Nicolás Maduro puso en marcha el plan definitivo de control político y social

Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.- Centenares de miles de personas solicitando el “Carnet de la Patria”, incluso en contra de sus opiniones políticas, es la otra realidad de Venezuela. Aprovechando la brutal depauperación de la sociedad venezolana producto de la hiperinflación y la destrucción de fuentes de riqueza, el gobierno de Nicolás Maduro intenta refinar sus mecanismos de dominación colectiva por medio del miedo al hambre. En Venezuela está en marcha el más ambicioso plan de control social y político que ha conocido nunca el continente americano fuera de Cuba.


Pedro Benítez.

Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.- Mientras se desarrollaba el intento de negociación entre Gobierno y Oposición en República Dominicana, y al mismo tiempo que no cesaba la persecución judicial y policial contra el entorno petróleo de Rafael Ramírez, decenas, probablemente centenas de miles de venezolanos se veían obligados en todo el país a realizar colas de 12 horas o más para obtener el “Carnet de la Patria”.

En algunos sitios los “coordinadores” de las filas cobraban entre 10 y 20 mil bolívares por adelantar a las personas.

En medio de la destrucción económica propiciada por el mismo Gobierno, el acceso a los CLAP, ahora al Carnet de la Patria es una esperanza para escapar del hambre. Así de crudo.

El socialismo del siglo XXI terminó recorriendo el mismo camino de los otros socialismos del siglo XX; cuando sus promesas de abundancia material no se cumplieron, sus promotores descubrieron las oportunidades de control político que la penuria generalizada les ofreció como consecuencia de su modelo económico. De la Rusia a Cuba pasando por China. En todos lados la historia fue la misma.

El Carnet de la Patria tiene en la parte posterior un código QR (código de respuesta rápida por sus iniciales en inglés), una evolución del código de barras que permite el almacenamiento y lectura de información ilimitada según su requerimiento.

Venezuela no podía ser la excepción. El proyecto socialista de Hugo Chávez engendró la mala administración del hambre de Nicolás Maduro.

Según el primer mandatario nacional “de ahora en adelante todo se hará a partir de este carnet”. Desde el acceso a adquirir los CLAP, pasando por las medicinas y cualquier otro servicio que preste el Estado.

El propósito es claro y Maduro no lo oculta: “Toda persona que vaya a ejercer el voto debe llevar su Carnet de la Patria y chequearse en los puntos rojos adyacentes a su centro de votación”.

A confesión de parte, relevo de pruebas. Votos a cambio de comida para una población hambrienta o con miedo al hambre. Puede sonar a las ya conocidas prácticas populistas latinoamericanas, sólo que en este caso es el contexto socio-económico lo que le da un aspecto siniestro.

El accionar oficial parece dirigirse a una situación en la cual a los venezolanos sólo les quedará dos opciones de vida: Emigrar o someterse. La falta de alternativas para protegerse de la hiperinflación y la escasez de alimentos potencia la efectividad del denominado carnet que pretende violar el secreto del voto o persuadir a su usuario de que el Gobierno sabe por quién se vota. Al final es lo mismo. En las elecciones de gobernadores demostró su utilidad para los candidatos del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

Pero a lo anterior hay que agregarle un aspecto que en las largas colas del fin de semana se hizo patente: El sentimiento de humillación colectiva. Te obligó a que te saques el Carnet de la Patria así no te guste. Este estilo de promoverle e imponerlo no pude ser casual, responde a una lógica.

Así como el régimen madurista insiste en imponer que su Asamblea Nacional Constituyente (ANC) sea reconocida públicamente por los partidos políticos de Oposición, al mismo tiempo les impone a los venezolanos el someterse al Carnet de la Patria. Es el mismo método.

Como ya se ha dicho el chavismo/madurismo es un sistema de dominación.

Empobrecer, aunque no haya sido la intención inicial, sí está sirviendo para el propósito original de controlar a todo el país. Las nacionalizaciones de bancos y grandes empresas como Cantv o La Electricidad de Caracas, así como las masivas expropiaciones de tierras y fincas productivas de la década pasada buscaban precisamente esto. De allí hemos llegado a esta versión siglo XXI de las cartillas de racionamiento. Es historia conocida.

Pero nada de esto estaría completo sin conseguir quebrar física y moralmente a la propia sociedad. Ese es el método que hay detrás de la ANC, los CLAP y el Carnet de la Patria. Reducir al venezolano a pelear todos los días por sus necesidades básicas, y anular así cualquier aspiración moral.