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¿Hará el gobierno de Maduro con Banesco lo que hizo el gobierno de Chávez con el Banco de Venezuela?

jueves 10 de mayo de 2018, 17:00h
Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz - Por supuesto que toda intervención bancaria desata temores. Entre los ahorristas. Los clientes corporativos. Entre los banqueros allende el banco. Entre el banquero dueño. Entre los empleados y los ejecutivos. Pero al contrario, ¿a quién no le atrae ser interventor de banco? Los  interventores se aferran al cargo. Los interventores encuentran problemas donde no los hay. Y siguen allí. Se enquistan en los puestos.  Banesco es la joya de la corona. Banesco es un trono. ¿Quién no quisiera estar en ese trono?
Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz - En el último tramo de la República Civil, en el segundo mandato del gobierno de Caldera, se hizo fiesta con los bancos intervenidos. En los bancos estatizados por Hugo Chávez, también se hizo fiesta. Y se hizo fiesta en bancos que ya estaban en poder del Estado, tal cual fue el caso de Banfoandes, solo para nombrar uno solo, en el que ejerció poder desde la Tesorería Nacional el teniente Alejandro Andrade, hoy refugiado en los Estados Unidos.

Hugo Chávez, ex presidente de Venezuela.

Claro que en Banesco hay temores. Hasta ahora se ha dicho que es una intervención limitada a 90 días.  No es una estatización. Sin embargo, la inquietud reina temiéndose que el periodo vaya a más. Y ya se sabe lo que ocurrió con el Banco de Venezuela. ¿Cómo lo recibió el gobierno de Hugo Chávez? ¿En qué condiciones lo dejó el  Banco Santander? Sano. Con tecnología de punta. Con un personal moralizado. Con prácticas de buen gobierno. Con una cultura corporativa que venía de una tradición centenaria porque, además, el Banco de Venezuela  fue una  escuela  de banqueros venezolanos, de ejecutivos venezolanos. De hecho, cuando el  Santander vendió la propiedad, un nutrido grupo de ejecutivos se acogió, con éxito, a un plan de trabajo en Madrid,  en la sede central del grupo español. Después llegaron las prácticas malas. Las comisiones por los créditos. El pago por depósitos. El clientelismo interno. La utilización de las ganancias del instituto para gastos corrientes del gobierno central. A los pocos meses escaseaban  hasta las planillas de retiros y depósitos. La red de cajeros envejeció. Colapsaron los sistemas. Se formaban grandes colas en las agencias. Y el Banco de Venezuela dejó de ser el Banco de Venezuela. De allí el apetito del gobierno de Nicolás  Maduro por Banesco.

No deja de ser irónico que el primer gran banco que destruyó el chavismo fue el Banco de Venezuela, precisamente la entidad con la que Juan Carlos Escotet levantó fortuna a principios de los años 90 producto de una OPA que lo dio a conocer, que lo ubicó en primera línea en la Bolsa de Valores de Caracas y el sistema financiero, que lo convirtió en modelo de toda una generación de corredores y aspirantes a banqueros,  y que lo condujo a la banca, a ser dueño de banco, a ser banquero, con la adquisición de Bancentro al que  luego transformó en  Banesco. La historia ofrece estas vueltas. Y no hay que ignorarlas.

Con Chávez, el Banco de Venezuela se convirtió en un  caso. Una operación desastre. Pero no es que pasaron años para que comenzaran a aparecer los síntomas. Los problemas surgieron de inmediato. Sin embargo, Hugo Chávez hizo poco por detener lo que estaba ocurriendo. No había transcurrido una semana del abordaje del Banco de Venezuela, comprado al Grupo Santander en mayo de 2009, y ya los operadores movían las teclas especulando con los fondos públicos. Según revelaba, léase  bien, el propio Chávez,  el nuevo presidente de la entidad, Eugenio Vásquez Orellana, lo había llamado y le había contado de las presiones de funcionarios medios para obtener ventajas de las colocaciones de los dineros en principio destinados a obras públicas.

–Están pidiéndole al banco algo que no debe hacer y no lo va a hacer, pagar intereses por encima del promedio, o como lo llaman, especulativos –decía Chávez.

Juan Carlos Escotet.

