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Dr. Efraín Hoffmann: “Las crisis son bienvenidas porque nos ayudan a encontrar la luz”

martes 24 de abril de 2018, 12:00h
Por Guadalupe Burelli @guadalupeburell.- Médico, creador del Sistema de Sanación Holística Hoffmann (SSHH), autor de numerosos libros y audiolibros entre los cuales destacan “Manejo integral de la salud y del estrés” y “Guía para un mundo confuso”. Es educador de un estilo de vida saludable, consciente e integrado con todas las facetas del ser: cuerpo, mente y espíritu. Aquí Hoffman señala que “La gente se enferma en principio por ignorancia e inconsciencia, no sabemos qué es lo que necesitamos, qué es lo que nos conviene, porque vivimos en una cultura que nos ha enseñado a buscar afuera lo que tenemos dentro”.
Por Guadalupe Burelli @guadalupeburell.- Hace más de treinta años el doctor Efraín Hoffmann convirtió la hacienda familiar y su lugar de nacimiento, en un centro de sanación al que acuden muchas personas en busca de curación y prevención de posibles enfermedades. La Hacienda La Concepción, cerca de Bejuma, estado Carabobo,  ubicada en un sitio perfecto por su clima y naturaleza,  constituye una experiencia única en Venezuela. Bajo la filosofía de la medicina holística, que integra múltiples terapias  en la búsqueda del equilibrio y en consecuencia, del bienestar, se ha formado un equipo multidisciplinario altamente comprometido con el enfoque medicinal de su creador, que participa junto con los pacientes, del estilo de vida que promueven. Está probado que los malos hábitos de vida son responsables directos de buena parte de las enfermedades que aquejan al hombre contemporáneo, y aquí la apuesta es por la reeducación hacia una vida más una vida plena. El lugar se mantiene contra viento y marea,  al tiempo que el doctor Hoffmann ha expandido su espacio de acción pues las nuevas tecnologías le permiten muchas maneras de comunicar virtualmente sus ideas y enseñanzas. En la actualidad alterna estadías en la hacienda con viajes por distintas partes del mundo donde atiende pacientes y da conferencias.

Dr. Efraín Hoffmann.

 -Doctor Hoffman, hablemos de los inicios de su formación en la medicina.

-Yo estudié medicina aquí en Venezuela, en la Universidad de los Andes. A los veinte años me fui a estudiar medicina después de haber tenido varios años dedicado a la música, al teatro, estudié filosofía en la Universidad Católica, música contemporánea con el maestro Antonio Esteves, con Jerry Weil, y ya tenía una serie de curiosidades hacia el mundo de lo esotérico, lo espiritual, lo místico, que me permitieron conocer la existencia de las medicinas alternativas antes, inclusive, de estudiar medicina. Por lo tanto, cuando me gradúo de médico ya yo tenía interés por estudiar las medicinas complementarias y tuve la oportunidad de recibir una beca que me llevó a Sri Lanka y a la acupuntura.  Al regresar de allá me vine para aquí a la hacienda, fui el médico rural del pueblo y mientras tanto trabajaba también en Valencia con dos médicos, también alternativos de mucha fama,  los más conocedores de eso en aquel entonces, que eran José Luis Baudet y Juan Castillo. Con ellos me formé en algunas otras cosas: terapia neural, aprendí la medicina electrónica, a hacer los sueros, entre otras  cosas, y practiqué la acupuntura.  Luego me fui a Caracas y me instalé en Chuao con el doctor Henry Pasos, compartiendo el consultorio: él en las mañanas y yo en las tardes y ahí empecé a trabajar mientras seguí estudiando. Hice algunos viajes a estudiar homeopatía, terapia neural, quiropraxia, plantas medicinales, medicinas tradicionales, todo lo que tuviese que ver con del mundo de lo complementario lo fuimos investigando y con eso se fue creando una visión de la medicina holística que la empezamos a implementar aquí en la Hacienda La Concepción en 1989. En ese momento me vi en la necesidad de crear un lugar donde llevar a las personas a entrenarse para facilitarles el proceso de cambio en estilo de vida, que era lo que a mí me resultaba más difícil y lo más frustrante, ya que la gente no hacía lo que yo le recomendaba  porque no lo podían hacer, entonces las traje aquí para enseñarles a cocinar, a hacer ejercicios, a respirar, a meditar, a que agarren el ritmo, que salgan de la flojera. De modo que creé el programa en el año 89, lo hacíamos con cierta frecuencia, una vez cada tres meses al principio, luego cada dos, luego cada mes, luego dos veces al mes.

-¿Cómo eran esos programas?

