konzapata.com

Roberto Patiño: No hay nada más injusto que un niño que no come

miércoles 30 de mayo de 2018, 13:00h
Por Guadalupe Burelli @guadalupeburell.- Descubramos a Roberto Patiño. Lo que piensa. Lo que hace. Es Ingeniero egresado de la Universidad Simón Bolívar con posgrado en Políticas Públicas de la Universidad de Harvard y fundador de los programas Caracas mi Convive y Alimenta la Solidaridad que buscan generar respuestas a los problemas de seguridad.
Por Guadalupe Burelli @guadalupeburell.- Roberto Patiño, 30 años, es uno de los jóvenes que insurgió en el mundo de  la política venezolana  a partir del cierre de Radio Caracas Televisión. Forma parte de esa nueva generación de líderes que nacieron a la vida pública con el Movimiento Estudiantil. Algunos de los muchachos que lideraron las primeras expresiones del movimiento, y continuaron haciendo política con evidente compromiso, están hoy perseguidos y exiliados.  Roberto, con su equipo, ha desarrollado un trabajo de base en comunidades ubicadas al oeste de Caracas, donde combina acción social con acción política, desde una filosofía que busca romper los patrones de dominación y populismo  brindando alternativas de autogestión y corresponsabilidad en la solución de los problemas. En estos tiempos de buscar el futuro fuera de nuestras fronteras, Patiño se compromete cada vez más con  Venezuela, apostando a producir los cambios desde abajo, de manera de irnos haciendo una sociedad más responsable, más consciente, más solidaria.



-Tú formas parte de la llamada generación del 2007 que constituyó un parte aguas: el antes y después de la participación de los jóvenes en la política contemporánea. Hagamos tu recorrido desde entonces.

-Cuando entré en la Universidad Simón Bolívar en el 2006, venía con mucho interés de participar en los temas de la representación estudiantil, y recuerdo que ese año fui a una asamblea que habían convocado y cuando llegué había 10 personas a lo sumo: la USB se conocía no sólo por su buena calidad académica sino también por la apatía de sus estudiantes en cuanto a los temas del país. Pero cuando Hugo Chávez decide cerrar RCTV  en mayo de 2007, hubo una explosión  en la participación estudiantil, como en todas las universidades, de la cual fui partícipe. Luego de eso nos enfrentamos al tema de la Reforma Constitucional, y en ese entonces ya yo estaba con la inquietud de poder vincularme con los sectores populares para entender por qué el chavismo tenía en esos sectores tanto apoyo, qué era lo que realmente la gente estaba viendo en ese proyecto que los atraía, a pesar de los evidentes signos y elementos de autoritarismo que se estaban observando. Después fui presidente de la Federación de Centros de Estudiantes, creamos un proyecto llamado Voto Joven para incentivar ya no solamente la participación de los jóvenes en la política,  sino también la participación electoral. Dijimos: protestar no es suficiente, tenemos que votar, tenemos que movilizarnos y organizarnos, y eso me llevó a que en 2011 cuando estaba terminando la universidad, Henrique Capriles que era el gobernador de Miranda, a quien no conocía personalmente, me invitó a que fuera el coordinador de los jóvenes a nivel nacional en su campaña presidencial. Yo no formaba parte de ningún partido y eso fue una experiencia para mí muy significativa, compartí ahí con muchos de los jóvenes con los que había compartido el liderazgo estudiantil: Juan Andrés Mejías de la Simón,  David Smolansky,  Andrés “Chola” Schoeleter, Freddy Guevara de la Católica,  Stalin González, José Manuel Olivares, Miguel Pizarro de la UCV, y todos salimos a recorrer el país.

-¿Qué encontraste?

-Yo visité más de 200 pueblos por toda Venezuela. ¡La visitamos de cabo a rabo! Cuando te digo más de 200 pueblos, te digo que estuvimos en Ospino, Portuguesa, pero también estuvimos en Pariaguán, estado Anzoátegui, en Güiria, estuvimos en El Amparo, en Cojedes, estuvimos en Churuguara, en Falcón, llevando el mensaje y tratando de movilizar a la gente a favor de este proyecto, y una cosa que me impactó mucho en esa experiencia fue la desconfianza que percibí hacia la política. Una frase para mí muy lapidaria  fue  “no te creo”. Yo decía, qué sentido tiene todo este esfuerzo de visitar tantos pueblos por toda Venezuela para llevar un mensaje si hay un problema tan profundo de credibilidad. Me empecé a cuestionar si estaba perdiendo mi tiempo.

-¿Qué pasó después?

