Maduro y su régimen queman las naves de la democracia

Por Johan Rodríguez Perozo @johanperozo.- En el campo internacional, el régimen ha concitado el contundente rechazo de varios gobiernos, parlamentos y organismos multilaterales. Con la pérdida masiva de apoyo popular, el régimen sólo se sostiene por el control que ejerce en el Tribunal Supremo de Justicia y la cúpula militar y policial que a su vez manejan las fuerzas represivas del régimen.


Johan Rodríguez Perozo.

Por Johan Rodríguez Perozo @johanperozo.- Tal como muchos esperaban, el régimen de Nicolás Maduro logró concretar la maniobra política que se propuso ejecutar como respuesta a la intensificación de las acciones de quienes le hacen oposición. Dicha operación consistió en instaurar “a troche y moche” una nueva versión de la Asamblea Nacional Constituyente. Calificada por muchos sectores como un fraude flagrante a la Constitución, el plan encontró resistencia no sólo en el ámbito nacional sino, además, en el contexto internacional.

En el plano nacional fue profusamente descalificada por ilegal, arbitraria y violatoria, específicamente, de los Artículos 347 y 348 de la Constitución. Probablemente, el empeño de Maduro y la claque que le acompaña, no ha tenido ocasión de reunir mayor consenso en su contra como el concitado por esta convocatoria.

La respuesta del régimen ha consistido en la aplicación de una desmesurada y violenta represión, a cargo de las fuerzas represivas bajo su mando. La intensa y agresiva respuesta, en la cual se combina la represión violenta de la Guardia Nacional Bolivariana y la Policía Nacional Bolivariana, complementada por las acciones delictivas de las bandas armadas denominadas “colectivos”, han arrojado como balance más de una centena de muertos y miles de venezolanos sometidos a juicios y condenas ilegales, arbitrarias y desproporcionadas. Centenares de presos políticos sometidos a juicios, incluso en el ámbito militar, llenan las cárceles y sedes policiales venezolanas.

Con la pérdida de apoyo popular, el régimen sólo se sostiene por el control que ejerce en el TSJ y la cúpula militar.

En el campo internacional, el régimen ha concitado el contundente rechazo de varios gobiernos, parlamentos y organismos multilaterales. La Oposición más intensa en este plano, la ha protagonizado el secretario General de la OEA, Luis Almagro, junto a varios cancilleres y embajadores de países de la región, quienes concurren activamente a este escenario continental. El rechazo a la maniobra de Maduro y su régimen también ha sido materia de pronunciamientos de gobiernos de otros continentes, especialmente en Europa, entre los cuales destacan España, Alemania, Francia y el Parlamento Europeo. A todo ello se agrega la amenaza de tomar medidas de implicaciones aislacionistas económicamente, como de Estados Unidos y organizaciones regionales como el Mercosur.

La calificación de régimen formalmente dictatorial y violador de derechos humanos, ha servido de base para acusaciones que ya están siendo procesadas en organismo internacionales relacionados con la materia. Al lado de este tipo de denuncias, el de Maduro es un régimen señalado también de mantener nexos con el narcotráfico. Por tales razones, algunos de los países antes mencionados han declarado que no reconocen la constituyente.

El desenlace de la convocatoria llevada adelante por Maduro y su equipo pone de relieve varios aspectos importantes:

Especialistas y organizaciones dedicados a monitorear el evento, estiman la participación en porcentajes que oscilan entre el 12% y 15% del padrón electoral venezolano. Queda claro el contundente rechazo expresado en la masiva ausencia de electores que antes apoyaron al régimen.

La abstención configura un elemento clave, pues ésta se ha convertido en una variable constante en contra de Maduro y su régimen cada vez que ha sido convocado un proceso electoral, desde la desaparición del escenario político de Hugo Chávez. Entre la última elección de Chávez a la Presidencia de la República, pasando por las elecciones regionales, municipales, nuevamente de presidente y las parlamentarias, el oficialismo en manos de Maduro ha perdido el apoyo de más de tres millones de electores que antes le fueron favorables. Tal realidad política y electoral, sumada al arbitrario impedimento por parte del régimen y los obsecuentes poderes públicos bajo su égida, de elecciones tales como el Referéndum Revocatorio Presidencial previsto en la Constitución, así como la elección de gobernadores, cuyos períodos vencieron en diciembre de 2016, constituyen el alimento más sustancioso para el gigantesco fraude configurado en la instauración de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC).

Ha sido imposible que Maduro y su régimen rectifiquen ante la ola de errores y arbitrariedades cometidos en el manejo del poder; imposible como ha sido también que se produzca la eventualidad de un acuerdo con los sectores adversarios del régimen,  y el fraudulento evento electoral realizado sólo servirá de caldo de cultivo para aumentar el clima de violencia en Venezuela.

Con la pérdida masiva de apoyo popular, el régimen sólo se sostiene por el control que ejerce en el Tribunal Supremo de Justicia y la cúpula militar y policial que a su vez manejan las fuerzas represivas. La combinación letal de represión, agresión a la ciudadanía por las bandas armadas que acompañan los atropellos violentos y el uso de los tribunales civiles y militares para enjuiciar arbitrariamente a quienes se le oponen en las calles de Venezuela, determinará la lucha política en los próximos días.

A partir de ahora en Venezuela sólo se puede esperar más violencia por parte de Maduro y su equipo, expresado en actos vandálicos como serán seguramente la toma del Parlamento, así como el desalojo de la fiscal Luisa Ortega Díaz de la sede del Ministerio Público. Junto a tales medidas, es previsible esperar el encarcelamiento masivo de parlamentarios y líderes destacados de los diferentes sectores que se han pronunciado públicamente por la recuperación de la democracia en Venezuela.

En la toma de conciencia del concierto internacional y en la capacidad de resistencia de las fuerzas opositoras al régimen se juega el futuro de esta nación, otrora ejemplo de democracia y convivencia civilizada en Latinoamérica… amanecerá y veremos.