-Programas de diez días, hasta que ya más o menos en 1995 debimos abrir la clínica a tiempo completo todos los días del año y esí ha sido hasta el día de hoy.  No hemos cerrado nunca, hemos trabajado permanentemente, seguimos creciendo y hemos logrado mantenernos en tiempos tan difíciles como los que ha vivido nuestro país, sobre todo en los últimos cinco años, y bueno, seguimos haciendo un trabajo satisfactorio dentro de lo que cabe.

-Si buscaba su camino por los lados de la música, la filosofía… ¿cómo se produce el quiebre que lo hace irse a la medicina?

-Bueno, porque yo ya estaba en un proceso personal de búsqueda con un maestro espiritual, un psicoterapeuta, y en conversaciones con él advertí que todas las experiencias que hice con el teatro y con la música me llenaron y me dieron elementos, pero sentía que me faltaba algo, y en un momento dado, encontré mi vocación a través del servicio y escogí la medicina porque mi papá era médico, pero pude haber sido educador…

-Es decir que la medicina  no fue una pasión, una vocación inicial…

-En principio no necesariamente, aunque sí el ayudar, el ser útil de alguna manera  y entonces pensé que la medicina podía ser un buen instrumento para ayudar a la gente.

-Y desde que estudiaba medicina ya sabía a dónde se iba a encaminar…

-Por lo menos sabía qué me interesaba. Yo soy un investigador en términos generales: me gusta saber y conocer, y me di cuenta que en la universidad sólo me enseñaban una parte, había otras que no me enseñaron ahí y las tuve que buscar en otros lugares. La homeopatía y la acupuntura no me las enseñaron nunca, pero sabía que eso existía y no entendía por qué si estaba estudiando medicina no me enseñaban una medicina que ha sido practicada durante 4.000 años en tal cultura,  y la otra que tiene 200 años ya en Europa, por qué eso no lo enseñan…

-Pero lo curioso es que persistió dentro de la medicina tradicional y completó los estudios.

-Claro, me gradué para poder ser médico en Venezuela y poder ejercer aquí.

-Pero ¿nunca ejerció como médico tradicional?

-No, porque apenas me gradué me fui a estudiar acupuntura y cuando regresé ya era acupunturista.  Fui quizás el primer médico acupunturista que trabajó en una medicatura rural y me venía gente de otras comunidades cuando se enteraron de que yo estaba haciendo acupuntura y terapia neural. Empezó a venir gente de Montalbán, de Bejuma, de Canoabo, de todos lados, que no correspondían al distrito sanitario -porque la medicatura rural es una servicio del Estado- y ellos tienen otras medicaturas en otros sitios, pero venían a esta  por la acupuntura, porque se corrió la voz de que había alguien poniendo agujas.

-No tuvo ninguna resistencia en la zona, al contrario.

-No, yo no he tenido resistencias nunca, tampoco me han ayudado pero nadie me ha…

-Entorpecido…

-Ni me han enfrentado. Hay otros médicos que sí han sido enfrentados por el tribunal disciplinario del Colegio de Médicos por denuncias o reclamos. Pero sí hay anécdotas: en 2005-2006 yo le mandé una carta al Colegio de Médicos solicitando que se me avalase como clínica, porque tengo un instituto aquí, me dedico a la rehabilitación de adicciones, a la rehabilitación de pacientes con problemas cardiovasculares, mentales, y me dijeron que ellos no avalaban a las medicinas alternativas. Yo nunca usé la palabra alternativa en ningún lugar, sólo les dije que me dedico a este tipo de cosas y a este tipo de pacientes con este tipo de problemas, y me negaron el reconocimiento como clínica.

-Será que la medicina tradicional tiende a ver a la alternativa como algo poco serio o incompatible con ella… ¿Los programas de rehabilitación para adictos fueron concebidos desde el inicio?

-No, comencé con el programa llamado Plan Renovación, que era para cambiar el estilo de vida de quienes tenían obesidad, hipertensión, colesterol, estrés, gastritis, colitis, insomnio, o sea los problemas más comunes de todo el mundo.  Cuando la clínica se activó como un instituto permanente, fue que empezaron a llegar otro tipo de pacientes que no venían por diez días sino con otro tipo de problemas que ameritaban quedarse por más tiempo, y ahí fue cuando me llegó el primer paciente con adicciones,  el primer paciente con artritis, el primer paciente con cáncer y así, empezaron a llegar otras patologías que antes no llegaban, que yo las veía en Caracas en el consultorio pero no las hospitalizaba, entonces aquí empecé a hospitalizar gente.

