¿Qué falta para que el país estalle?

Por César Morillo @cesarmorillo7.- De la revolución y aquella militancia entusiasta que alguna vez llenaba las calles y defendía el “proceso” queda poco. El descontento cruza transversalmente todos los estratos sociales y políticos. Aquí todo el mundo está alzado en contra del Gobierno, y revolución popular sin pueblo no existe. Con sólo represión no se puede ejercer control social.


Por César Morillo @cesarmorillo7.- Hablando se entiende la gente, reza la consigna del grupo en el poder en la convocatoria a votar por la Asamblea Nacional Constituyente. Este miércoles, en la Asamblea Nacional, tuvimos uno de esos diálogos oficialistas que acostumbran a dejar un saldo de heridos y muertos. Esta vez fueron los diputados las víctimas de las hordas oficialistas. ¿Qué falta para que esto estalle? Quizá poco. Los síntomas, que es lo observable, son claros e inequívocos. Nicolás Maduro y su grupo no gobiernan, se dedican a cuidar el cuartel principal, que pasó a ser el Fuerte Tiuna, donde la cúpula se refugia desde hace semanas. Lo cuidan los militares leales y las bandas armadas y con sueldo, es decir, mercenarios.

Detrás de las acciones violentas de este miércoles contra los diputados subyace una gran impotencia porque no pueden parar las protestas populares.

De la revolución y aquella militancia entusiasta que alguna vez llenaba las calles y defendía el “proceso” queda poco. El descontento cruza transversalmente todos los estratos sociales y políticos. Aquí todo el mundo está alzado en contra del Gobierno, y revolución popular sin pueblo no existe. Con sólo represión no se puede ejercer control social.

Se equivocan los cubanos si creen que aquí conseguirán, con los métodos de control, la sumisión de los venezolanos. El pueblo cubano no conoció la democracia como el pueblo venezolano. La dictadura de los Castro sucedió a otra dictadura, la de Fulgencio Batista. Además, el descontento ubicado en todas las encuestas serias por encima del 80% de la población, no puede ser ajeno a los mandos militares, ellos no viven en una burbuja.

El descontento ubicado en todas las encuestas serias por encima del 80% de la población no puede ser ajeno a los mandos militares, ellos no viven en una burbuja.

Según Consultores 21 un 73% de familias ha recibido el CLAP, y a pesar de ello, en la misma encuesta, el descontento llega al 80% de los entrevistados. El descrédito es muy grande y no parece tener vuelta atrás. Hay una ruptura irremediable. Lo que muchos enfocan como un problema jurídico, hace tiempo dejó de serlo. Está abierta una lucha por el poder entre demócratas y un grupo reducido empeñado a no abandonarlo.

Puertas adentro proclaman, sin pudor alguno, el propósito de no dejar el poder. Manifiestan lo mucho que les ha costado llegar hasta acá y su determinación a defenderlo con sus vidas si fuera necesario. Pero no nos aterremos, ellos no son fundamentalistas, sólo son un grupo que se acostumbró a las mieles del poder, y hoy se resisten a vivir sin sus privilegios. Además están atemorizados por la justicia y eso es el cemento que los pega, los une un inmenso temor.

Detrás de las acciones violentas de este miércoles contra los diputados subyace una gran impotencia porque no pueden parar las protestas populares. Impotencia y mucho miedo, puesto que saben que de no parar la protesta popular, el cauce del río los desbordará más temprano que tarde. ¿Antes del 30 de julio? Tal vez.