

Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- Somos lo que somos, cargando como diría Nietzsche, con nuestro bien y nuestro mal, tímidos y altaneros, sumisos y rebeldes, bondadosos y terribles. Cualquier yuxtaposición nos vale. Ha de ser esta naturaleza contradictoria, la materia prima explotada por los asesores cubanos con su guerra psicológica, con su propaganda del desconcierto. En tiempos de pos verdad, nos convertimos en el experimento ideal para propagar la mentira y la confusión. Modernos y primitivos a la vez, podemos transitar del ateísmo a la santería, de los escenarios racionales de Luis Vicente León a las predicciones de Mr. Popó.

En la Venezuela confusa de hoy, Chávez vive, aunque esté muerto, Leopoldo López está libre aunque siga preso. Y para seguir con las confusiones: ¿Cómo interpretar la decisión de Maikel Moreno, un magistrado con prontuario, ahora impartiendo justicia? ¿Cómo queda el acto de acatar una medida tomada desde el tribunal desacatado? Por lo pronto, para no negar nuestro ser, celebramos el casa por cárcel de Leopoldo López, pues como podría decir Lilian Tintori, más vale pájaro en casa que cien volando sobre ramos verdes.

La Naturaleza del Plan A

Las confusiones jurídicas no son nada despreciables si se toma en cuenta una dirigencia opositora que ha centrado toda su energía sólo en el Plan A: Es decir en una salida constitucional, pacífica, democrática y electoral. ¿Y quién no desearía eso? ¿Quién podría negarse a ese plan si con él se nos ofrece salir del espanto que estamos viviendo? El Plan A siempre fue la mejor oferta del turco ciudadano: Bueno, bonito y barato. Con la gestoría de los juristas de la Asamblea Nacional, bastaba con ofrendar un domingo de modorra hogareña, invertir algunas horas ante el perfecto sistema electoral, una vez obtenido el visto bueno de las inefables chicas del CNE, ¡Y ya! A esperar la maravilla de unos datos con tendencias irreversibles frente a la TV. Dos pájaros de un tiro: Se confirmarían nuestro ADN democrático participativo y protagónico, y por añadidura en el mismo acto, habríamos purgado nuestras culpas al haber propiciado la mega torta que hoy degustamos.

Pero nunca han faltado los escépticos: ¿Y si falla el Plan A, qué haremos? El escéptico era apabullado con el estribillo: El Plan B es insistir en el Plan A. Este empecinamiento exhibido durante demasiado tiempo, permitió el avance de la dictadura pues al tratar los asuntos políticos como si fuesen de naturaleza enteramente jurídica, los detentadores del poder se tomaron muy en serio la conseja según la cual hecha la ley, hecha la trampa. Con un Gobierno carente de escrúpulos y sin limitaciones aparentes para la perversión, cifrar toda esperanza en las soluciones legales e institucionales tenía sabor a suicidio, sobre todo en un país donde lo que menos hay es precisamente instituciones respetables. Los juristas amamantados por el poder no parecen albergar dudas. El infierno es su lugar de reencuentro. Entre tanto, los cultores del Plan A olvidaban otro pequeño detalle: Antes de llegar a la salida, se debe recorrer un escarpado sendero, y no se puede cruzar un puente sin antes atravesar la calle para llegar a él.

El Plan B es contra natura

Aunque produzca taquicardia recordarlo, María Corina Machado y Leopoldo López tienen el mérito de haber puesto en escena otra salida. Con abundantes limitaciones, con exceso de improvisación y voluntarismo, le dieron rostro a una versión del Plan B interpretando la rabia palpitante en buena parte de la población, esencialmente en los despojos de la clase media. La propuesta política desarrollada en el 2014 parecía retomar la senda abierta el 2002, sobreponiéndose al complejo de culpa heredado del golpismo de aquellos días. Para otros en cambio, La Salida retrotrae las notas esenciales de la Primavera Árabe, o formas de lucha aplicadas en Serbia, Ucrania o en la Rumania de Ceaucescu. Alternativas contra natura para el contexto venezolano.

