Estos son los fundamentos básicos de la oligarquía militar-mercantilista que controla al país

Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- La Oligarquía Militar retrograda al país y su economía a niveles primitivos. No hay cálculo económico en sentido capitalista moderno, sólo hay cálculo político pues la economía es puesta al servicio de la política y ésta en función de conservar el poder.


Ezio Serrano Páez.

Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- El socialismo del siglo XXI chapotea en el cieno del siglo XVII, y si nos ponemos estrictos podríamos salpicarnos con el barro de siglos anteriores. Tiempos de Mercantilismo o de relaciones incestuosas entre política y economía. Tal es el atraso a que nos llevan las prácticas económicas de los generalotes convertidos en empresarios o más bien, patronos del saqueo.

 

Sin conocer a Maquiavelo, sólo con la guiatura de su ambición de poder, optaron por el camino de la miseria: El dominio se debe consolidar con un Estado poderoso rodeado de súbditos en la miseria.

Poco duró la ilusión rentista del reparto igualitario sin el trauma de trabajar para producir. La gerencia con charreteras igual usa las armas, los impuestos, o los medios de producción. Convierten el petróleo en metal precioso adecuado para atesorar reservas probadas, aunque la gente pase hambre. La competencia intermercados la consideran “guerra económica” o ataque imperial, las reglas más elementales de la economía se convierten en asuntos de táctica y estrategia belicista: Producir toallas sanitarias por ejemplo, debe ser planeado sobre la cartografía de la soberanía y defensa nacional. En el Estado mercantilista de la Venezuela de hoy, los mercaderes están armados y visten uniforme militar.

De la micro a la macroeconomía

Porque si la economía debe incluir el pillaje, como se practica en este desdichado país, nos podríamos remontar a los fenicios, los romanos o los vikingos, a los principados con ejércitos mercenarios. El tiempo habrá de granjearles la gloria reservada a los saqueadores, como recompensa a su terrorífica labor. Les vale la bisutería que roban a la gente dispuesta a protestar. Es la microeconomía, dejada como recompensa oficial a la sargentada, el malandraje, y la hueste.

El socialismo del siglo XXI reprime a la vieja usanza, como en tiempos de Boves, Zuazola o Antoñanzas. La invocación bolivariana ya no es tan metafórica, al menos en eso de saquear, rememorando la Guerra a Muerte. Se debe simular una guerra para justificar el desastre causado por el militarismo venezolano: ¿De qué otro modo se podrían explicar los escombros y la ruina, sin ocurrencia de un desastre natural? En realidad no era ese el plan inicial pues la nueva oligarquía militar, contaba con una renta petrolera creciente, y con ella se pretendía que  los súbditos y sus aliados ricos del sector privado, les apoyaran al formar el Estado-Partido. He allí su aproximación al mercantilismo del siglo XVII, el incesto entre lo público y privado. La macroeconomía para la casta militar-cívica y sus aliados, hermanados y protegidos por un Estado despótico, armado hasta los dientes. Esta simbiosis de lo público y lo privado, llevó a Weber a definir el mercantilismo como la traslación del “afán de lucro capitalista a la política”.

Capitalistas de uniforme: La virtud del lucro

Un perro se muerde la cola con el mercantilismo militar: El Estado despótico transfiere los restos de la renta petrolera para que la oligarquía armada asegure su rol depredador desde el propio Estado. Pero como el afán de lucro los guía, tales recursos serán privatizados por la casta uniformada y sus aliados empresariales. Ese es el núcleo duro del chavismo en el poder, su coherencia y solidez (caradurismo) de piedra. Círculo de corrupción disimulado con el artilugio del deber patriótico de impulsar la producción nacional. Es el sagrado deber de contribuir con el desarrollo. Pero también es el pretendido quietismo de la tal revolución, un círculo de colegas prestos a despacharse y darse el vuelto hasta el final de los tiempos. Y así han montado la colosal coreografía del estipendio desvergonzado con su derroche inhumano frente al hambre general. Campanudos exhiben las ultra productivas empresas de la FANB: Transporte (Emiltra); Agua Tiuna (comercio de agua); bombillos chinos (Inspur); construcción (ConstruFanb); Constructora Ipsfa. En la producción de equipos, se ha redimensionado la antigua Compañía Anónima Venezolana de Industrias Militares (Cavim), insuficiente para tanta gente deseosa de engrandecer el gentilicio. Se incursiona en la producción de automóviles (Empresa Mixta Socialista de Vehículos Venezolanos, Emsoven); en el área agropecuaria está AgroFanb, en los sectores textil, metalmecánico, plásticos, calzado, comunicaciones (EmcoFanb). Estaciones de radio con D.J. uniformados, televisión con rutilantes estrellas  verde oliva, en la banca (BanFanb), y por supuesto, petróleo, gas y minería (Camimpeg), el lomito.