-Por temporadas

-Por temporadas más largas, y fuimos poco a poco desarrollando el programa de adicciones y todos los programas que se han ido agregando a la vuelta de los años.

-¿Y por qué se enferma la gente?

-La gente se enferma en principio por ignorancia e inconsciencia, no sabemos qué es lo que necesitamos, qué es lo que nos conviene, porque vivimos en una cultura que nos ha enseñado a buscar afuera lo que tenemos dentro, a guiarnos por las pautas publicitarias en vez de las pautas que pudiéramos encontrar dentro de nosotros. Sabemos lo que nos gusta y lo que no nos gusta, pero no sabemos lo que necesitamos, por lo tanto cometemos muchos errores que nos llevan a excedernos o a experimentar carencias, y entonces nos intoxicamos, o tenemos carencias nutricionales, o vivimos al extremo ciertas emociones o ciertas actitudes, y nos enfermamos por el desequilibrio, el desbalance, que es generado por la ignorancia. Entonces, tenemos que cometer los errores por los que nos enfermamos, porque las enfermedades, los síntomas, son señales de alarma que nos indican qué necesito, qué conflicto interior tengo que no  he identificado, y todas esas cosas.  Por lo tanto, aquí no vemos a las enfermedades ni como un problema, ni como algo necesariamente malo, sino al contrario, las vemos como una condición muy valiosa para nuestra educación, para nuestro crecimiento, para nuestro aprendizaje. Como vivimos en un mundo materialista donde particularmente en este último siglo nos hemos ido alejando cada vez más de la espiritualidad, las religiones han ido perdiendo terreno y las nuevas generaciones viven en un mundo completamente tecnológico, deshumanizado, pues bueno, con más razón estamos viviendo un desequilibrio porque estamos ignorando nuestra realidad espiritual, cuando resulta que somos seres espirituales en una vivencia, en una experiencia corporal. Y es justamente la conexión espiritual la que le da sentido, propósito, a todas nuestras vivencias.  Entonces, si nosotros ignoramos lo espiritual estamos totalmente perdidos en la oscuridad, y la enfermedad es una llamada de atención para que despertemos.

-Y la medicina tradicional, obviamente, deja a la gente huérfana de esos recursos, no le da valor ése valor a lo espiritual, ni a las emociones…

-Porque además ni siquiera reconocen al espíritu todavía, nada más ven el caparazón, los síntomas, ni los efectos, ni las consecuencias, y por eso es una medicina totalmente efectista. Tú  llegas con un problema de tiroides y te dicen, “tómate esta pastilla” para restituirla, pero ni siquiera se preocupan en averiguar si tu tiroides puede funcionar otra vez, por qué dejó de funcionar, cómo la pudiéramos estimular, qué la inhibió… No se hacen esas preguntas, no van a solucionar nada, simplemente tómate esta pastilla para que te mantengas equilibrada, para que te mantengas bien; es una medicina totalmente simplista. Los médicos tradicionales chinos hablaban de que había tres tipos de médicos: el médico común y corriente que trata los síntomas, el médico más inteligente, más hábil, que trata los desequilibrios de la energía, y el médico más elevado te trata para que no te enfermes.



-Te mantiene sano…

-Te mantiene equilibrado, te mantiene sano, te mantiene en armonía para que no te enfermes.

-Y una vez escuché a uno de esos médicos de antes decir que no había paciente sin biografía, que la biografía era indispensable para entender al enfermo…

-La historia, que para nosotros es sumamente importante porque son una serie de elementos que conducen a un lugar, y cada uno de esos síntomas que han ocurrido a lo largo de tu historia están todos vinculados de alguna manera, no es que son enfermedades distintas, es el mismo ser humano que a lo largo de su historia, de su vida, de sus circunstancias, encuentra distintas maneras de expresarse, de comunicar, de manifestar su sentir, sus conflictos.

-¿Qué diferencia ve  entre sus pacientes de 1989 y los que recibe ahora, qué veía antes, qué ve ahora?

