Y ahora quién defiende a la República

Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- La política, reducida a pugilato de intereses particulares, o ataviada de puro voluntarismo, sacrifica la unidad de acción y pensamiento, entidad sin la cual no es posible vencer a la dictadura. A tal punto ha llegado la dejadez de nuestras élites, que se dejaron arrastrar por la confusión conceptual impulsada por los Ricarditos y los Henry. Es decir, no lograron diferenciar la lucha por los cargos de la lucha por la República, el interés particular del interés general.


Ezio Serrano Páez.

Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- Nuestra generación no sabía de bullying, lo cual no nos impidió vivir la violencia escolar. Pensando en las recientes elecciones regionales, se nos vino a la mente el talante de Ricardito Morgado, digno ejemplar de lo que escandalosamente Freud denominó perversos polimorfos. Malcriado, conflictivo, problemático, mañoso. Cursaba, el 4to. grado en la escuela pública Manuel Piar, en Caracas. El muchachito tenía como hermanos a los morochos del 6to., grandulones que acudían a los llamados del terrible Ricardito, quien se victimizaba cada vez que se metía en problemas.

La “dinámica” era muy simple: El muchachito del 4to. escogía la complicación (o la víctima) y los morochos acudían en respaldo. Si algo se complicaba, también se involucraban sus padres, maestros de la propia escuela y fieles creyentes en la bondad de su querubín. Hasta que un día, los hermanos mayores, cansados de ser utilizados por su hermanito perverso, decidieron abstenerse y no acudieron al llamado de quien no consultaba a la hora de meterse en problemas. Sorprendido in fraganti, Ricardito intentó su maniobra distractora para mayor bochorno de su familia que debió afrontar la chocante verdad acerca de su retoño. El niño y la familia, el individuo y el colectivo, el yo y el nosotros. La eterna dicotomía entre el interés general y la acción personal o individual.

El terrible Henry

Como Ricardito, el terrible Henry manipuló a sus allegados políticos para lograr sus propósitos particulares. Nuevamente el sujeto y lo colectivo, el interés particular y el interés general, la singularidad y la pluralidad. Jugando posición adelantada, empujó a sus partidarios hacia el callejón sin salida de las regionales. Cual perro de Pávlov, saliva a la sola mención de la palabra “elecciones”. Al vender el interés particular como necesidad colectiva, logró ganarse el apoyo de sus morochos políticos, prestos a practicar el bullying contra quienes advertimos sobre la catástrofe en ciernes. Radicales, brutos, intolerantes, violentos, contra democráticos. Fueron algunos de los descalificativos empleados contra quienes no se sumaron a los planes particulares de “Henrito”, el terrible. Para luego, con sus morachas de acero, culpar a los abstencionistas de su estrepitosa derrota que salpicó a toda la familia opositora.

La evolución de los hechos lo ha puesto en evidencia para bochorno hasta de sus propios seguidores: Las regionales eran parte de su cálculo político. Con el adecaje en posesión de la mayoría de las gobernaciones, el camino a la presidencia estaría allanado. La maña y veteranía atribuida al personaje, no fueron suficientes para evitar el entuerto. Pues aunque más sabe el diablo por viejo que por diablo, puede más la dictadura, si además está endiablada.

El pez muere por la boca o la lucha sigue si el rentismo vive

Y la dictadura lo sabe. Por ello su táctica de abozalar con arepas a seguidores y opositores. Lo trágico es que nuestro liderazgo también se preste para la ignominiosa práctica. Al producir un cerco económico sobre la Asamblea Nacional logró minar la voluntad para resistir. Los partidos asfixiados presupuestariamente, en lugar de abrirse a la opinión pública y comprometer a la sociedad con su propia subsistencia, optaron por los atajos y por el ocultamiento de sus naturales miserias. De allí la necesidad de cohabitar, de compartir con la dictadura las migajas del presupuesto público. Se le mintió al electorado al convertir la estrechez económica de los militantes partidistas en la causa suprema de la República. Es el mismo argumento de los gobernadores dobla canilla: ¡Consultamos a nuestras regiones antes de rendirnos! Y ciertamente debieron hacerlo. Pues sus militantes esperan ansiosos sustituir el enjambre de funcionarios que ejercen el parasitismo gubernamental.

Los terribles Ricarditos, y el no menos terrible Henry hallaron con ello la receptividad adecuada a sus fines singulares: Con 15 gobernaciones, ¡vaya si el partido crecería! En proporción a los empleos capturados. La conquista de los famosos “espacios de poder” se reduce a eso, asegurar la subsistencia de una militancia que lleva años transida por las penurias. Es una causa sin duda legítima pero reveladora de la añeja miopía rentista y de la necesidad de cohabitar con la dictadura para acceder a las migajas.