Bajo la irónica denominación “Venezuela Productiva”, se prohijó la importación y distribución graciosa de línea blanca, motos, carros, equipos electrónicos, entre otros. Y para no mencionar negocios “ilícitos”, suficiente con recordar que detrás de la distribución de productos importados con dólares preferenciales, además de cabillas, cemento, medicinas y otros, suele estar la mano invisible pero armada de algún miembro de la oligarquía militar. Y no es que se defienda el ocio y la molicie entre agentes de una fuerza armada capaz de producir generales a granel, pero ¿cómo admitir la condición virtuosa del afán de lucro, explayado con los dineros públicos junto al hambre popular?

La racionalidad mercantilista

La moderna economía capitalista se funda en el cálculo de los medios productivos adecuados para alcanzar los fines económicos deseados. Relación entre medios y fines que suele reducirse al tema de la rentabilidad, o también a la búsqueda del máximo beneficio con costos mínimos.

Pero el mercantilismo es otra cosa, es el puro y simple “afán de lucro capitalista trasladado a la política”. Afán tan antiguo como el hombre mismo. Por ello se le pudo observar en los mercados persas, en Sumer, Akkad, o Babilonia. La Oligarquía Militar retrograda al país y su economía a niveles primitivos. No hay cálculo económico en sentido capitalista moderno, sólo hay cálculo político pues la economía es puesta al servicio de la política y ésta en función de conservar el poder.

La prueba de fuego de la moderna empresa capitalista es su contabilidad. De ella se desprende el diagnóstico clínico del negocio. Son las cifras, los guarismos indicativos de  perdidas o beneficios, inversión, gasto, debe y haber. Y por ello, ante la permanente amenaza de las cifras, la Oligarquía Mercantilista uniformada se liberó de las odiosas cuentas, se liberó de la Contraloría Nacional. Para ello tienen al TSJ  golpista, el cual emitió la sentencia N° 1.421 del 15/12/16. En la contraloría militar se auto evalúan, se rinden cuentas entre los miembros de  la cofradía. La resolución del TSJ liquida principios básicos de control fiscal, ¡Viva la caja negra  militar!

Implicaciones políticas

La puntualización del rol y carácter del dominio que opera sobre Venezuela, su condición oligárquica, militar y mercantilista, resulta esencial para establecer los escenarios posibles en el corto y mediano plazo. La transición venezolana, como en otras experiencias históricas, reclama el quiebre del factor esencial de poder, a saber, la Fuerza Armada y sus aliados. Por lo pronto, los llamados al deber (pregunta 2 del plebiscito), los susurros y proclamas formuladas desde la Oposición, semejan llamados al verdugo para que se inmole en lugar de sus víctimas. Sin descartar brotes de dignidad y decoro, esto impone una chocante realidad para una oposición predominantemente de izquierda, altamente sensible a ideas zombis tales como el antiimperialismo y la visión maniquea de la soberanía nacional. Ideas que sirven de trinchera a la oligarquía militar. Y es que las limitaciones de la presión interna, deben ser compensadas por la presión internacional con los EE.UU. a la cabeza. Esto deberá concretarse en acciones cuyo efecto está marcado por la incertidumbre, y que podrían ofrecerle al Gobierno el culpable perfecto del caos venezolano. El hambre tendría en Donald Trump la escusa añorada. No debe perderse de vista el enorme aporte de la chatarra ideológica para llevarnos al estado de postración actual. El llamado chavismo crítico, por ejemplo, junto a importantes sectores de la Oposición, no apoyarían sanciones económicas que impliquen el boicot al ingreso petrolero, lo cual supone la aceleración de la crisis humanitaria. Las sanciones individuales cuentan con mayor consenso interno, pero podrían ser menos efectivas en el corto plazo. Sea cual sea el rumbo que tomen las sanciones económicas, éstas deben provocar el ascenso del hambre en el escalafón militar. No obstante, el desarrollo favorable de los acontecimientos por venir dependerá esencialmente de la capacidad del liderazgo interno para mantenerse unido y cohesionado, apto para mostrar al pueblo un horizonte claro y dar señales creíbles de su capacidad para asumir el poder.