Opositores: ¡Vuelvan caras!

Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- La inercia actúa como la hipertensión arterial: Mata silenciosamente. Es el más poderoso enemigo de la esperanza en el cambio. Por eso la rutina es su aliado dilecto. No es cierto que la MUD enfrió las calles. Se enfriaron porque no se pudo vencer la rutina. Porque la tranca o la guarimba fortalecen la incertidumbre y los seres humanos no la soportamos indefinidamente. La última actuación de la ANC pretendiendo suprimir la Asamblea Nacional ofrece la oportunidad de retomar el camino, reagruparse, revisar la estrategia y sobre todo canalizar el apoyo externo para enfrentar el gobierno forajido. Un vuelvan caras que debe tener como pivote a la Asamblea Nacional, el último baluarte republicano. El acostumbramiento aún se puede derrotar.


Ezio Serrano Páez.

Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- Corría la primera semana del pasado mes de mayo. En la entrada de la estación Coche del Metro de Caracas, una dama respondía a su interlocutor, quien le preguntó por la marcha de su “negocio”: Todo muy chimbo, apenas si he vendido tres cafecitos y dos cigarrillos. Esa gente con sus protestas ya me tienen azul, no dejan trabajar y por su culpa cierran el Metro casi todos los días. ¡Uno es el que pierde! Asintió categórico el receptor de aquel mensaje, otro sobreviviente vendedor de caramelos. Ya en un vagón del tren, también pudimos escuchar la andanada proveniente de una mujer trajeada a la usanza de los empleados públicos, salpicada de rojo: ¡No sé de qué se quejan, tengo tres hijos y trabajo para que a ellos no les falte nada! Ya en aquellos días, un breve recorrido por El Valle (que había presenciado la masacre con más de 15 personas), Prado de María, Los Rosales, Los Símbolos hasta la Plaza Venezuela, eran zonas en las que se respiraba aquella famosa “excesiva normalidad” que tanto puede aterrar en Venezuela. En la tarde, ubicados del otro lado de El Guaire, el consabido boletín de guerra daba cuenta de dos muertes juveniles, decenas de heridos y otros tantos detenidos. Al momento la dictadura parecía lograr su propósito: Confinar a los violentos, a los que se resisten a la paz obediente, mientras podía mostrar las ventajas de vivir bajo la normalidad de la fuerza.

Ni la MUD enfrió la calle, ni la Constituyente nos derrotó.

El poder de la inercia y la rutina

La inercia actúa como la hipertensión arterial: Mata silenciosamente. Es el más poderoso enemigo de la esperanza en el cambio. Por eso la rutina es su aliado dilecto. En conjunto producen como resultado el acostumbramiento, una idea de normalidad chocante hasta la repulsión para los espíritus guerreros y rebeldes que aspiran el cambio. Los humanos somos animales de costumbres, nos choca la incertidumbre. La tarea estratégica del poder es producir normalidad, así sea sangrienta y putrefacta. Los medios no importan, sólo cuenta el resultado.  Y si es un poder torvo y criminal, no habrá límites en los medios para alcanzar la plenitud de su dominio, es decir, la normalidad y acostumbramiento. Todo aquello que empuje en dirección de la normalidad será adecuado para el poder opresivo.

No es cierto que la MUD enfrió las calles. Se enfriaron porque no se pudo vencer la rutina. Porque la tranca o la guarimba fortalecen la incertidumbre y los seres humanos no la soportamos indefinidamente.

Podemos aceptar la tranca cuando el propósito o la meta se asoman como un tangible, nunca de forma indefinida, a la espera de un no sé qué sorpresivo. Pero igual ocurre con la marcha. Y mucho peor si la marcha que proclama el cambio se vuelve rutina que rebota en la dureza de un escudo. Para los sobrevivientes, como la vendedora de café y el de los caramelos, es inaceptable la alteración de su rutina pues gracias a ella sobreviven. Millones de venezolanos reducidos a la sobrevivencia, formamos el ejército defensor de la rutina, el premio gordo de la dictadura.

Elecciones Regionales: Defendiendo la rutina

Todo aquello que empuje en dirección de la normalidad será apropiado para el poder opresivo. Y nada más normalizador que una feria electoral. Max Weber nos permite revestir con algo de sobriedad la anterior afirmación: Una pandilla de criminales armados ocupa un territorio y somete a sus habitantes. La ilegalidad e ilegitimidad de tal acción pueden ser borradas por el tiempo, es decir por la permanencia en el poder. De ese modo, la inercia, la rutina, el acostumbramiento pueden convertir la pandilla de criminales y sus vituallas, en Estado legítimo y soberano. ¿Ocurrió algo distinto en Cuba? ¿Puede ocurrir en Venezuela? Ciertamente esta reflexión carece de sentido para quienes aún dudan de los atributos criminales de quienes detentan el poder en Venezuela. Los que aún buscan de buena fe, vestigios de decencia entre el militarismo corrupto (valga la redundancia), entre los seguidores del Estalinismo tropical, entre aliados al narcotráfico y el terrorismo mundial.