Como quiera que fuere, el alzamiento de 2014 profundizó el cisma que ya se venía avizorando en la conducción política opositora. Diremos por comodidad, que se abrió claramente la brecha entre los moderados y los radicales. A nuestro juicio, unos y otros pecan por exceso y por defecto: Los primeros se exceden en un legalismo a veces pacato y pusilánime. Los otros se exceden en la confianza atribuida al pueblo en la calle, a la fuerza aluvional de las masas incontenibles por su voluntad inquebrantable.

En ello se aproximan al chavismo: Mucha acción y poca política. Ambos se abocan a consolidar precarias maquinarias de uso esencialmente electoral, promueven figuras sin soporte en una estructura organizacional capaz de formar un fuerte tejido conectado con los distintos sectores de la sociedad. Se sobreestima al líder sobre la organización del partido. En ambos, la llamada sociedad civil es la brújula que les guía, dejando al desnudo unas élites desprovistas de una clara visión y vocación de poder.

El 2014 revive en el 2017

Con muy pocas víctimas oficialistas y muchas opositoras, el 2014 saltó al 2017. La fracasada e infamada guarimba del 2014, ahora la ampliamos para llamarla trancazo o plantón. No llega a ser barricada, al menos las que he conocido, pero igual constituyen una demostración de fuerza. Se aspira y casi se ha logrado, detener el país. Así pues, lo no alcanzado por la toma de conciencia, sólo la fuerza lo hace cumplir. Más que los partidos, la llamada sociedad civil impone el ritmo, aunque cada vez somos menos los dispuestos para el acarreo de basura, la chatarra oportuna, las piedras del lugar. Y luego confrontar la rutina del que lleva prisa, el escolar en día de examen, aquella de la cita médica, el vendedor de frutas amenazadas de pudrición, ¡La anciana recién operada no puede caminar! La república no debería hacer excepciones por amiguismo o por cualquier filiación. El plantón es para todos, pero es inevitable la confrontación. El movimiento de grandes multitudes queda para la marcha o la concentración. Los dispuestos a dejar el pellejo pegado en el asfalto son un reducido grupo, usualmente sin conexión con los partidos y sin organización. De cómo se ha logrado sostener esta forma de lucha durante tanto tiempo, cabría una sesuda investigación.

El Plebiscito o Consulta: Política sin ilusiones

Superando el acoso del malandraje oficialista y sus propios prejuicios jurídicos, la Asamblea Nacional pone a rodar la consulta popular en un plebiscito que, por respeto a la naftalina jurídica no es tal, sino una consulta popular. No contará con centros electorales sino con puntos soberanos y no se votará sino que se expresará la voluntad popular. Sin duda los juristas, ese gremio que puso todo su empeño para meternos en el paquete actual, ahora hacen proezas lingüísticas para liberarnos.

Pero, sarcasmos aparte, la propuesta de consulta luce muy adecuada por razones nada gloriosas ni relativas al heroísmo ciudadano. Somos lo que somos, llevamos a cuestas nuestro bien y nuestro mal. Por ello la consulta es certera, por cuanto retoma las ventajas naturales del Plan A: Idiosincrática, funcional, con sacrificio mínimo, convocatoria masiva, registro cuantitativo de la voluntad general, con la raigambre y fuerza de la costumbre. Políticamente acertada. Además, el contenido de mayor pegada atribuible a la consulta, aparece en la segunda pregunta a responderse: “¿Demanda a la Fuerza Armada Nacional y a todo funcionario público obedecer y defender la Constitución del año 1999 etc.?”. De lo cual se podría originar el espaldarazo de millones de firmas para la acción de la Fuerza Armada. Un espaldarazo que otorga una papaya reduciendo al mínimo las responsabilidades singulares de quienes a pesar del saqueo, a pesar de los muertos y la tortura, muy a lo venezolano, aún esperan rogativas para cumplir con sus deberes. Pero aún así, algo podría fallar. Aún superando la desorganización, las miserias partidistas, y trabas logísticas, el autismo del poder se podría imponer. Y allí nuevamente nos veríamos obligados a preguntarnos por el detestable Plan B. El contra natura, el que obliga a las élites a la apuesta de todo para ejercer su rol histórico en la conducción de la sociedad democrática y plural.