-Bueno, las patologías siguen siendo más o menos las mismas, sólo que antes la gente venía más para prevenir, tenía más dinero, mejor situación económica y podía darse el lujo de pasar una semana, una vez al año, para mantenerse sano, hacer un tratamiento desintoxicante, rejuvenecedor, y todo ese tipo de cosas. Ya a finales de los años 90, la misma gente no venía diez días sino cinco días, y ya en  2005 no volvieron más nunca, entonces empezaron a venir solamente personas enfermas, y hoy en día veo gente muy enferma. Parece que la gente viene ya cuando no puede más y están en condiciones bastante deterioradas. Supongo que también es que ya soy más conocido también, la gente cree más en mí, digamos que todas esas cosas pueden ser parte. ¿No? Pero también entendamos que Venezuela está viviendo una crisis bastante grande, y no sólo Venezuela, todos los países están en crisis. Si aquí los problemas tienen que ver con nutrición, con estrés, con bajo peso, entonces allá en Estados Unidos son por malnutrición, por obesidad, por temas cardiovasculares, porque tienen sobrealimentación y comen mal.  Entonces, a la hora de la verdad en el fondo es el mismo problema, la gente no se sabe alimentar adecuadamente, no tiene acceso a los conocimientos o no tiene acceso a los recursos y, bueno, la gente está mal en todas partes.  Yo viajo por todo el mundo y en todas partes encuentro gente con los mismos problemas; claro está que en Venezuela en los últimos años han sido terribles los problemas de estrés de los venezolanos, los niveles de desesperanza, de desilusión, y la carencia económica sobre todo en los últimos seis meses, un año, ha generado situaciones muy difíciles pues la desnutrición que se erradicó en los años 50 es un problema otra vez,  y hoy estamos viendo desnutrición severa en los niños y patologías difíciles de  sanar y ayudar, porque si la gente no tiene ni con qué comer ¿cómo vamos a hacer?

-¿Cómo se enfrenta una realidad tan avasallante y que depende tan poco de uno?

-Es bien difícil.  Requiere capacitarse; primero porque tenemos que cambiar nuestra mentalidad en muchos sentidos. El venezolano vive pidiéndole al gobierno azúcar, harinas blancas, pastas, aceite, y todas esas cosas yo las prohíbo normalmente. La gente hace colones inmensos por conseguir esos productos cuando ninguno  es un alimento con nutrientes verdaderos, más bien son productos que generan otro tipo de consecuencias para el organismo, entonces la gente tiene que reeducarse. Vamos a comer arepas, sí, pero que sean integrales, que tengan proteínas y otro tipo de sustancia, que si es nada más que la harina blanca del trigo o del maíz ahí no hay nada, lo que hay es almidón. Hagamos una harina con quinchoncho, con soya, con avena, con otra cosa integral, con quinua, entonces, sí le damos una arepa con una masa que es realmente nutritiva y estamos hablando de otra cosa diferente. Tenemos que reeducar a nuestro pueblo y enseñarle que no necesariamente tiene que comer frituras, sino que también se puede cocinar de otras maneras que son más saludables y no necesitas el aceite para nada. Se trata de encontrar alternativas alimentarias, más nutritivas, más saludables que en el fondo, es lo mejor que podría ocurrir. Hay gente que ha adelgazado maravillosamente gracias a la llamada “dieta de Maduro”… Ha sucedido con algunos empleados míos que no logré adelgazarlos nunca y la situación económica los ha llevado a eso. En ese sentido digamos que no es “tan negativo” el tema…

-Pero la gente lo ve como una pérdida y lo es, por la causa.

-Sí, porque no es opcional, es obligado, el tema es que es una imposición. Igual es el tema de las medicinas: mucha gente que estaba tomando medicinas para la tiroides no la consigue, y creían que a los seis meses se iban a morir y descubren que no la necesitaban: que “estoy viviendo perfectamente bien, tengo seis meses sin tomarla y estoy chévere”, o sea, estaba tomando algo que no necesitaba, y a mucha gente le ha ocurrido eso. Por supuesto que hay otros que sí dependían de los medicamentos y que se han muerto porque no tenían la medicina ¿verdad? Las dos cosas ocurren. Aquí mismo tengo distintos procedimientos terapéuticos que me permiten asistir y ayudar a esas personas a quitarle los medicamentos o a que aprendan a vivir sin ellos, y a que encuentren otras maneras de controlarse, aunque a veces se requiere del medicamento y no se consigue y eso nos tiene trabajando con las uñas.

-He conocido aquí mucha gente que en su mayoría no es la primera vez que está en La Concepción, dicen que esto es lo máximo, que no hay nada como estos tratamientos, pero llegan hoy pasados de kilos y con problemas de tensión, azúcar, colesterol, ansiedad, angustia… Me pregunto ¿hasta qué punto la gente de verdad logra internalizar la necesidad de vivir diferente?

