Diosdado Cabello es el vocero de la agenda del hambre y la destrucción nacional

Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.- La agenda de la destrucción del país es la agenda de Diosdado Cabello. Desde la constituyente impulsa una agenda que es la agenda del fracaso nacional. Se erige como el vocero de las conocidas consignas fáciles pero terriblemente irresponsables. Se aferra a ese discurso que aplauden las muy escuálidas movilizaciones oficialistas, pero que él considera es su tabla de salvación. Yo me hundo, pero el país completo se hunde conmigo.


Pedro Benítez.

Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.- En su más reciente texto sobre nuestra golpeada realidad nacional, el economista, académico y director del Centro para el Desarrollo Internacional (CID) de la Universidad de Harvard, Ricardo Hausmann hace un recuento detallado de la debacle económica que ha padecido el país. Su planteamiento se puede resumir en una frase: Desde que Nicolás Maduro heredó la presidencia la mitad de la riqueza nacional ha sido destruida.

Muy dado al uso pedagógico de las comparaciones, Hausmann llega a una conclusión aterradora; en términos estrictamente económicos el proceso de destrucción de Venezuela es el mayor del Continente Americano en tiempos modernos. Solemos comparar la brutal crisis económica venezolana con la Nicaragua sandinista o el Perú de los años ochenta del siglo pasado. Pero la caída del PIB acumulado de Venezuela de 2014 a esta parte supera los dos casos.

Combinando con el proceso inflacionario, el resultado ha sido llevar los salarios reales de la masa trabajadora y de los más pobres a cifras inferiores a las de Haití, el país más pobre de la región.

La agenda de la destrucción del país esa es la de Diosdado Cabello.

Agreguemos a lo anterior el mediocre crecimiento per cápita de largo mandato de Hugo Chávez (1999-2012), disimulado por el inédito auge petrolero de 2003 a 2008, y concluiremos que la autodenominada “revolución socialista bolivariana” le ha hecho perder al primer exportador de petróleo de Suramérica un cuarto de siglo.

Lo sorprendente de las cifras anteriores (aunque a estas alturas nada debería sorprendernos de ellos) es la actitud de los dirigentes de la cúpula gobernante. Reinciden en proponer precisamente todo lo que ha fracasado. Su principal propuesta al país es insistir en todo lo que nos ha llevado a este precipicio.

La constituyente ha arrancado como una orgia de todas las pésimas ideas que la mente humana puede concebir para la economía. Más controles, más fiscalizaciones, más gasto sin financiamiento y más persecución a la inversión privada. Cualquiera que los oye pensaría que están muy orgullosos del éxito de Venezuela en estos 18 años, particularmente en comparación con la miseria en la cual nadan nuestros vecinos.

El que se erige como vocero de estas consignas fáciles pero terriblemente irresponsables (si pensamos en todos los que padecen hambre o fallecen por falta de medicinas) es Diosdado Cabello. Se aferra a ese discurso que aplauden las muy escuálidas movilizaciones oficialistas, pero que él considera es su tabla de salvación.

Con su quincalla verbal de intrigas, amenazas y demagogia gastada busca su espacio en el poder chavista.

Obviamente, en el mejor de los casos para él, es un socio menor de Nicolás Maduro. No preside la constituyente como se vaticinaba, ni tiene “fichas” suyas en la directiva de la misma. Pero se sigue en su línea de dárselas del más radical de los radicales. Desde allí impulsa una agenda que es la agenda del fracaso nacional. La agenda del hambre y la penuria generalizada.

La agenda de la destrucción del país esa es la de Diosdado Cabello. Yo me hundo, pero el país completo se hunde conmigo.