La imagen de Chávez es la gran ausente de la campaña del chavismo

Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.- El gran ausente de esta campaña es la imagen de ex presidente Hugo Chávez. Este es un cambio significativo de dinámica política venezolana. En medio de su debacle el chavismo ha optado por borrar sus propios símbolos. Los candidatos del PSUV a las gobernaciones ni siquiera usan el rojo en su publicidad. Exhibir unos guantes de boxeo o llegar montado en un burro a la estación de un canal de televisión parece más efectivo para atraer la atención de público que usar un afiche de Chávez.  


Pedro Benítez.

Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.- Atrás quedaron los años en los que era suficiente para un candidato desconocido aparecer en una enorme valla, en cualquier autopista, carretera o avenida del país, acompañado con la imagen del ex presidente Hugo Chávez levantándole la mano para ganar cualquier elección.

El gran ausente de esta campaña es la imagen de Chávez. No se hable de Nicolás Maduro, cuya sólo asociación con las candidaturas del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) es un aporte seguro para la derrota.

Las respectivas campañas a gobernadores de los candidatos del partido de gobierno no sólo esconden a Maduro, además no exhiben mucho a Chávez. En realidad lo van olvidando. Ya no les es útil, no les suma votos. Los votantes chavistas duros emitirán su sufragio disciplinadamente aparezca o no Chávez. Pero esa votación tiene un techo.

En ese sentido la campaña de Héctor Rodríguez, candidato del PSUV a la gobernación de Miranda, es reveladora. Ni siquiera aparece el rojo en su publicidad. En medio de la debacle, el chavismo ha optado por borrar sus propios símbolos.

La campaña oficialista en esta ocasión ha apostado por tres tácticas: Intentar dividir a la Oposición, alentar la abstención de su electorado, y apelar al más crudo clientelismo político por medio de los CLAP y del carnet de la patria.

La primera no ha funcionado. En la segunda los estudios de opinión más recientes indican un aumento de la intención de voto por parte de los opositores. Pero con la tercera no puede decirse lo mismo. Con parte de la población al borde del hambre entregar cajas de comida es un aliciente efectivo, en particular en los estados más pobres del país. Pero el chavismo ya no es capaz de generar ilusión, de vender esperanza.

Por supuesto que para los aspirantes y dirigentes chavistas la referencia a Chávez es parte de su retórica. Pero ya no son “los candidatos de Chávez”, son los candidatos de Maduro. Esta es una losa muy pesada. Por otra parte, a medida que han pasado los años y se ha profundizado la debacle nacional en todos los órdenes, el recuerdo positivo de Chávez se ha ido borrando en la memoria colectiva de los más pobres donde estaba su electorado. La sensación de haber sido víctimas de una gigantesca estafa está presente.

Todo esto condiciona las estrategias electorales del chavismo, por lo cual su mejor aliado no son las promesas de campaña sino el Consejo Nacional Electoral (CNE).

En sus peores momentos las militancias de Acción Democrática (AD) y el demócrata cristiano Copei no regeneraron de sus símbolos históricos. Por el contrario, los militantes del primero apelan continuamente a la imagen del fundador de su partido, el ex presidente Rómulo Betancourt, pese a que la mayoría de los venezolanos hoy vivos no lo llegaron a conocer.

Sin embargo, es normal que los partidos con cierta tradición y los políticos en general busquen referencias en el pasado. El ejemplo más claro de esto en América Latina son el general Juan Domingo Perón y su esposa Eva Perón, que han sido (y todavía son) un importante imán electoral en Argentina. En Brasil ocurrió algo parecido por muchos años con el ex presidente Getulio Vargas. En Estados Unidos no hay político que se respete que no cite a Abraham Lincoln. Para los políticos conservadores de Europa las referencias continuas son Winston Churchill, Konrad Adenauer o al general Charles De Gaulle. Para la izquierda Olof Palme o Willy Brandt. Estos personajes representan posturas ideológicas y políticas sobre los problemas concretos de las sociedades, y sirven de inspiración para políticos y electores.

Sin irnos muy lejos en el pasado, en países como Perú o Colombia los ex presidentes Alberto Fujimori y Álvaro Uribe siguen siendo hoy referencias políticas potentes. Dividen, polarizan, pero atraen votos. En Venezuela, Chávez no.

Su recuerdo lo asocia la mayoría de los venezolanos no a los buenos años del boom petrolero, sino al fracaso de este presente continuo que arrancó en 2013. Si el chavismo hubiera salido del poder ese año, los que le hubieran relevado en el poder habrían heredado la crisis y con ello el costo político correspondiente. Pero la historia no es lo que pudo ser, sino lo que ha sido. El chavismo cosecha lo que su fundador sembró.