El por ahora fortalecido poder totalitario se puede derrotar en 2018

Por Orlando Zamora.- Lo clave es que finaliza el mandato legal de Maduro, y esto es un factor potenciador del reclamo de un viraje político. Es ahora y no después. El voto es generalmente pacífico, pero cuando se es mayoría y el adversario de turno no acepta esta realidad, entonces, el acto electoral presidencial se hace respetar y la dignidad toma su lugar a cualquier precio.


Por Orlando Zamora.- Luego de casi dos décadas en el poder y en medio del peor desastre integral que gobierno alguno haya consumado en Venezuela, se asienta con mayor fuerza la minoritaria propuesta cívico-militar encarnada en Nicolás Maduro. Régimen que sin calor popular mayoritario, perfeccionó la degradación del voto como arma de libre escogencia, tecnificó el uso del hambre para el control social de los más necesitados, marcó con un carnet clientelar patriotero a 15 millones de venezolanos, insertó a parte vital de la fuerza militar en el diario trajinar de negocios y burocracia productiva, y edificó con trucos un mecanismo de pretendida eternidad peligrosa de seudo apoyo constitucional a todo lo anterior y lo venidero, la nefasta y hoy marginal Asamblea Nacional Constituyente (ANC).

La visibilidad del fracaso del modelo estatista es un atributo que explica por sí solo el derrumbe económico.

Como encarar sin fuerzas organizadas ese poder

Ante todo revisemos las fuerzas que combaten al régimen: Son mayoritarias, contenidas (hasta ahora), no las disciplina un partido único, no disponen de fondos, son múltiples, están en todo lugar pero dispersas y desconectadas. Sólo las moviliza su conciencia y esperanza.

La mayoría, hoy silenciosa, debe asaltar constitucionalmente el poder con votos y hacer respetar ese triunfo en cada rincón del país. Período clave, vital para el regreso democrático de la pluralidad y una economía abierta, mixta.

Esa mayoría dispone de un solo poder imbatible: El voto. Es un gigante que ahora adormece pero es temible cuando le llega su momento de mostrarlo.

Muchos creen que ese acto cívico se limita al simple sufragio y se equivocan. El voto es, en circunstancias cruciales, también voluntad inquebrantable de abrirse paso. (Nos referimos al voto por el relevo presidencial).

Y las decisiones a este nivel, de elevado pronunciamiento y peso político, se soportan y sostienen dentro y fuera de las mesas electorales, convirtiéndose en la acción en poder real.

Lo clave es que finaliza el mandato legal de Nicolás Maduro, y esto es un factor potenciador del reclamo de un viraje político. Es ahora y no después.

El voto es generalmente pacífico, pero cuando se es mayoría y el adversario de turno no acepta esta realidad, entonces, el acto electoral presidencial se hace respetar y la dignidad toma su lugar a cualquier precio.

Creemos que eso es lo que ocurrirá en Venezuela en el 2018, si este omnímodo poder del voto cobra conciencia de su real fuerza frente a las habilidosas maniobras del PSUV y también ante las actuaciones ultra parcializadas del CNE y su soporte legal, el TSJ.

O incluso aunque dispongan del poder de los 100.000 fusiles A-K 103 o los 24 aviones Sukhoi 24, ahora en manos de una minoría partidista que logró copar la Fuerza Armada y rinde loas a Fidel Castro y al Che Guevara, figuras nada asociadas al sentimiento patrio, serán vencidos.

Como superar en los próximos meses este poder circunstancial

Se impone evaluar qué tan sólidos y duraderos serán los éxitos logrados en los últimos cuatro meses por el oficialismo, y la inevitable catástrofe económica que se agudizará en 2018.

Los escollos son en esencia: El rescate del poder del voto, la lucha contra la maquinaria proveedora de votos rojos vespertinos que invierten los resultados, luego contra el CNE brazo institucional de fraude, y alcanzar al final la derrota política de la peligrosa ANC.

Esta es tan hueca y carente de poder, tanto de masas como de legitimación de origen. Es tan patética como el ahora y ridículo edificio La Francia, situado al lado de la Plaza Bolívar.

Pintado con urgencia y encumbrado con un gigante y vacío letrero metálico con el nombre completo de la lánguida ANC. No emana de allí poder político alguno, pero sí el peligro de las manipulaciones chavistas inmediatas. Pretensión de poder eterno, falso.

Si se optimiza la movilización y vigilancia del todo el proceso de elección presidencial y se arrincona con astucia al CNE gubernamental y las calles se abarrotan como garantía final de la voluntad mayoritaria del pueblo, el chavismo quedará desarmado y derrotado.

La terrible crisis de 2014-2017 se recrudecerá y será mucho más severa en el 2018. Con tristeza se augura así por muchos, pero será también el detonante final que ilumine el cambio. La crisis 2014-2018 arrastrará la nefasta administración de Nicolás Maduro.

Fue el camino que escogió la historia, visto el pragmatismo de importantes sectores populares, lamentablemente desprovistos de elementos formativos de criterios de valoración, que les permitieran dos cosas: Vislumbrar la salida anticipada al desastre, como tener claridad y fijar la responsabilidad directa de esta. Vendrá para ello el 2018.

Muchos factores sociales fueron escépticos frente a los argumentos de las fuerzas del cambio, pero la carestía de todo los atormenta cada día con mayor agudeza y despeja el acceso a la verdad.

Se revela en todo su esplendor la escasez, el torbellino de la hiperinflación, la quiebra financiera por default y déficit fiscal; el profundo deterioro de la suma de los servicios públicos, desde la salud, energía, vías, medios de pagos (se deben aun 60 millones de dólares por billetes impresos), y un largo etcétera.

Esta narración podría sonar como una excusa utilitaria y alarmista. Pero lo que nos aguarda en 2018 es trágico, un gobierno que gastará billones para las regiones, planes faraónicos de trenes Carabobo-Miranda, bonos decembrinos billonarios, todos planes financiados con la gasolina monetaria del dinero inorgánico sin sustento alguno.

No es alarmismo infundado, la crisis tuvo la virtud de desmentir la propaganda oficial, los supuestos logros del modelo, ni hay comida ni salud garantizada. La visibilidad del fracaso del modelo estatista es un atributo que explica por sí solo el derrumbe económico.

Por ello, la inmerecida crisis venezolana será el detonante final de la pesadilla totalitaria y emergerá desde su entorno la única alternancia visible, la democrática plena, al unísono con la presencia de millones de venezolanos en las calles.