-Yo pienso que la evolución de la conciencia es algo individual, no hay revoluciones que funcionen -y ninguna ha funcionado- porque no se puede hacer que evolucione la conciencia de grandes masas porque evolucionamos individualmente.  Así como en los colegios hay unos niños que pasan de grado y otros a los que raspan, bueno, así es la vida y así es la espiritualidad. Si se nos educa y se nos instruye, todos somos susceptibles de aprender y todos somos sensibles a educarnos y a crecer. Los seres humanos somos maleables y ése ha sido nuestro esquema de trabajo, un esquema educativo. Yo me dediqué a escribir libros y a esos libros convertirlos en audio-libros, en videos, en charlas, que doy ya no solamente aquí en Venezuela, porque gracias a los nuevos medios y a las redes internacionales, la charla que yo dé aquí la puede estar escuchando cualquier persona en el mundo entero.  Las cosas se han ido facilitando mucho ¿quién no tiene un teléfono hoy en día? Tenemos acceso a todas partes. Creo que el tema educativo va a ayudar a que la conciencia de los seres humanos se eleve y estando en la era de la comunicación, sólo tenemos que utilizarla para el fin adecuado, porque ha sido utilizada de manera tergiversada, manipulada, para que seamos consumidores, compradores, nos enfermemos para que después nos vendan las medicinas, hay toda una cultura que está sustentada en la enfermedad, en que la gente se enferme para que los negocios prosperen. La salud es algo que no le interesa a nadie salvo a ti mismo y a tus familiares.  Ya he empezado a lograr que algunas empresas entiendan que si sus empleados están sanos también van a rendir mejor, hay menor ausentismo laboral, puede haber mayor nivel de bienestar, mayor compromiso con la empresa, mayor identidad corporativa, todas esas cosas se pueden lograr, y ya hay empresas que me están contratando para yo brindarles los servicios de salud a nivel empresarial.

-Con el problema de desnutrición tan grande que hay han surgido muchas iniciativas personales y grupales para preparar y llevar comida a escuelas públicas, hospitales, ancianatos. ¿No ha sido como llamado a asesorar alguna de esas iniciativas en cuanto a nutrición?

-No. Personalmente a mí no me han llamado, pero nosotros somos hoy en día una academia y estamos inscritos en el Ministerio de Educación como tal  y tenemos programas, uno de ellos es formar promotores de salud integral y calidad de vida en los educadores -pues va dirigido a ellos. Igualmente formamos terapeutas holísticos, médicos holísticos además de otras distintas certificaciones que están dentro de nuestro proyecto.

-¿Por qué es tan difícil manejar las emociones? ¿Dentro de cada enfermedad hay una hay emoción mal atendida?

-Porque desde muy niños nos enseñan a reprimir las emociones: “no te arreches, no llores, cállate”, y entonces uno empieza a vivir reprimiéndose y  el organismo busca manifestarse o expresarse por medio de compensaciones o somatizaciones. Lo cierto es que a lo mejor lo que necesito decir nunca lo digo, entonces mi estómago habla por mí y él es el que está diciendo una cantidad de cosas que si yo tengo la capacidad de entender el idioma del estómago, te puede decir: “Lo que te quiero decir es óyeme, necesito cariño, necesito alguien que me escuche, ¿me puedes parar bola?” Ajá, pero no todos los médicos oyen eso, y lo que te dicen es que es un Helicobacter pylori, un tumor acelerado, vamos a darte un antibiótico, o tómate un Lexotanil para tal cosa y un protector gástrico, y dentro de un mes vienes; “ya estoy mejor doctor”, bueno, no tomes más nada… y dentro de dos meses, “aquí estoy otra vez doctor, estoy enfermo” y entonces: toma lo mismo. Y al tercer mes ya tú no vuelves al doctor, ya tú sabes lo que tienes que tomar, te auto medicas…y estás tomando eso toda tu vida hasta que ya eso no funciona, y entras en crisis porque va a llegar un momento en que las medicinas no te van a hacer efecto, porque lo que están es tapando un volcán, no es que estás enfriando un volcán, sino que le están es poniendo un hielito por encima, y entonces un día ¡explota el volcán!

-Es curioso que en general la gente tenga mucho más miedo a enfrentar sus emociones que a enfrentar su enfermedad como tal, y se maneja con más comodidad en una clínica, en un consultorio, haciéndose mil exámenes, que tratando de ver qué pasó ahí…

-Sí, porque no es práctico; nosotros estamos comprometidos es con el logro, con el dinero, con el actuar, con el producir, sobre todo los hombres, porque las mujeres se dedican un poco más al cultivo personal, a investigar las cosas espirituales. De hecho,  a las charlas mías van 90% mujeres y 10% hombres….

-Justamente le iba preguntar qué diferencia ve entre los pacientes hombres y las mujeres.