-Al finalizar la campaña, parte del proceso de reflexión posterior me llevó a tomar dos decisiones. La primera, fundar una organización social que es Caracas mi Convive. Ya teníamos un trabajo previo de articulación en los sectores populares creando muchas relaciones personales, en particular en La Vega, pero queríamos formalizarlo. Uno: para trabajar desde ese espacio con personas de diferentes tendencias políticas y que la polarización no nos cerrara la puerta a realizar proyectos en conjunto, para construir confianza también con aquellos que han apoyado al Gobierno y, dos: para cambiar el paradigma, y en vez de visitar 200 pueblos, más bien visitar 200 veces la misma comunidad, de manera de desarrollar relaciones de confianza con sus habitantes, hacer proyectos con frutos tangibles que pudieran  expresar lo que es nuestra visión de país, explicar por qué nos estamos enfrentando a este proyecto que está en el poder, y a qué es lo que nosotros le apostamos que mucho más que palabras, son acciones. La segunda decisión que tomé fue entrar en Primero Justicia porque, por un lado creo que la solución a los graves problemas que vivimos en Venezuela tiene que ver con el tema social, pero creo que tiene que ver también con el tema político, y yo creo en la democracia y ésta se construye a través de los partidos.

-¿Por qué Primero Justicia?

-Por una razón ideológica en el sentido de que ese partido tiene entre sus razones fundacionales el valor de la subsidiaridad, que para mí es un valor muy importante. Y es que los problemas sean resueltos en las instancias más locales, y que se apueste por tanta sociedad como sea posible y necesario. Cuando hablamos de sociedad, estamos hablando de las organizaciones de base, de los distintos sectores e instituciones de la sociedad civil, que tienen que tener un rol protagónico en la vida nacional para que el país pueda salir adelante.

-Dos decisiones que definieron un nuevo rumbo en tu vida.

-Sí. Esas dos decisiones me llevaron a emprender un camino de activismo de base que es en lo que realmente yo creo: que la construcción de una alternativa para el país pasa por la organización de base. También pienso que es fundamental la preparación, y a finales de 2013 tuve la oportunidad de salir a hacer estudios de posgrado en Políticas Públicas en la Escuela Kennedy de Gobierno de la Universidad de Harvard. Durante todo el primer año estuve viendo muchas clases, fui asistente de investigación y preparador en la clase de microeconomía, pero tenía que tomar la decisión de cuál iba a ser mi enfoque para el segundo año que es cuando haces la tesis. Eso coincidió con que en 2014 estaba aterrizando aquí en Venezuela pues venía a visitar a mi familia, y recibí una llamada de mi hermana menor diciéndome que mi papá estaba secuestrado. Creo que lo habían secuestrado mientras yo volaba hacia acá, y eso para mí fue una experiencia muy estremecedora, muy dolorosa… Ya habíamos vivido algo similar con mi hermana que había sido víctima de un secuestro express en   2007, pero en esta oportunidad duró más horas y al final, gracias a Dios no fue a mayores, pero para mí fue muy impactante saber que todo apuntaba a que quienes lo habían hecho habían sido policías, entonces ya no era solamente la dinámica de destrucción social, sino que dentro el mismo Estado había elementos que se comportaban como el crimen organizado, como bandas. Entonces decidí especializarme en el tema de Seguridad Ciudadana. Mientras yo estaba afuera, Caracas mi Convive seguía activo dirigido por el cofundador que es Leandro Buzón.

-¿Pero Caracas mi Convive no comenzó para tratar el tema de la inseguridad?

-No, inicialmente era una organización que trataba muchos temas, pero fundamentalmente era de apoyo a las comunidades organizadas, en un principio no tenía ese enfoque tan fuerte hacia el tema seguridad. Estando afuera y especializándome sobre este tema, pude conocer muchas experiencias relativas a la reducción de violencia en Latinoamérica y Norteamérica. Tuve la oportunidad de patrullar con la policía en Filadelfia y ver cómo hacen los patrullajes preventivos enfocados en los puntos calientes; tuve la oportunidad de reunirme con un grupo de personas que habían estado presas en Chicago, y ver cómo les generaban oportunidades laborales pero al mismo tiempo, claridad de que si volvían a reincidir iban a perder ese beneficio; tuve la oportunidad de reunirme con el equipo del alcalde de Los Ángeles, donde han tenido también una reducción muy significativa del problema de las maras. Después estuve también en Centroamérica: en San Pedro Sula, en Guatemala, en San Salvador, en Medellín, en Río de Janeiro, reuniéndome con los especialistas de la región que conocen el tema, absorbiendo experiencias.

-¿No te planteaste quedarte fuera?

-Al finalizar el posgrado se me presentó una encrucijada:  tenía la visa para quedarme trabajando en los Estados Unidos donde tenía varias propuestas de trabajo porque había hecho esta investigación que había sido muy reconocida, pero para mí pesaron dos cosas que fueron muy significativas a la hora de querer regresar: la primera, mi identidad, yo soy de aquí, me siento de aquí y aquí está la gente que yo amo, aquí están mis vivos y aquí están mis muertos, mi historia y mi deseo de contribuir y de trascender están vinculados a esta sociedad. Y segundo, un sentido de responsabilidad también, porque estudié en una universidad pública y siento que si quienes hemos tenido la oportunidad de formarnos, no contribuimos con nuestras sociedades, básicamente la estamos abandonando, estamos resignados a que esté condenada al fracaso, a la violencia, a la pobreza, a la miseria, a la dominación por un grupito en el poder.

