¿Qué uso tendrán los fusiles robados de la 41 Brigada del Ejército?

Por Oscar Medina @oscarmedina1.- Lo sucedido en la 41 Brigada Blindada del Ejército dejó en evidencia la vulnerabilidad de las instalaciones militares, pero también parece ponernos a las puertas de una indeseada espiral de violencia. ¿Qué nos trajo hasta aquí? El escenario es indeseable, pero es lógico: Las demandas de la mayoría descontenta sólo obtienen represión como respuesta.


Por Oscar Medina @oscarmedina1.- El comunicado emitido este lunes 7 de agosto por el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López parece redactado por algún juez al que se le ha pedido una condena rápida y expresa de alguien por razones políticas. Expone unos hechos y de inmediato, sin demostrar las conexiones, establece conclusiones al voleo: Esto viene de Miami e involucra a líderes opositores.

“Todo lo anterior demuestra claramente que no actúa por ideales nobles ni principios nacionalistas, sino que operan como mercenarios pagados desde Miami por grupos de extrema derecha ligados a factores de la oposición venezolana, así como gobiernos extranjeros que mantienen una actitud hostil e injerencias contra el país”, dice el documento y listo, resuelto el caso a conveniencia, porque plantear las cosas así permitirá fabricar otras acusaciones que seguramente saldrán al aire muy pronto.

Para eso tienen al Tribunal Supremo y para eso tienen también la aplanadora de la Asamblea Nacional Constituyente. La aventura de la pequeña tropa de Juan Carlos Caguaripano será muy útil.

Sin embargo, no hay que despachar lo sucedido calificándolo de mera aventura. Aquí podría haber algo más. Algo importante. Si durante los primeros minutos pareció un intento chapucero de golpe de Estado, los hechos terminaron por mostrar lo que fue: Una operación para proveerse de armas. ¿Y quién quiere armamento de ese calibre? Gente que debe estar dispuesta a empuñarlo.

¿Estamos ante la primera manifestación concreta de un grupo de personas que ha decidido optar por el camino de la lucha armada? Tal parece. Y si son muchos o pocos, o si sus ideales son o no son “nobles”, lo cierto es que demostraron que una instalación militar como la de Paramacay es vulnerable. Y también demostraron que sí hay uniformados articulando una pequeña -o gran- rebelión.

¿Es esto digno de aplauso? No. O no necesariamente. Es más violencia para un país que ya ha visto mucha. Pero sí es una consecuencia lógica. Cuando una sociedad es sometida de la manera en la que el chavismo somete a los venezolanos, cuando no hay instituciones que respondan con seriedad a las demandas de la mayoría, cuando no recibes más que desprecio y represión, se van forzando las compuertas de ese infierno.

El indeseable escenario está planteado: Se supone que diez hombres con formación castrense lograron escapar. Se supone que cargaron con 93 fusiles y 4 lanzagranadas. Y si esa es la información oficial, es lícito pensar que podrían ser más los que están en fuga y podría ser mayor el botín.

Quienes manejan información de la fuente -como Sebastiana Barráez- dicen que el operativo de cacería de los prófugos es intenso. Y no podría ser de otra manera. Si de verdad quieren hacerlo, darán con ellos. Pero, ¿y si no los capturan? Si eso no ocurre, debemos suponer que ocurrirán nuevos episodios y que a esas armas les darán uso.