Elecciones regionales: La oportunidad de pasarle factura al chavismo

Por Oscar Medina @oscarmedina1.- Por encima de las lamentables necedades de algunos candidatos y partidos, más allá de las cifras de participación y de las críticas, hizo bien el liderazgo opositor en llevar a cabo sus primarias. El terreno, como siempre, estará minado y no hay certezas de que se cumplan los requerimientos para las elecciones, pero es una pelea planteada y hay que darla. Con auditorías, observación y defensa del voto representan la posibilidad de restar poder a la cúpula roja.


Por Oscar Medina @oscarmedina1.- Si se van a dar o no las elecciones regionales nadie lo sabe. O, mejor dicho, lo sabrán quienes gobiernan a través del Presidente. Ni los más entusiastas desde el lado de la Oposición tienen certezas al respecto. Pero mientras la posibilidad esté planteada, hay que estar preparados. Y para eso -más allá de las estupideces de algunos candidatos y partidos- se hicieron las primarias.

Si hay elecciones regionales, ¿no es mejor estar listos para responder?

Que si fueron muchos o fueron pocos, que si se esperaban tantos millones o menos millones. Eso no importa. Era obvio que no irían ni todos los que votarán llegado el momento, ni los más de 7 millones de personas que participaron en el plebiscito. Fuimos quienes quisimos hacer valer una opinión y quienes, con nuestras diferencias y nuestras suspicacias, todavía pensamos que vale la pena intentar lograr cosas con el voto.

¿Qué estamos legitimando qué? Ir a las primarias no es legitimar a nadie. Es una manera de participar en la organización de una estructura que hará frente a un nuevo reto planteado por el Gobierno, que -de paso- no necesita que lo legitimen para pasar por encima de todo cada vez que le da la gana.

¿Que usted no cree en la pulcritud de unas elecciones organizadas por el CNE? Es posible que ni el mismo chavismo lo crea. No se trata de creer. Ni el CNE ni las elecciones son religión. No requieren de fe. Al contrario: Se necesita no creer en nada para exigir al liderazgo opositor que demande reglas claras, que organice lo que haya que organizar para reducir al mínimo la posibilidad de fraude o ventajismo, que exija, que proteste, que denuncie lo que tenga que denunciar y que lleguemos a ese día no creyendo en la santidad de las rectoras sino en la seriedad y el compromiso de quienes nos representan y de los miles de voluntarios que suelen participar en estos eventos desempeñando un papel realmente importante.

Sobre los resultados de las primarias del domingo 10 de septiembre se harán múltiples lecturas. Seguramente muchas tendrán su porcentaje de verdad. Castigaron a algunos, renovaron la confianza en otros, demostraron efectividad en su movilización unos, otros no cuentan ya con la disciplina de sus partidarios y al menos un par de viejos zorros se las arreglaron para seguir en la jugada. ¿Ya ganaron algo? No. Ni han ganado nada, ni han demostrado con esto que son las opciones más fuertes. Apenas consiguieron hacerse con el derecho a participar en el verdadero reto. En caso de que efectivamente se den las elecciones, ¿tienen el triunfo en la mano? Depende, otra vez, de la participación.

El disgusto, la desazón, el desconcierto que se produjo entre la Oposición una vez que se concretó la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y las protestas de calle redujeron su intensidad hasta desaparecer, produjeron el surgimiento de esa ira que se palpa especialmente en las redes sociales contra el liderazgo político. Gente que se arriesgó verdaderamente en las marchas -y que pudo ver cómo cada vez eran menos- y personas que no hicieron otra cosa que encerrarse a tuitear han coincidido en que Nicolás Maduro sigue en el Palacio de Miraflores por culpa de los políticos, traidores que se “vendieron” a cambio de una elección y desaprovecharon la oportunidad de “tumbar” de una buena vez al Presidente. “Nos engañaron”, dicen. Había que seguir en desobediencia, proponen. Y los hay que sueñan con un portaaviones estadounidense atracando en La Guaira.

La realidad es que esa estrategia fracasó. Mejor dicho: Si el objetivo era que Maduro y sus socios decidieran entregar el poder porque había gente marchando y trancando calles, fue un fracaso. Y no podía ser de otra manera. La protesta era una vía de presión. Una entre varias. El planteamiento de la lucha cambió. Se lograron algunas cosas importantes a un costo muy elevado. Pero hay que seguir ahora en otra fase.

Hace apenas unos días sostuve una entrevista con el diputado Miguel Pizarro que fue publicada en Cronica.uno y se puede leer aquí. En esa conversación abordamos el asunto de las regionales. Y rescato acá una cita:

“… un Gobierno que te plantea una elección fuera de tiempo, que te inhabilita candidatos, que te imposibilita tarjetas, que te cambia el cronograma, que no te da fecha definitiva, que no te permite hacer primarias bajo los procesos de siempre, ¿es un gobierno que quiere que vayas o que no vayas a elección? ¿La desobediencia es abstenerse o participar? Cuando todas las condiciones están diseñadas para que no participes, la desobediencia es la participación.

Además, en una dictadura una elección no es una transacción mágica donde un grupo A se mide con un grupo B y uno de los dos gana. No, en un modelo como este un grupo A que quiere ir rebanando el poder se enfrenta contra un todo y tiene que ir rebanando hasta que llegar hasta arriba”.

Otro asunto vinculado a las regionales tiene que ver con el hecho de cómo se asume la elección de un gobernador en el interior del país y cómo en la capital. En el resto del mapa la influencia de esa figura es determinante en muchos aspectos de la vida cotidiana. Más de lo que uno quisiera. Y la oportunidad de sacarse yugos de encima o de recompensar a quien lo hace bien estriba justamente en el voto. La parte caraqueña que elige gobernador resolvió ese asunto al desalojar de Miranda a Diosdado Cabello y parece que lo olvidó. Pero, ¿qué sucede con Carabobo, con Vargas, Táchira, con Aragua? ¿Por estar molestos con algunos dirigentes, por creer en conspiraciones, por pura emotividad y hasta por un dolor y una rabia plenamente justificada vamos a torpedear la posibilidad de empezar un cambio desde esos estados?

Vale otra cita de la entrevista con Pizarro: “En el interior hay otra forma de entender esto. Y lo es también por el sistema de dominación que implican los gobiernos regionales en algunos estados. En esos estados que he visitado encuentro entre la gente que hay un sentido de pasarle la factura a quien los ha condenado, a quien los ha extorsionado e intentado dominar, que está implícita en la participación electoral”.

Un amigo barquisimetano expuso el domingo en Twitter su dilema: Votar o no por Henri Falcón. Siente que debe “castigar” a Falcón negándole su voto para la gobernación de Lara. ¿Qué opciones tiene? Quizás es muy joven para recordar cómo fue la administración de Luis Reyes Reyes, pero si pregunta un poco y se informa mejor, tendrá una idea clara que le permitirá, además, entender que si Henri Falcón pierde el destino de Lara dependerá de Carmen Meléndez, la almiranta y mano derecha de Maduro. ¿A quién debe “pasarle” factura? En realidad no hay tal dilema. Lo que sí existe es la duda: ¿Habrá elecciones regionales? Y si las hay, ¿no es mejor estar listos para responder?