Según señalaba, eran funcionarios medios de una gobernación bajo el mando de un gobernador chavista. Chávez no podía estar descubriendo el agua tibia, pues ese lunes 13 de junio de 2009 debía estar más que enterado de esta vieja práctica de la corrupción, el mismo esquema que 10 años antes, su ministro de Interior, Luis Miquilena le advirtiera, apuntándole cómo ocurría, cuánto rendía y cómo se podía combatir, ante lo cual él nunca tomó medidas ni de control ni disciplinarias.

Ahora se rasgaba las vestiduras explicando cómo funcionaba el esquema, sobre todo, decía, en los bancos medianos y pequeños que ofrecen más intereses por captar depósitos del Estado. Y esos dineros, afirmaba, miles de millones de bolívares, «en vez de estar convertidos en viviendas o en proyectos de la gobernación, están en un banco privado, cobrando altos intereses y enriqueciendo a una minoría». En efecto, enriquecía a la minoría de operadores, a jerarcas del gobierno y a traficantes profesionales del dinero. Y al cabo de una década, ya se saben las consecuencias, y son conocidos los beneficiarios. ¿Pero qué hizo Hugo Chávez? ¿Qué hará Maduro si la historia se repite en  Banesco? Lo peor es que la práctica del tráfico de depósitos estaba ocurriendo en el Banco de Venezuela. ¿Lo sabía el espionaje cubano que lo sabe todo?

–El dinero está ganando intereses, pero no para el pueblo, sino para el bolsillo de corruptos privados y públicos –agregaba.

¿Era práctica nueva? No. ¿Estaba Chávez enterándose del mecanismo? Tampoco. ¿Qué podía pensar quien lo escuchaba hablar con tanta propiedad? ¿Por qué no había actuado en todos esos años? Llevaba una década en el poder. ¿Por qué no había tomado medidas contra las mafias de traficantes de dinero que se habían hecho grandes, poderosas y más numerosas? ¿Acaso debió esperar Hugo Chávez a tener el control del Banco de Venezuela para hacer la advertencia? ¿Y si sabía quiénes eran los que habían llamado a la entidad por qué no procedía con todo el peso de la  ley?

Y no procedió. A pesar de que la información le llegaba del propio presidente del Banco de Venezuela, quien abandonó el barco al poco tiempo. De modo que sonaba hueco el discurso dirigido a la galería que lo escuchaba en Aló Presidente, puesto que la exhortación al ministro de Interior, al vicepresidente de la República, y al ministro de Defensa, de «atacar a fondo el problema», no podía corresponder a alguien comprometido con la lucha anticorrupción. Al contrario, ¿por qué no estaban detenidos los funcionarios?

Es más, por qué debía esperar que los mismos recursos en vez de ir al Banco de Venezuela se desviaran a otro banco, pero privado, y entonces sí  actuar en consecuencia. O sea, si la práctica se desarrollaba en el Banco de Venezuela no se actuaba con el peso de la ley, se limitaba a un discurso,  a ese discurso; pero si se producía en un banco privado, entonces sí. De hecho,  Chávez dijo:

–Si los colocan en otro banco investigaremos a esa entidad –Lo afirmaba a lo mejor sin percatarse de la gravedad de la frase. O a lo mejor sí lo sabía, puesto que también confesaría en varias ocasiones que ya había aprendido bastante de finanzas.

Nicolás Maduro, Presidente de la República.

¿Por qué esperar si habían quedado al descubierto los operadores y los funcionarios? ¿Acaso Vásquez Orellana no había sido contactado y conocía los personajes? ¿Acaso no estaba detectada la gobernación chavista? ¿Y por qué hacer la advertencia en ese momento? ¿Desconocía lo que ocurría con las otras gobernaciones? ¿Y con los recursos del estatal Banfoandes? ¿Y del estatal Bandes? ¿Y la Tesorería Nacional? ¿Y los ministerios y los organismos de la administración centralizada? ¿Era hasta entonces que le preocupaba lo que denominaba un «indicador muy fuerte de corrupción»?

Hay que fijarse en un detalle: ese era el tiempo, mediados de 2009, en que los grupos boliburgueses andaban de compras masivas de bancos y aseguradoras. Si el Gobierno hubiese actuado a tiempo con toda seguridad la hemorragia se habría detenido y el costo de las quiebras y las intervenciones bancarias seis meses después, no le hubieran costado al país entre 7.000 y 8.000 millones de dólares. Pero Chávez no actuó. Dejó que la corrupción avanzara.  Hasta el punto que Maduro confiesa después que la corrupción se va a tragar a la República. Y se la tragó. Ahora, surge la pregunta, ¿qué pasará con Banesco?

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