La clase media comienza en El Paraíso, sigue por La Vega y continúa en Caricuao

Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- El tema electoral fue colocado por la dictadura como anzuelo envenenado para dividir al liderazgo opositor. Mientras, una clase media lucha por sobrevivir y entiende perfectamente bien que bajo esta tiranía sólo cabe enfrentarla o marcharse. ¿Qué se le puede ofrecer, electoralmente hablando al país cuyo PIB ha caído 40% per cápita desde el 2013 hasta la actualidad?


Ezio Serrano Páez.

Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- La primacía que tiene el análisis político en las diversas interpretaciones de la crisis venezolana, pone de bulto el desprecio por la economía. Con las excepciones de rigor, al abordar el tema venezolano los ajedrecistas de la política apelan a sus cálculos fundados en opiniones (encuestas) y se lanzan por la cuerda floja de sus predicciones. Teoría de los juegos, análisis del lenguaje, teorías psicoanalíticas, interpretación del discurso, el uso del tarot y hasta prácticas esotéricas acompasan los sesudos análisis. Cierta nimiedad queda sepultada bajo el palabrerío mostrado como sabiduría: El desprecio por la economía es el desprecio por la gente. Porque se come antes de hacer política y por la boca muere el pez. Y quien recuerde semejante obviedad, será motejado con el apotegma: ¡Economicismo! puro economicismo.

En realidad, esto ocurre porque la política venezolana se encuentra acorralada por los populismos de cualquier pelaje. La primacía de aquel tipo de análisis adquiere su correlato en la primacía del pensamiento populista, interesado esencialmente en la instrumentalización de la voluntad popular, por lo cual, la imprevisibilidad económica (E. Laclau) se acompasa con el cálculo politiquero que no repara en costos materiales. Populismo y despilfarro van de la mano.

En un país casi todos nos asumimos como “clase media”, esta franja social se encuentra de este a oeste, de norte a sur.

Los unos y los otros

Que Nicolás Maduro y su pandilla de saqueadores, pongan toda su energía en la búsqueda dispendiosa de fórmulas de control político es algo que no necesita demostración. La Venezuela en ruinas de nuestros días es el más claro testimonio de esa alianza nefasta entre populismo y despilfarro. Desprecio de la economía, desprecio por la gente.

Pero en realidad esto no es novedoso, como lo acaba de probar Henry Ramos Allup, un relictus de la política rentista clientelar, capaz de privilegiar el cálculo electoral en medio de los escombros. Su lógica hasta puede lucir impecable: No vamos a regalar gobernaciones, no vamos a ceder espacios, etc. Poco más o menos los mismos argumentos (resabios) que esgrimía por allá, a comienzos de los ‘90 cuando se negaba a apoyar la aprobación del IVA porque se avecinaban elecciones. He allí el divorcio entre populismo y economía con secuelas de desastre. ¿Cuánto de la tragedia actual se le debe al cálculo político del pasado?

En la lógica del populismo, la urgencia de las candidaturas es incuestionable. Es el juego que recomiendan los ajedrecistas del poder. ¿Imaginarán al pueblo hambriento esperando por sus promesas electorales? ¿No es eso una forma de negar la realidad? Es también el presentismo desparramado. El triunfo de la coyuntura sobre el mediano y largo plazo, la aceptación de la incapacidad para alcanzar metas superiores. Y es la claudicación frente a la dictadura y su negativa al cambio político verdadero. Sobra mencionar el autogol del relictus, jugando posición adelantada, golpea la débil unidad e introduce un tema en la agenda que oxigena al Gobierno aún aturdido por el escándalo de su mega fraude electoral. Hasta el mejor calculista político se le escapa una liebre. Tanto bregar para encontrar un factor que nos hermane y ahora se toma la opción que nos divide.

Elecciones sobre los escombros

Porque la miseria desbordada se origina en la política económica aplicada por el poder central, frente a lo cual nada puede esperarse de las elecciones del nivel regional, salvo la prolongación de la agonía de un país que languidece: La incertidumbre que introduce la existencia de una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) con supra poderes, como mínimo debería llamar a la prudencia al momento de hacer conjeturas y planes que vayan más allá del minuto siguiente a la conjetura. El tema electoral fue colocado por la dictadura como anzuelo envenenado para dividir, y cualquiera sea la postura que se adopte, nunca debió distraer de aquello que debe ser la tarea fundamental del momento: Derrotar la tiranía para reconstruir el país. Y aún en el supuesto de producirse el evento electoral, ¿Cuál puede ser el discurso opositor para atraer a un electorado transido por el hambre y las necesidades esenciales? ¿Qué se le puede ofrecer, electoralmente hablando, al país cuyo PIB ha caído 40% per cápita desde el 2013 hasta la actualidad?

