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Así ve el exZar de PDVSA la tragedia del venezolano

lunes 23 de julio de 2018, 09:40h
Por Redacción @konzapata.- Rafael Ramírez, expresidente de PDVSA, exZar de PDVSA, vuelve al diagnóstico. Y con ello, al ataque. El ataque contra el gobierno de Nicolás Maduro. Otra vez describe “las condiciones de vida del pueblo venezolano”. Las que él observa desde su exilio de oro. Condiciones que él mismo ayudó a crear. De cuando reinó con Hugo Chávez por una década en  PDVSA.
Por Redacción @konzapata.- Así señala que las condiciones de vida “resultan en una calamidad colectiva, con un sinfín de tragedias individuales”. Y aquí pasa a enumerar lo que en  su opinión es la tragedia de los venezolanos: “hambre, desesperación, hiperinflación, desabastecimiento, destrucción del trabajo, bachaqueros, corrupción, mega devaluación, destrucción del bolívar, de PDVSA, entrega del Arco Minero, caos hospitalario, escasez de alimentos, de medicinas, apagones, falta de agua, de combustible, de transporte, la delincuencia, inseguridad, violencia y toque de queda en las calles, niños abandonados, otros explotados, los que se han ido del país, los que viven en campamentos o las calles en los países fronterizos y más allá, por el mundo”.

Rafael Ramírez Carreño

Pero Ramírez señala que “esto no es una revolución”.  ¿Qué es? Apunta que el gobierno de Nicolás Maduro  “le ha impuesto al pueblo un paquetazo neoliberal brutal, expresión del capitalismo más atrasado, dependiente y parasitario. Una situación que nuestro pueblo no merece”.

Y aquí se equivoca. