konzapata.com

El Gobierno y Nicolás Maduro no negocian sino que imponen

martes 06 de febrero de 2018, 15:00h
Por Pedro Benítez. @PedroBenitezF.- Es su estilo. Se nota demasiado que Nicolás Maduro y su gente están acostumbrados siempre a imponer su voluntad. Toparse con fuerzas superiores o una determinación contraria los crispa. Podrían usar la negociación para dar todo tipo de garantías a sus opositores y así normalizar la vida política venezolana; sin embargo, hacen exactamente todo lo contrario. Pese a que necesitan imperiosamente un acuerdo con la Oposición, no ocultan su objetivo de destruir al enemigo por otros medios.
Pedro Benítez.

Por Pedro Benítez. @PedroBenitezF.- Es muy fácil negociar cuando se le pone una pistola en el pecho a la contraparte. O al revés: Es muy difícil negociar si por el contrario se tiene la pistola en el pecho. La bolsa o la vida. Lo tomas o lo dejas.

En los procesos de negociación, por lo general, se suele desarrollar una mutua confianza entre las partes, una especie de complicidad sana. Cada una descubre que la otra quiere lo mismo lo mismo y las dos se ayudan mutuamente a conseguirlo.

Por lo visto no ha sido el caso de la reciente y accidentada etapa de negociación entre Gobierno y Oposición en República Dominicana. Acostumbrado a imponerse siempre y a despreciar a la otra parte, el chavismo/madurismo no oculta su estilo gamberro al punto de hacer crisis el mismo proceso. Ha recurrido a todo tiempo de presiones y en cada etapa introduce una condición que ha incluido el desconocimiento legal de la otra parte. La ilegalización de los partidos con los que está negociando.  Un modo de negociar muy duro que ha llevado a los cancilleres de México y Chile a retirarse del proceso.

Nicolás Maduro, Presidente de la República.

Todo esto tiene mucho que ver con su propia naturaleza.

Desde su primera victoria electoral, y a lo largo de sus 14 años de poder, Hugo Chávez siempre se planteó la política en términos de confrontación: los buenos contra los malos, los míos con los otros. Como una operación militar donde había que barrer al enemigo. La fórmula era simple, nunca la ocultó, la aplicó una y otra vez y siempre le funcionó.

Primero fueron los adecos, los copeyanos, los “40 años”, luego el “imperio”, más adelante la derecha apátrida y así sucesivamente.

Ninguna novedad. El marxismo-leninismo, el fascismo y el nazismo ya habían usado exitosamente la idea: identificar al enemigo, culparlo de todo y así construir una hegemonía (de eso se trata) sobre ese argumento.

Tareck El Aissami, Vicepresidente de la República.

La primera oferta electoral de Chávez fue barrer con el sistema político surgido del Pacto de Punto Fijo y con la “moribunda” Constitución de 1961, y la mayoría de los electores votaron por eso. Aunque luego muchos se arrepintieron, ya era tarde porque una vez que le puso la mano a todo el Estado, y a PDVSA, varió el esquema de confrontación: los pobres (la mayoría marginada) contra los ricos (la minoría privilegiada). Yo me quedo con Catia, que ellos se queden con Chacao.

Sobre ese esquema Chávez construyó su movimiento político y en esos términos “educó” a sus seguidores.

Aunque varios estudios de opinión afirmaron insistentemente que los venezolanos estaban hastiados de la confrontación y de la polarización, lo cierto (y paradójico) es que la mayoría votó una y otra vez por el promotor de la confrontación y la polarización.

O estás conmigo o estás contra mí. No hay términos medios. Le funcionó a Chávez y sus herederos consideran no tener motivos para cambiar.

Hoy el Gobierno quiere quedarse en el poder y la Oposición desplazarlo. Dos objetivos contradictorios, pero que no serían irreconciliables si el objetivo deNicolás Maduro y su grupo no fuera quedarse para siempre en el poder a toda costa. No es este un detalle menor.  Porque el oficialismo podría usar la negociación para dar todo tipo de garantías a sus opositores y así normalizar la vida política venezolana; sin embargo, hace exactamente todo lo contrario. Destruir al enemigo por otros medios.

KonZapata