-Tú ves ahí quiénes me están viendo por Instagram, 90% mujeres, 10% hombres. Es que el hombre está más comprometido con el hacer mientras que la mujer está más comprometida con el ser, pero como las mujeres también compiten con los hombres, muchas han virado hacia el mundo del hacer y también han descuidado el ser. Los hombres están más comprometidos con el hacer a menos que esté enfermo y eso se lo impida. El hombre se dice: yo no me involucro en nada de eso yo estoy en otra cosa, la espiritual es mi mujer, que vaya ella a eso, que vaya al psiquiatra, yo no tengo ningún problema, yo estoy aquí echándole bola…

-¿Quiere decir que es un tema cultural?

-Sí. Pero con el progreso, como las mujeres han irrumpido en el ambiente laboral de los hombres y los han desplazado, y de hecho han resultado mejor que los mismos hombres en muchas cosas, a lo mejor ahora a los hombres les toca quedarse en la casa a cuidar a los niños y hacer otras cosas…

-¿Cómo ve a Venezuela desde aquí?

-Yo al país lo veo en una profunda crisis, y considero que las crisis son bienvenidas porque nos ayudan a encontrar la luz. Las crisis significan que si seguimos por donde estamos nos destruimos, pero también significan una oportunidad de cambio así que estamos ante las dos alternativas: nos destruimos o cambiamos.  Podemos aprovechar esta oportunidad para identificar qué es lo que hemos hecho mal en el pasado, como, entre otras cosas, vivir cómodamente de las rentas del petróleo. Tuvimos un papá Dios que nos dio petróleo y riquezas mineras y nosotros no teníamos que trabajar, traíamos a otros para que lo hicieran, hemos sido unos flojos en términos generales, hemos vivido del gobierno acostumbrados a que nos den todo. Entonces, como nos acostumbró el gobierno a darnos el pescado y no a enseñarnos a pescar, cuando ya el mismo gobierno no tiene pescado para darnos que es lo que está ocurriendo ahorita, nos las tenemos que ingeniar.  El pueblo vive en unos niveles en los cuales cada día se está desnutriendo más y comiendo menos, pero hasta a eso uno se acostumbra, porque el hambre lo que te va produciendo es un marasmo, te va debilitando y te va haciendo perder la combatividad.  La gente simplemente se va muriendo de inanición, porque no tienen fuerza para pelear, ni hacer una marcha. Entonces está ocurriendo que la gente está robando, atracando, yendo a las cosas fáciles, y  entre los que están en el poder como bien sabemos todos, hay un gran nivel de corrupción, igual que en cualquier otro país, sólo que en otros países al menos hay mecanismos que luchan entre ellos y mantienen un equilibrio.  Aquí no, aquí hay un solo poder, un solo gobierno, aquí no hay oposición, aquí no hay manera de darle feedback…



-No hay balance

-No hay balance sino más bien una total arbitrariedad, y estamos en manos de una cantidad de personas que ya sabemos cómo manejan las cosas, a punta de dinero mientras todo está cayéndose a pedazos en un “sálvese quien pueda”. ¿A dónde vamos a llegar? Vamos a llegar al llegadero, y cuando lleguemos al llegadero, habrá instituciones como la nuestra que ha mantenido una imagen, una visión, una filosofía que tal vez logre mantenerse a flote, y si llegamos a estar a flote en ese momento, seguramente contribuiremos a la recuperación, al resurgimiento y al crecimiento  de un país que habrá aprendido de sus errores y que no los repetirá, y el pueblo habrá entendido que tiene que trabajar, que tiene que sembrar, que tiene que producir, porque no tendrá ni a quién robar.

-Si el conflicto hoy en día es generalizado ¿todos los estratos de la sociedad enferman por igual?

-Sí, todos los estratos se enferman por igual…

-¿Hasta los que uno cree que están bien porque están en el poder?

-Unos están enfermos por hambre y otros por gula: unos porque tienen y otros porque no tienen. Y los poderosos también están podridos de enfermos, gordos, con triglicéridos, lo que pasa es que se bandean con un poco de pastillas hasta que revienten, porque no tienen el nivel de conciencia para manejar el poder, que es un arma de doble filo para todo el que la usa: el primero en cortarse es uno mismo, así que todas esas personas van colapsando poco a poco.

-Entonces diría que Venezuela es un país enfermo colectivamente.

-Sí. Es un país enfermo. El planeta está enfermo, no es que Venezuela esté más enferma que otros países, sino que es una patología que a lo mejor es más notoria, más evidente. Nosotros estábamos acostumbrados a vivir en un nivel estándar muy diferente a como es ahora, pero los colombianos vivieron esto, y los argentinos vivieron esto, hay muchos países que han vivido esto porque tuvieron crisis económicas y estaban pobres y tuvieron que trabajar, y luego han resurgido porque la agroindustria se ha desarrollado y la gente ha elevado su nivel, y hoy en día son grandes potencias producto del trabajo, no de la riqueza: Argentina, Chile, Brasil, Colombia. Bueno, nosotros tenemos el mismo camino que recorrer. ¿Cuánto les costó a ellos, 30 años? Bueno, a nosotros también nos va a costar 30 años.