De acuerdo con cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI), eso es una caída mucho más dramática que la sufrida en EE.UU. durante la gran depresión iniciada en 1929; comparable con la debacle económica vivida por la Cuba del período especial (1989-1993); o las tragedias bélicas ocurridas en Libia (2011), Ruanda (1994), e Irán (1981). Si se asume como misión del liderazgo político, la promoción e implantación de condiciones necesarias para el bienestar y progreso humanos, el nuestro está mostrando los peores indicadores en su desempeño. ¿A qué artículo de la Constitución nos apegamos para afrontar esta tragedia?

El pez muere por la boca

El dominio que ejerce el pensamiento populista y de izquierda en Venezuela, se expresó en la resistencia para admitir la reedición de la tragedia cubana en nuestro país. Se negaron a darle sentido trágico al reparto exultante de la renta con fines de cooptación política personalista. Con la anuencia de organismos internacionales como la Unesco, se llegó a considerar el caso venezolano como ejemplo de progreso humano y desarrollo, cuando en realidad se promovía la dependencia humillante mediante las dádivas provistas por el Estado.

La caída de los precios del petróleo no podría traer consecuencias distintas. Hoy nuestro país es una auténtica rareza histórica: Dotado con las mayores reservas energéticas e infinidad de recursos naturales, cabalga sobre la bestia salvaje de la hiperinflación, la gente busca comida entre la basura, se mueren de mengua los enfermos en los hospitales, y miles huyen de la miseria generalizada.

Pero los fines políticos se fueron logrando: Millones de individuos son extorsionados por un Estado inescrupuloso que cobra con fidelidad la dádiva otorgada. La dictadura se ha procurado una base social de apoyo entre sectores altamente vulnerables, para cuando sea necesario darse un baño de pueblo. Se aplica aquella vieja regla tan útil en el mar de la felicidad: Atrapados en el reino de la necesidad, no logran avizorar el reino de la libertad, es decir, el pez muere por la boca, el éxodo es victoria para la dictadura.

Con sus virtudes y mañas, la clase media aspira su propio paraíso, compatible con el mercado.

La clase media va desde El Paraíso, pasa por La Vega y sigue en Caricuao

El desprecio por la gente, asumido descarnadamente por el Gobierno, tiene su contraparte en las sospechas que suscita dentro del imaginario de la izquierda global, una lucha encabezada por los restos de las clases medias venezolanas. Más susceptible a las acusaciones de fascista, derechista o anticomunista, el pensamiento de izquierda durante algún tiempo logró descalificar la causa del pueblo venezolano a favor de la democracia. Deseaban una mayor influencia de los parias, de los obreros, campesinos, menesterosos y harapientos. Pero ¡No es la clase obrera!, como en la vieja película de Elio Petri (1971), la protagonista de su propia redención.

Demasiados blancos descendientes de europeos, muchos pequeño burgueses empobrecidos, empresarios arruinados, artistas desocupados, profesionales proletarizados, amas de casa obligadas por el desempleo. Académicos empobrecidos, pequeños y medianos comerciantes en quiebra, emprendedores frustrados, estudiantes sin futuro. Este abigarrado crisol humano, se agrega a las redes, utiliza Internet, opina, tuitea, critica y pide explicaciones. Nada fácil la tiene un liderazgo errático, que dubita frente a las auténticas motivaciones de la gente: No quieren una bolsa de miseria, no desean la dádiva humillante. A esta abigarrada masa humana, les interesa la economía, el trabajo, la vida independiente y granjearse su propio futuro. Los hermana y moviliza salir de la dictadura. No exponen su vida para hacerse burócratas o consagrar un partido. Entienden perfectamente bien que bajo esta tiranía sólo cabe enfrentarla o marcharse, y lo demuestran sus muertos dejados en el camino. Porque a diferencia de los personajes de Petri, los representantes de las derruidas clases medias venezolanas, no detestan el consumo, sino que lo desean, no asumen el trabajo como explotación pues aspiran al progreso material a través de éste, y tampoco rechazan el capitalismo sino que lo defienden. El rancio antiimperialismo es para ellos un lastre.

En un país en el cual casi todos nos asumimos como “clase media”, esta franja social se encuentra de este a oeste, de norte a sur, desde El Paraíso hasta Caricuao, pasando por La Vega. Es la más clara herencia social de la democracia vilipendiada. Con sus virtudes y mañas, la clase media aspira su propio paraíso, compatible con el mercado, sin lo cual no admite la cohabitación con la tiranía. Cualquiera sea el método utilizado para salir de la pesadilla, cambiarle la seña a estas alturas es traicionarla.