Si sólo el terrorismo sacude a Europa y Norteamérica, ¿qué podríamos esperar en un país que reúne la suma todos esos males? De tal manera que los electoralistas de estas tierras en desdicha, a fuerza de comparaciones de ocasión, han perdido de vista la singularidad trágica del caso venezolano. La más frecuente tontería que escuchamos argumentar, remite a la necesidad de participar en las regionales para no provocar los daños sufridos en el 2005. Como si lo vivido desde ese año hasta hoy fuese sólo tiempo de hibernación.

Desconocer la emergencia, el punto de quiebre electoral

El tiempo está a favor de la dictadura, por ello ésta siempre quiere más. Y las Regionales se lo otorgan permitiéndole alargar la agonía de una sociedad en emergencia. Y es que uno de los obstáculos más serios para imponer el poder criminal, ha estado representado por la resistencia de la clase mediaal no acostumbrarse a la miseria, a la pobreza, a los peores servicios, a las restricciones del consumo, a las colas humillantes, la ausencia de oportunidades. Quienes no se acostumbran al desastre impuesto por el poder, no pueden dejar de ver nuestra realidad sino como emergencia, y en tal caso, la lectura del tiempo se mide en unidades de vida o muerte. ¿Y de qué modo, sino como emergencia, pueden percibir este momento político quienes ven morir a sus hijos por la acción del hampa o la policía, quienes deben huir del hambre nacional, o quienes ven morir a sus seres queridos en los hospitales sin insumos, o los que son vejados por el poder?

Lo extraño es que la dirección política opositora espere una reacción distinta al repudio y busquen en otros la responsabilidad por su propia pérdida de credibilidad. Tal repudio no surge de los tuiteros, ni de los guerreros del teclado, ni de analistas despreciables, sin burdel. No es una pataleta de la sociedad civil del tipo abstención 2005. Es el resultado de la incongruencia al arrebatarle a la gente su auténtica motivación para luchar.

¡Opositores, vuelvan caras!

Ni la MUD enfrió la calle, ni la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) nos derrotó. Hasta el momento del viraje electoral la Oposición había alcanzado metas insospechadas en otros tiempos. Con dolorosas pérdidas, la lucha callejera había aportado lo que debía aportar: El respeto por una causa justa, el reconocimiento interno de la condición imprescindible de la unidad. Se ganó prestigio y apoyo internacional, países y organizaciones del mundo se han pronunciado a favor de la Asamblea Nacional (AN).

Se condenó mundialmente tanto la violación de los derechos humanos, como el mega fraude constituyente. Se logró el pronunciamiento del Mercosur. Los Estados Unidos aplicaron medidas contra personeros del Gobierno incrementando su desprestigio mundial. De tal modo que el mes de julio cerraba con un gobierno desnudo, mostrando su impudicia y amenazado por el crac económico. No era un gobierno caído, ciertamente, sino desatado en la aplicación del terrorismo de Estado, lo cual es un modo de exhibir debilidad. Y si bien había que mantener abiertas las posibilidades de negociación, no parece existir explicación apropiada para cambiar abruptamente la agenda opositora y colocarse en postura de vencidos.

Se debe reconocer que el tema electoral colocado por el Gobierno como ardid, desconectó a la dirigencia de la realidad nacional. Fue un modo de darle la espalda a los móviles fundamentales de una lucha tenaz y de lanzar por la borda un enorme capital político ya conquistado.

¿Qué se debía hacer? Al menos mantenerse firmes, unidos y disciplinados frente a un gobierno aislado. No se trataba de añadirle más muerte y espanto a la escena, pero tampoco había que doblarse para recoger mendrugos. Lo peor resultó comprarle la agenda al estado forajido. La última actuación de la ANC pretendiendo suprimir la AN ofrece la oportunidad de retomar el camino, reagruparse, revisar la estrategia y sobre todo canalizar el apoyo externo para enfrentar el gobierno forajido. Un vuelvan caras que debe tener como pivote a la Asamblea Nacional, el último baluarte republicano. El acostumbramiento aún se puede derrotar.