-¿Y cuán resiliente puede ser la gente? ¿Se puede agotar?

-La resiliencia es la que nos puede hacer fortalecernos ante las adversidades, pero eso sí, no todo el mundo es igual: hay quien tiene las habilidades para ser flexible, adaptarse y para resistir, y hay quien no resiste más, o no se puede doblar más y se quiebra. El que se quiebra se quebró y se murió “pal carajo”,  y los demás subsisten y se aplica la ley de la selva: la supervivencia del más apto, la limpieza genética va creando  seres humanos resistentes.

-¿Qué quedará después?

Gente resistente, resiliente, capaz de echarle bola, y eso es en lo que aquí trabajamos: en ayudar a la gente a desarrollar la resilencia, a hacerse más fuerte, a hacer mejor uso de los recursos que tenemos que todavía hay suficientes. Lo que pasa es que hace falta inteligencia, inventiva. Ahora, los venezolanos se van a otros países a competir en desventaja con la gente nativa de esos países porque allá ellos son los profesionales, y de aquí se van los profesionales para no poder serlo allá porque no pueden hacer las reválidas –muy pocos- y entonces tienen que trabajar de mesoneros, de taxistas, en una cantidad de oficios que aquí no harían pero que allá los hacen, porque por lo menos ganan en dólares o en una moneda superior al bolívar, que les permite hasta mandarle plata al papá y la mamá que están en Venezuela. Eso le ha pasado a tantos países en otros momentos históricos: los colombianos, los italianos, los españoles y muchos que otros venían para acá. Con el pasar de los años estos emigrantes venezolanos irán logrando estabilizarse, haciendo las reválidas, empezando a trabajar y a triunfar, porque a la hora de la verdad de los venezolanos que se están yendo de aquí, muchos de ellos son gente muy capaz. Hay una fuga de talentos de todos los niveles en Venezuela, médicos se han ido por lo menos de 15  a 20 mil de alto nivel, igual que en todas las profesiones, entonces muchos de ellos están muy bien preparados, son verdaderas lumbreras que donde sea que lleguen van a brillar, y están elevando el nivel del respeto que tendrá la gente hacia el venezolano en esos países, aunque ahorita nos odian en todos lados.

-Quizás nos ven como invasores…

-Sí, como invasores.  Y hay alguna gente que anda pelando bola y se atreven a robar y hacer cosas indebidas que aquí creían que las podían hacer sin problema, pero allá s los agarran inmediatamente porque hay cámaras y detectores. Quizás estamos desprestigiados en muchos países, pero dentro de algunos años se darán cuenta que venezolanos valiosos van a resaltar y van a brillar en las comunidades, y van a haber profesionales altamente respetados en todas partes, haciendo una labor que no la hubieran podido hacer aquí.

-En este momento no…

-Ni en este momento ni en ninguno, ha habido mucho apoyo para la ciencia, para la tecnología, tú sabes que estamos en un país consumista, no productor, no hay industria de nada, entonces en otros países pueden trabajar con la empresa tal, con la industria cual, con la investigación de no sé quién. Ya vas a ver cómo dentro de 12, 15 años,  la gente va a tener respeto por el venezolano.

-Es una pérdida demasiado grande para un país que se dé el lujo de botar a sus mejores gentes.

-Bueno, en algún momento algunos regresarán, otros no volverán más nunca porque ya hicieron sus vidas allá con sus hijos, su nietos, se acostumbraron. Después de todo habremos contribuido a enriquecer a otros países y a elevar el nivel, a que haya areperas ahora hasta en Japón, y que haya cachaperas en todos lados, y empiezan a descubrirse cosas que estaban restringidas en Venezuela  a un pequeño sector porque no teníamos un turismo receptivo y no nos hemos sabido vender; pero ahora el venezolano está vendiéndose porque no le queda otra que vender lo que sabe hacer. Así como la pizza llegó a ser conocida en todos los rincones del mundo, así la arepa y la cachapa van a estar en todos lados…

-La suya es otra visión menos dramática de la Venezuela de la diáspora. Pero usted apuesta por quedarse aquí… ¿Cómo se maneja el estrés fuera de este oasis?