-¿Cuándo regresas?

-Decidí volver en 2015, bastante contra-corriente en ese momento. Una vez aquí, introduje muchos de los elementos que había aprendido en términos de seguridad ciudadana, en nuestro trabajo en Caracas mi Convive: empezamos a hacer talleres explicando las dinámicas de la violencia en las comunidades, cómo se concentra en pocos puntos, lo que llamamos los puntos calientes, generando respuestas a través de temas de cultura y deporte en estos puntos calientes para prevenir la violencia. Por ejemplo, siempre refiero un caso que ya lo estaban haciendo intuitivamente en un edificio en La Yaguara: tenían un punto caliente enfrente donde se concentraba la violencia, y ellos decidieron organizar una obra de teatro con los niños del edificio que se presentaba todos los viernes y sábados en las noches. Cuando llegaban los chamos con las motos para hacer fiesta donde se generaban luego las condiciones para la violencia, ya el espacio estaba tomado por la comunidad, y eso conllevó a una reducción de la violencia y no necesariamente genera un nuevo punto caliente. Hemos visto estudios, como uno hecho por la CAF con la Alcaldía de Sucre en la gestión de Carlos Ocariz, que confirma que el 80% de los homicidios en Petare ocurren sólo en el 5% del territorio, en los llamados puntos calientes que son siempre los mismos espacios geográficos donde una y otra vez están ocurriendo los hechos delictivos.

-¿El trabajo que desarrollan es sólo en el oeste de Caracas?

-Hemos decido optar por el oeste de Caracas porque nos parece que es una zona fundamental de la ciudad que ha sido muy abandonada desde el punto de vista político, y que siempre ha estado bajo la represión total de los colectivos, que ahí se encuentran. Decidimos optar por esas comunidades en La Vega,  Antímano,  La Cota 905,  La Pastora,  Las Mayas y estando ahí un día en 2016, haciendo actividades de prevención de violencia -en concreto estábamos haciendo la actividad de un cine de calle en El Polvorín, una comunidad en La Pastora- se me acercó una niña de seis años llamada Fabiola, y me dijo, dame algo de comer que tengo mucha hambre, y eso fue un terremoto para mí en lo personal. Acababa de ser tío, mi primer sobrino y ahijado nació en ese año, e imaginármelo en esa situación fue algo que me descompuso y decidí que teníamos que hacer algo. Si bien nuestro trabajo es de prevención de violencia, para mí es fundamental la urgencia del hambre en los niños, es algo que no puede esperar, es algo de prioridad número uno. No hay nada más injusto que un niño que no come, pues no va a desarrollar su capacidad intelectual, su capacidad física, no va a poder ser la mejor versión de sí mismo,  y entonces decidimos arrancar con los sancochos populares que hacíamos los sábados con actividades culturales alrededor, pero pronto nos dimos cuenta que eso era insuficiente por mucho que la comunidad nos agradecía, nos decían esto está bien pero qué pasa el resto de la semana. Entonces en conversaciones con líderes comunitarios y con los docentes del colegio Andy Aparicio de Fe y Alegría en la parte alta de La Vega, ellos nos trasmitieron la gravísima situación que estaban atravesando en la escuela, donde muchos niños dejaban de ir porque los representantes prefieren que duerman hasta el mediodía para que se brinquen el desayuno. Además,  habían tenido varios episodios de niños desmayándose en los salones de clases porque no habían comido nada, y bueno, ellos habían conseguido una pequeña ayuda durante el período escolar, pero ya venían las vacaciones y se les acababa, entonces tenían la gran inquietud de qué iba a pasar con estos chamos durante el período vacacional. Yo decidí asumir un riesgo y le planteé a la comunidad un programa de solidaridad y corresponsabilidad, donde les dije que durante las 8 semanas de las vacaciones nosotros  les íbamos a conseguir los ingredientes para hacer almuerzos nutritivos para los 60 niños más necesitados, pero que ellos tenían que comprometerse a todo lo demás: a poner los espacios, los equipos, la organización, el trabajo –todo pues- y así fue. A los pocos días se empezó a aparecer más gente que se había enterado del programa…Al principio muchas de las madres eran escépticas, y nosotros fuimos muy claros en que lo único que íbamos a pedir a cambio era el compromiso y la apertura a conversar. Nosotros no discriminamos políticamente, no nos importa si el representante del chamo es amarillo, rojo o azul, lo que nos importa es que tenga la necesidad y adquiera el compromiso de participar en el programa en todos los aspectos que tiene. Decimos que no creemos en la partidización extrema que nos propone el Gobierno donde tú te tienes que pintar de un color para recibir un beneficio, pero tampoco creemos en la anti-política desde donde se dice  “aquí no hablamos de esos temas, vamos a evitarlos porque eso sólo nos divide.” Creemos que es fundamental plantear el debate político, por qué estamos donde estamos, porque solamente a través de la construcción de una solución política es que estos problemas tienen solución. Entonces el programa empezó a multiplicarse. Primero, en muchas comunidades donde habíamos hecho un trabajo con Caracas mi Convive empezaron a solicitarlo, pero también empezamos a recibir mucho apoyo de gente que quería donar, de individuos emprendedores como Isabella Delfino, que desarrolló una línea de carteras y llaveros en cuero con la bandera de Venezuela, y de mucha gente de aquí, así como venezolanos en el extranjero, empezaron a querer contribuir, a mandarnos alimentos, a darnos apoyo, y pudimos multiplicar el programa que no fue de ocho semanas como se planteó sino que estamos cumpliendo dos años ahora. Tenemos 11 comedores, 1.100 niños que todos los días almuerzan a través de Alimenta la Solidaridad en tres comedores en La Vega, tres en la Parroquia Antímano, en Las Mayas, en Los Mecedores, en Chapellín…

