¿Pretende el Gobierno dejar morir más venezolanos para aferrarse al poder?

Por Redacción @konzapata.- En la negociación oficial entre gobierno y oposición que tuvo su más reciente episodio este fin de semana en Santo Domingo, el tema de la ayuda humanitaria parece ser una de las principales piedras de tranca, a juzgar por los intereses que afecta.


Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional y coordinador nacional de Primero Justicia.

Por Redacción @konzapata.- Según las declaraciones de Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional, el Gobierno debería invitar al Palacio de Miraflores a la sesión planteada para el 15 de diciembre, a las familias que padecen el hambre y la escasez de medicinas”; en clara referencia al punto planteado para el diálogo, en que también se intenta avanzar en las condiciones electorales para los comicios presidenciales del año próximo.

En ese sentido, el ministro de Salud, Luis López, aseguró este fin de semana que el país no requiere ayuda humanitaria para garantizar medicinas a la población y que todo se trata de un empeño de la “derecha”.

Estamos hablando de un Gobierno que decidió sacrificar cualquier reconocimiento internacional -alienando incluso a algunos de sus aliados más cercanos en el proceso-, que dejó caer a niveles históricos sin precedentes la calidad de vida de la mayor parte de la ciudadanía y que hace caso omiso de los requerimientos mínimos para conservar su legitimidad política e institucional.

¿Por qué los chavistas están dispuestos a gobernar sobre una montaña de cadáveres?

No son sólo los 43 asesinados durante la represión de 2014 ni los más de 130 ejecutados en las protestas de este año. Son además los miles de enfermos crónicos sin tratamiento a los que no les llegó la dotación que ahora se pretende garantizar a quienes porten el Carnet de la Patria. Son los niños fallecidos por pavorosos cuadros de desnutrición. Son los trasplantados que pierden los órganos y perecen de mengua, los ancianos abandonados que van quedando sin familiares más jóvenes en el país, y aquellos ciudadanos que llegan a otros países sin nada en sus bolsillos, a merced de la caridad ajena. Son también las mujeres y niñas que se prostituyen por hambre dentro y fuera del territorio, y los profesionales calificados que emigran para entregarse al comercio informal en otras capitales.

En la lógica de la dialéctica comunista basada en las teorías del materialismo histórico, la violencia es la partera de la historia. Así pues, un costo traducido en vidas humanas como sacrificio para el reacomodo de una sociedad luce como un precio razonable desde el punto de vista teórico marxista, bien sea como vidas sacrificadas en una revolución violenta, o por hambrunas generadas por el hombre como en el holomodor de Ucrania infligido por Stalin o la gran hambruna de la Revolución Cultural de Mao.

Luis López, ministro de Salud.

Pero detrás de esta lógica del dogmatismo chavista hay inmensos negocios en que cada día más domina la alta oficialidad militar, encargada directamente de la distribución de rubros básicos y medicinas, y ahora con el control de PDVSA en sus manos. Hay un inmenso enjambre de intereses político-económicos, una nueva clase dominante de la economía y la mayor red de clientelismo jamás imaginada en época alguna, que aún recibe el grueso de las divisas que ingresan por concepto de la renta petrolera a una tasa cambiaria de 10 bolívares por dólar.

El esquema de dádivas, subsidios directos por medio de los CLAP, el Carnet de la Patria y las importaciones oficiales se conjugan en una red que pretende blindar una hegemonía que promete los elementos mínimos para subsistir a quienes se doblen en reverencia a la clase gobernante, y negar hasta lo más elemental a todos aquellos que se nieguen a hacerlo.

Con esta actitud, queda una vez más al descubierto la catadura moral del régimen, sus objetivos económicos que privan sobre cualquier otro interés y hasta dónde estarán dispuestos a llegar, por ahora, por conservar un poder cada día más efímero.