La retórica de los vencidos o la política border line

La retórica de los vencidos consagra el interés particular de los Ricarditos. Su fundamento es la inexistencia de vías distintas a la electoral para salir de la dictadura. El terrible Henry y su partido lo han expresado más o menos en este tenor: No somos golpistas, no somos conspiradores, no tenemos armas, no vamos a nombrar funcionarios para que los metan presos, sólo podemos votar. Es lo más parecido a una retórica de la rendición auspiciada por el Doctor Culillo. Pero es además la declaratoria desprejuiciada de una predisposición a cohabitar con la dictadura bajo el estrecho marco jurídico impuesto por ésta. Un modo de sobrevivir medrando en torno al Estado y sus mendrugos. Nada que ver con el sentido de grandeza que debería animar a quienes aspiran recuperar la República.

Según esta retórica, cada proceso electoral es Histórico. Cada cual más histórico que el anterior, y siempre nos estamos jugando el destino final en cada contienda comicial. Es la política border line diseñada para el camuflaje del interés particular de quienes aspiran cargos remunerados. ¡Y si en el puesto alcanzado no me pagan el sueldo, busco otro en la próxima histórica elección!

El interés general o de la República queda diluido en el carácter crucial de cada evento, pues en toda elección estamos al borde, al límite de aquello demarcado por la historia. Hasta una elección de concejales en San Diego de los Peñones puede decidir un antes y un después histórico (más bien histérico) capaz de definir nuestro futuro. Una retórica hueca e ideal para una dictadura que ya colonizó el sentido libertario y democrático del voto, ahora reducido a estropajo para limpiar su rostro delictivo.

¡Es la República, idiota!

El éxito alcanzado por los Ricarditos y los Henry para arrastrar a la sociedad venezolana hacia el fracaso es asunto consustancial con la ineptitud de nuestras élites económicas, políticas e intelectuales. Incapaces de orientar, dirigir o animar la lucha por la recuperación de la República, han sido seducidos por la retórica de los vencidos, quedando atrapados por el personalismo en juego, acomodados en una pretendida zona de confort que les permite sobrevivir al hastío. Sin embargo, la fe debe mantenerse porque Dios es grande o se puede acudir a la literatura de auto ayuda. Paulo Coelho puede servir para tales fines.

La cobardía de las élites venezolanas para ejercer sus funciones críticas y orientadoras ha favorecido la incomprensión del proceso de destrucción de nuestra nación. La política, reducida a pugilato de intereses particulares, o ataviada de puro voluntarismo, sacrifica la unidad de acción y pensamiento, entidad sin la cual no es posible vencer a la dictadura. A tal punto ha llegado la dejadez de nuestras élites, que se dejaron arrastrar por la confusión conceptual impulsada por los Ricarditos y los Henry. Es decir, no lograron diferenciar la lucha por los cargos de la lucha por la República, el interés particular del interés general. Por ello se practicó el bullying al espíritu crítico. Por ello nos dividimos antes de ir a las regionales, por ello abandonamos sin concluir la pelea.

Ineptos para identificar aquello que nos une, y para rechazar lo que nos separa, procedimos a entregar la Unidad, las joyas de la corona. ¿Un ejemplo? Se puso de lado los hechos incontestables para luego culpar a otros de la derrota: Se invocó el apoyo a las parlamentarias del 2015 y se acudió obteniéndose una estruendosa mayoría. Convocaron a marchar y se marchó por meses. Muchos pagaron con sus vidas al atender los llamados. Se nos pidió trancazos y se trancó. Muchos sacrificaron su comodidad, se sometieron a encarcelamiento, persecución, tortura, humillación. El 16 de julio se nos pidió desbordar las calles y se desbordaron de júbilo popular apoyando una consulta bajo la conducción de nuestros propios rectores. Ha debido ser tanta obediencia a las invocaciones mudistas lo que les hizo creerse a los Ricarditos y los Henry, con el control absoluto del alma popular y con la capacidad de cambiar el rumbo a placer. ¿Por qué antes unidos y ahora divididos? Porque nos une la lucha por superar la pesadilla, nos divide la lucha por los cargos. ¡Lo que nos une es el rescate de la República, idiota! Ciertamente aquella requiere de los partidos, pero éstos deben hallar el modo de sobrevivir sin sacrificar su rescate.