-Ustedes proveen los insumos y las comunidades se encargan: es una manera novedosa de apoyar que rompe con los esquemas populistas a los que han acostumbrado al venezolano. Hacer a la comunidad protagonista de su solución.

-Totalmente, y nosotros creemos que es el elemento central, lo que llamamos el empoderamiento social. Cuando tengo la primera reunión en las comunidades les digo: si alguien viene a decirles desde afuera que les viene a resolver todos sus problemas, les está cayendo a coba, “a muela” –como dicen ellos-, es mentira, y nosotros no venimos a resolverles todos los problemas ni  somos mesías ni unos angelitos que caímos del cielo, nosotros queremos acompañarlos a ustedes en sus procesos de organización y de movilización para conseguir la solución a los problemas y hacemos un aporte, por supuesto, pero ese aporte está relacionado al compromiso. Hemos tenido comunidades donde hemos tenido las primeras reuniones para ver si arrancamos el programa y después no vemos el compromiso, y simplemente no arranca aunque esté la necesidad, porque los dos elementos son necesarios y fundamentales. El programa empezó también a expandirse en otras localidades, es un modelo que parece como de franquicia: nosotros les damos el conocimiento y la supervisión a otros equipos sociales impulsados por líderes sociales o líderes políticos a nivel nacional, en seis estados.

-Y  han logrado que las comunidades respondan con responsabilidad y que la sociedad apoye.

-Así es, ahora el siguiente paso de Alimenta la Solidaridad es el empoderamiento económico: estamos formando a las madres con los mejores chefs de la ciudad, entre ellos,  Andrea Mibelli y Francisco Abenante, de la Casa Bistró, y estamos arrancando una empresa social donde las madres preparan almuerzos ejecutivos para vender. La empresa se llama Sustento, y por cada almuerzo que le compras comen tres personas, tú que lo compraste, un niño cuyo almuerzo está financiado por esa compra, y come la madre porque está recibiendo un ingreso por ese trabajo que está realizando.

 

-Una maravilla. ¿Qué tan determinante es el rol de la mujer en estas comunidades?

Es el factor determinante en todo sentido. Es el centro de la comunidad y es el liderazgo de base, el liderazgo social, es el liderazgo honesto; por supuesto que hay excepciones porque también hay hombres, padres responsables, pero realmente en un 90% son las madres quienes asumen la responsabilidad y son quienes a mí me llenan de esperanza. Hay experiencias muy poderosas como es el caso de Catuche, donde las madres de muchachos que estaban enfrentados en dos bandas, se organizaron y facilitaron el proceso para que esas dos bandas firmaran un acuerdo de paz y pararon los tiroteos en la comunidad.

-¿Qué los diferencia a ustedes del concepto de hacer  caridad?

-Yo creo que hay diferencias muy claras: la caridad entendida en un sentido tradicional suele ser muy cercana al asistencialismo, suele ser muy vertical, suele generar dependencia, mientras nosotros hemos apostado por la solidaridad entendida como corresponsabilidad. La solidaridad no se trata de la redención del que la practica, se trata de la liberación del que la necesita. Estamos buscando empoderar, crear capacidades, generar autonomía, romper esos problemas de dominación que nos han querido imponer durante tanto tiempo. Yo veo que hay muchos desarrollos alrededor de la crisis: tienes gente bien intencionada que quiere hacer actos de caridad, pero termina reforzando un poco los mismos esquemas del pasado de yo te doy y tú recibes, y al final no está muy claro por quién lo está haciendo, si en realidad lo hace por el otro o lo hace por sí mismo.Están los mecanismos de dominación política como es el caso del CLAP, como es el caso del Carnet de la Patria, que son un chantaje alrededor del tema de la comida;están los mecanismos de la explotación y del mercantilismo más despiadado que es todo el tema de los bachaqueros, de evitar el acceso o solamente brindar bienes a unos precios distorsionados y con mecanismos de negocio mal entendido, y luego están estos mecanismos por los que nosotros hemos apostado, y  hemos visto reflejados en otros actores que están vinculados también a la solidaridad, el empoderamiento y a generar procesos productivos. Siempre insisto en que para superar la crisis, necesitamos una Venezuela que tenga dos apellidos: una Venezuela Solidaria y una Venezuela Productiva.  Esos dos apellidos tienen que ir de la mano y ser las dos piernas sobre las cuales se va a parar para salir adelante.