-Llevándose las herramientas que son instrumentos para el control del estrés como  la buena alimentación y el ejercicio, repitiendo lo que aquí hicieron, entendiendo que hay un estilo de vida que nos enferma y otro que nos sana, y que necesito hacer un viraje a un estilo de vida saludable. Incluso, pueden seguirme por las redes, y aceptar un reto que se llama: “Cambia tu estilo de vida” porque ésa es la principal causa de todas las enfermedades.



-Estamos tan condicionados para reprimir nuestras emociones, que ¿qué pasaría si todo el mundo empieza a sacarlas para afuera en un momento como éste?

-Bueno, que el nivel de violencia aumenta porque muchas de las emociones que tenemos son frustración, impotencia, y eso genera rabia, y la rabia llega a un nivel de tolerancia y la gente pierde la compostura y nos hacemos más violentos. Ayer cuando alguien era violento quizás tenía la capacidad de callarse, comprender y bajar la cabeza, hoy en día agarra un palo y le da un coñazo al otro…

-Pero soltó su emoción…

-Soltó su emoción y el otro soltó un chorro de sangre.

-Exacto.  Y entonces, ante eso ¿cómo hacemos?

-Pues uno irá preso y el otro para un hospital. Y después veremos si cada quién aprendió su lección: el que habla lo primero que le sale por la boca aprenderá a comedirse, y el otro aprenderá a controlar su furia. Y es que tenemos que aprender a ser responsables de nuestra vida y, como te digo, no es sólo Venezuela, es el mundo entero. A mí me parece muy bien que los venezolanos sepamos que estamos en crisis, pero no podemos ignorar que la crisis es mundial. Queremos decir que la crisis es el gobierno, que la crisis es que no hay oposición, y es que la crisis la hemos creado todos, somos todos completamente responsables de lo que pasa aquí desde hace 50 años o 60 años. Entonces, es hora que asumamos nuestra responsabilidad con la naturaleza, nuestra responsabilidad en que hemos acabado con todo el país. Yo acabo de venir de Filipinas, y viajé por cuatro islas distintas y la preservación de la naturaleza con 80 millones de habitantes es algo maravilloso, increíble cómo está todo tupidito. Aquí está todo quemado, y lo que tenemos son 200 años de cultura, mientras ellos tienen 2.000 y han valorado cosas que nosotros todavía no entendemos ni valoramos. Ya no hay agua en los ríos del centro del país, ya no hay agua en el subsuelo y va a llegar un momento en que las crisis no las vamos a poder superar, problemas ocasionados porque se tienen 20, 25, 30 años haciendo las cosas mal. Hace 30 años teníamos que haber tenido programas de reforestación continuos y haber recuperado el agua del centro del país, porque si lo empezamos a hacer ahorita será para dentro de 30 o 40 o 50 años que se vean los resultados. Ya es tarde para todo, pero nosotros andamos en otro tipo de rollo…

-¿Conserva esperanza para Venezuela?

-Claro que tengo esperanza, pero esperanza de que se convierta ¿en qué?

-De que realmente hayamos aprendido, de que cambiemos, de que recuperemos la conciencia colectiva…

-Vuelvo y te digo, considero que todos los países están viviendo una crisis, estamos en una crisis mundial. Yo creo que la crisis está en todas partes sólo que cada quién la experimenta de una manera distinta. ¿Dónde estamos? En un nivel de inconsciencia colectiva, en un nivel donde los preescolares están dirigiendo los países en vez de dirigirlos los universitarios, los graduados. Los están dirigiendo niñitos con esas emociones que tú dices, egoístas todos, de quítate tú para ponerme yo, y yo soy el bueno y tú eres el malo, y si estás contra mí eres mi enemigo. Estamos a ese nivel de conciencia inmadura. Entonces, ¿esperanza? Hay esperanza pero no de que mejoremos, de que empeoremos y que dentro de ese empeoramiento crezcamos y maduremos.

-¿Individualmente?

-Sí,  que sigamos creciendo y maduremos y entonces sí hay esperanza de que estemos bien, porque mi bienestar no puede depender de afuera, eso es lo que tengo que aprender: el bienestar viene de adentro y yo tengo todo lo necesario para estar en paz y en equilibrio si bajo mi nivel de aspiraciones, si bajo mi nivel de exigencias, si aprendo a vivir más austeramente. Estamos hablando de los recursos espirituales y de aquello  que Cristo decía: “Mi reino no es de este mundo”. Entonces sí, hay esperanza.

-¿Cómo quiere  ser recordado?

Quiero ser recordado en la medida en que las cosas que he aprendido y he enseñado, se divulguen y lleguen a más personas y las personas puedan llevarlas a sus vidas y vivir unas vidas más dignas, más plenas, más satisfactorias.

KonZapata