-En estos días estuve leyendo una entrevista de una psiconeuroinmunologa que decía que frente a la destrucción emocional que sufre el venezolano por la destrucción generalizada del país, la solidaridad era una opción para estar mejor.

-Estoy plenamente de acuerdo con eso, y mucha gente me pregunta qué estoy haciendo en lo personal, en el día a día.  Yo oigo muchas cosas duras de nuestros líderes comunitarios, de las madres de Alimenta la Solidaridad, tragedias horribles causadas por esta crisis artificial donde el Estado se ha retirado de los sectores populares con consecuencias muy injustas, y se generan unas dinámicas desgarradoras como la crisis de la comida, pero también el tema del agua, el tema del gas, el tema de la basura.Es decir, es una catástrofe lo que estamos viviendo, es un colapso, pero al mismo tiempo encuentro testimonios de resiliencia, de esperanza, de superación y eso es lo que me mantiene motivado, y el saber que todo el trabajo que estamos haciendo tiene un impacto concreto que se relaciona con las poblaciones más vulnerables, y también está generando liderazgo en estos sectores. Lo vimos la semana pasada cuando fuimos víctimas de un robo en el Andy Aparicio, nuestro primer comedor. Primera vez que nos sucedía y me sentí muy afectado con esa noticia. Pero me llené de energía y entusiasmo cuando llegué allá y conseguí a todas las madres del programa movilizadas, dispuestas a defender lo suyo, defender el comedor. Protestamos dos días después y la solidaridad con el programa, tanto de la comunidad como fuera de ella, fue impresionante. La mayoría de la gente del sector, incluyendo a los de la banda que por ahí está organizada, se acercaron y dijeron que ellos no habían sido, que respetan el trabajo que estamos haciendo y no serían capaces de meterse con eso; la policía se acercó y nos dijo que ellos valoraban mucho ese trabajo y que ellos no habían sido, que querían más bien ayudar a solucionar. Entonces para mí fue como una pequeña metáfora de lo que está pasando en el país donde hay un grupito que quiere robar y hasta cercena el derecho a que los niños coman en nuestro país, pero al final la respuesta que queda es la solidaridad, la organización, la movilización, y ésa es la forma de ponerles a ellos un parao, un límite, lograr inclusive que se vayan de la comunidad los que tienen esas malas intenciones. Yo creo lo mismo con el país: que la única manera de que se vayan o desistan de su agresión a Venezuela, es que nos organicemos, que nos movilicemos, pero que lo hagamos alrededor de la solidaridad y de las cosas que son importantes para todos.

-Esta crisis ha hecho salir una cantidad de cosas oscuras y feas del venezolano que no estábamos acostumbrados  a ver.  Es cierto que nos hemos mediocrizado en muchos aspectos, pero también han salido una cantidad de cosas positivas que tampoco sabíamos que estaban tan fuertes dentro de la sociedad. La solidaridad, por ejemplo.

-La solidaridad ha crecido de manera significativa y pienso que es contagiosa, creo que es una de las cualidades más importantes que tenemos los venezolanos y aflora en los momentos más duros; también creo que hay un sentido de responsabilidad y de resiliencia muy importantes. He escuchado historias de madres que han perdido a un familiar  y que a pesar de esa tragedia, deciden ponerse de pie y luchar por transformar esa realidad que los agredió; no es ni rendirse, ni es buscar la venganza, sino aportar por la transformación, por el trabajo, por el cambio, que eso es lo que a mí me llena de esperanza con respecto a nuestro país. En Venezuela necesitamos nuevos referentes de comportamiento, nuevos referentes inclusive culturales, que resalten esos valores positivos que tú mencionas que han aflorado,  y dejar de lado lo oscuro, el pran y las figuras negativas.

-¿Eres una persona que planifica tus pasos? Porque me has nombrado dos hechos inesperados que han sido para ti experiencias determinantes que te han marcado: el secuestro de tu papá te hizo definir el rumbo de Caracas mi Convive, y el cuento de la niñita que te pidió comida y te llevó a responder a la crisis desde Alimenta la Solidaridad.

-Mira, sí, yo planifico. Nos gusta mucho planificar y somos un equipo bastante organizado: como te podrás imaginar, servir 1.100 almuerzos todos los días, tener una red de más de 70 líderes comunitarios con los que nos comunicamos diariamente, con los que articulamos, requiere un nivel de planificación, de organización, de gerencia.  Es decir, creo mucho en la planificación, pero también estoy claro en que es posible que haya que pivotear en función de una experiencia o una nueva circunstancia, y reinventar nuestro trabajo siempre y cuando mantengamos unos principios comunes. Yo diría que ambos programas tienen una continuidad muy evidente, y es que buscan el empoderamiento de la comunidad, el generar capacidades, sólo que una es para el tema de la prevención de la violencia y la otra para la nutrición infantil, pero hay una consistencia, hay una coherencia y hay una apuesta por una forma de trabajar.

-¿A dónde quieres llegar?

-Yo en este momento a lo que aspiro es a contribuir a que Venezuela salga de esta pesadilla que estamos viviendo. Si lo lográramos creo que las posibilidades son infinitas para nuestro país y ahí estoy dispuesto a contribuir tanto desde la perspectiva social, como de la política. Para mí todo este proceso ha sido también muy aleccionador: cuando estaba regresando de la universidad del posgrado, tenía unos objetivos políticos mucho más claros en mente: veía  a la alcaldía de Libertador como un espacio que me gustaría ocupar para poder impulsar transformaciones, pero parte de mi reflexión y aprendizaje es que lo relevante es que todos los días estés haciendo algo, que vivas una vida con sentido y con propósito, y yo estoy convencido de que eso lo puedes hacer desde muchos espacios.Para mí el objetivo final no es un espacio de poder o un cargo, para mí el objetivo final es contribuir a la transformación y creo que eso lo puedo hacer desde distintas perspectivas,  siendo una de ellas, sin duda alguna, la política. Por eso estoy en política, porque es ser coherente conmigo mismo, con mi manera de pensar. Yo pienso que lo social es fundamental pero sin lo político no vamos a lograr las transformaciones que queremos.

-Uno hace un repaso de la situación actual de los líderes más visibles de esa generación del 2007 y el resultado es complejo: la mayoría ha sido perseguida por su trabajo y algunos han tenido que huir. ¿Cómo lo vives?

-Sí, por supuesto que eso es también una preocupación, pero creo también que el objetivo del régimen es sembrar ese miedo y que tú te inmovilices por temor a que ellos vayan a ir por ti.  El año pasado durante las protestas yo estuve muy activo también, y mucha de la gente que trabaja conmigo en las comunidades se movilizó, siempre protestábamos en el oeste de Caracas, en El Paraíso. Yo viví una experiencia personal muy dura pues a mi primo hermano le fracturaron el cráneo con una bomba lacrimógena mientras trataba de huir por el río Guaire. Él no estaba tan metido como yo en esto, simplemente estaba marchando como cualquier ciudadano,  y estuvo a punto de perder su vida ese 19 de abril de 2017. Yo estoy claro a qué es lo que nos estamos enfrentando, que hay cosas que yo no puedo evitar porque salen de mi control, pero para mí renunciar a lo que sueño y a lo quiero hacer, no es una opción.

-Forma parte del paquete que viene con eso de querer participar en la vida política en estos tiempos.

-Exacto, eso es parte de mí. Entonces esos riesgos no los banalizo, ni los ignoro,  pero también sé que hasta cierto punto puedo controlarlos y hasta cierto punto no.

-Eres una persona que estás en la acción y estás viendo los resultados de tu trabajo: estás logrando lo que te estás proponiendo en tus comunidades y eso es muy gratificante, pero estamos en un país hecho pedazos, obviamente, y con el ánimo general por el suelo. Desde tu perspectiva ¿en qué sientes que hemos fallado como oposición?

-Yo creo que en dos cosas: yo creo que, primero, se ha fallado en términos de la unidad de propósitos, en la unidad de estrategia y creo que lo de la elección presidencial es un ejemplo. Toda la unidad toma una decisión y viene un tipo como Falcón a romper la estrategia y a debilitar, nuevamente, el planteamiento de transformación y de cambio para el país, lo cual yo rechazo, y eso es un elemento clave. El segundo es que creo que hay una forma de entender la política, por parte de algunos actores, que es una manera tradicional y sólo desde un espacio mediático, sólo desde la confrontación, del verbo encendido, pero no desde la conexión y de la construcción alternativa, y eso se ve claramente en la mayoría de los sectores donde yo trabajo donde no me he conseguido con ningún dirigente político…

-A lo mejor en un momento de campaña pasan por ahí…

-Ni siquiera, en muchos de los sectores donde estoy yo, ni siquiera en momentos de campaña. Entonces creo que eso ha sido una debilidad grande del liderazgo de la oposición. También creo que hay un problema de fondo. Insisto de nuevo en que la solución de los problemas pasa por el compromiso de todos, y así como aplica en la comunidad, aplica en la sociedad como un todo. Observo que hay una postura a veces muy crítica de parte de la gente que quiere cambio hacia el liderazgo pero que no implica un compromiso también. Muchas veces pregunto en foros, en reuniones que me invitan: ¿quiénes creen aquí en la democracia? Y todo el mundo levanta la mano. ¿Ustedes creen que la democracia se hace a través de los partidos políticos? Todo el mundo levanta la mano. ¿Quiénes están en partidos políticos? Nadie levanta la mano. ¿Todos deben ser dirigentes políticos? No, pero todos debemos participar en las instituciones para tratar de moldearlas, de fortalecerlas, de ser parte de la solución, no quedarnos solamente en la crítica.

-Aquí no había tradición de las élites participando en política, pero hasta en eso hemos cambiado. ¿No crees?

-Considero que en Venezuela ha habido un proceso de politización importante, que incluye no solo a las élites intelectuales o socioeconómicas sino también al ciudadano común. El origen de todos nosotros, la generación de 2007, fue el movimiento estudiantil, lo que te habla de la participación en política de toda una generación, y por supuesto que el hecho de que puedas ir a una universidad te hace parte de una “élite” en el sentido de tener acceso a una educación de tercer nivel. Ese fenómeno está presente, pero quiero insistir en que es transversal, que no se circunscribe solamente a los estudiantes, o a las élites económicas, o a las élites sociales, sino para mí también tiene que ver también con los procesos que hemos visto de participación a nivel  comunitario, vecinal, y del ciudadano común, el ciudadano de a pie. Lo lamentable es que haya sido en el marco de una polarización tan fuerte, si esa energía, ese nivel de politización y de interés por lo público pudiéramos canalizarlo en proyectos comunes, nacionales, de desarrollo, de impulso, de convivencia, creo que habría una posibilidad histórica para Venezuela en el marco de esa participación.

 

-¿Es factible que las comunidades populares incrementen sus protestas?

-Te acabo de poner el ejemplo de una protesta que hicimos la semana pasada cuando nos robaron, y creo que protesta social hay a cada rato. Hace unas semanas vimos inclusive una en el Palacio de Miraflores, por el tema del agua en La Pastora, y durante las manifestaciones del año pasado hubo mucha gente de sectores populares que participó. Yo lo que observo es que hay una expectativa de …

-De que “bajen los cerros”, que ellos sean los motores de un gran movimiento de descontento que pueda llevar a algo…

-Bueno, yo no creo que eso vaya a suceder de forma espontánea, yo creo que el Gobierno ha establecido muchos mecanismos de control, de opresión y de represión para que eso no suceda, y también creo que es parte de la responsabilidad del liderazgo social y político de articularse para que estas protestas sociales no se queden en hechos puntuales sino que se conecten unas con otras y tengan una expresión política. Parte de la reflexión es, bueno, por qué cuando hay una protesta social el liderazgo político no tiene cabida ahí…

-El recién creado Frente Amplio pretende articularse como un gran movimiento que vincule a todos los sectores en Venezuela. ¿Se ha logrado?

-Fíjate, yo soy militante de la idea del Frente Amplio, creo que es fundamental que la sociedad se movilice como un todo, no solamente los partidos, ahora, parte también del reto es entender que las cosas aquí no se construyen con una rueda de prensa, o de la noche a la mañana. Todos estos procesos políticos y sociales toman tiempo, y tú me dirás, van 18 – 20 años, bueno sí, no estoy hablando del proceso del chavismo, estoy hablando del proceso de nuestra organización, de nuestro proceso de articulación, de la construcción de ese tejido, y eso ha fallado, sin duda alguna, pero hay un potencial.

-¿Quiénes son tus interlocutores en el interior?

-Es mixto: tengo dirigentes políticos, diputados, pero también hay empresarios jóvenes, hay personas vinculadas a la iglesia, párrocos, sectores de la sociedad civil, o sea, cuando yo hice esa visita me vi con gente de distintas procedencias que han sabido de las experiencias y nos han buscado para replicarlas.

-Eso es muy alentador, que salgan del oeste de Caracas a expandirse al país.

-Claro, pero salir desde la perspectiva de acompañar y apoyar liderazgos allá, de allá, no es que desde aquí vamos a tener la solución.

¿Piensas que el nuevo liderazgo político se está formando para enfrentar los retos que la difícil situación presenta a cada momento?

Yo creo que eso es fundamental y nosotros hacemos un esfuerzo grande por brindar espacios de formación para los líderes con los cuales trabajamos. Yo, en lo personal, he buscado también formarme, hice mi posgrado en Políticas Públicas, pero también el diplomado de Historia de la Fundación Rómulo Betancourt, y estoy plenamente de acuerdo contigo en que esa formación nunca para y falta mucho por aprender, por seguir estudiando y seguir comprendiendo sobre cuáles han sido los errores y los aciertos que se han cometido en nuestro país y en otras partes del mundo para dibujar esa alternativa para Venezuela.



-Desde tu lugar ¿cómo ves al país?

-Yo veo al país destruido, paralizado, triste, pero también veo al país con un enorme potencial y con una capacidad que reside en nuestra gente, no en nuestros recursos naturales, ni en nuestros paisajes. Muchas veces lo que se dice es, qué bello es el Ávila, Canaima, tenemos tanto petróleo… Todas esas cosas pueden servir para el desarrollo del país, pero creo que la apuesta por nuestra gente es lo que va a ayudarnos a salir de este hueco. Yo veo con mucho dolor cómo la familia se ha desgarrado, mucha gente ha tenido que emigrar. Al principio el símbolo de la emigración era el piso de Carlos Cruz Diez en el aeropuerto de Maiquetía y, ahorita ese símbolo ha cambiado: es el puente en Cúcuta, o la carretera hacia Santa Elena de Güairén, y ese desgarramiento tiene consecuencias muy tristes, muy negativas, para la familia venezolana, pero también puede significar una oportunidad. Podemos verlo como que tenemos un número muy significativo de venezolanos abriendo caminos y oportunidades en otros países, conectándose internacionalmente y que eventualmente pueden ser lo que han sido los italianos, los españoles, los portugueses para sus países con respecto a Venezuela: gente que abrió mercados, que abrió oportunidades, que trajo culturas, que se llevó de aquí también muchas cosas para allá. En un mundo cada vez más globalizado, tener la diáspora creo que puede también representar una oportunidad importante.

-Es otro enfoque ver la diáspora como algo que puede ser positivo a la larga. ¿Qué vamos a hacer? Algunos volverán, otros no, pero estamos exportando lo mejor, cuando fuimos un país receptor de mucha gente que nos enriqueció enormemente como sociedad…

-Esa gente que está allá, que se está teniendo que ganar la vida trabajando, echándole pichón, está abriendo caminos también y ahí pueden surgir oportunidades de comercio con otros países, de transferencia de conocimientos y tecnología, oportunidades de intercambio cultural, hay muchas oportunidades que se abren entrando en contacto con otras sociedades.  Yo creo que el contacto con otras sociedades, la emigración y la inmigración son factores clave también para la innovación, para el desarrollo; entonces no necesariamente tenemos que verlo como algo negativo si somos capaces de aprovecharlo  para vincularnos.

-Mucho se dice que si seguimos en esto es porque todavía no hemos aprendido lo suficiente ¿Tú, que has estado en contacto con el país desde lo más profundo, crees que hemos aprendido ya?

-Yo creo que sí hay un aprendizaje, mucha gente que fue receptora de programas sociales dice que al final lo que quieren es trabajar, lo que quieren es ganarse la vida por sus propios medios. Hemos aprendido también que la desigualdad extrema que nuestro país tiene todavía, es el caldo de cultivo para proyectos autoritarios, personalistas.  Yo quisiera creer que hemos aprendido que hay que combinar esas dos palabras de las que hablaba…

-Solidaria y productiva…

-Para mí debería ser el aprendizaje de los últimos 30 años: en los años 90 tuviste una Venezuela que hizo modificaciones para hacer más amigable el sector privado, privatizaciones, economía de mercado, pero con una desigualdad terrible y dejando atrás un gentío que se resintió, porque había una riqueza obscena contra una pobreza terrible. Eso trajo a Chávez quien invirtió la ecuación en principio, y entonces vino una distribución masiva, expropiaciones y gasto público sin control  que terminó llevándonos de un país donde supuestamente había mucha distribución,  a éste donde terminaron abriéndose las brechas mucho más y, de paso, quebrados y sin capacidad de producir. Ahí estamos. Entonces yo creo que en esos dos períodos está la lección: tenemos que entender que sin solidaridad, sin empatía y sin conciencia social, el país no va a salir adelante sino que vamos a estar todo el tiempo en un enfrentamiento de unos contra otros. Pero también de los años del chavismo tenemos que entender que en una economía sin productividad, sin entendimiento, sin apuesta por el sector privado, el país  está destinado a la quiebra, y yo quisiera creer que eso es parte del aprendizaje que nos tocó.

-¿Cómo se explica que todavía existan sectores  que apoyan a un gobierno que decía reivindicar a los pobres y los tiene abriendo bolsas de basura para buscar qué comer?

-Yo lo que creo es que la gente que apoya al Gobierno ya está en una óptica fanática y a eso contribuye, por supuesto, el control absoluto de los medios de comunicación. Si lo único que escuchan es una misma historia, una misma historia, una misma historia, eventualmente terminan con el cerebro lavado. Hay todo un trabajo pedagógico para hacerlos creer lo que dicen.

-¿Has pensado meterte en el tema del educativo?

-Yo creo que estamos en el tema educativo, pero no desde el punto de vista necesariamente formal, sino de una educación alrededor de la interacción y de construcción de un liderazgo desde la responsabilidad y el compromiso.

KonZapata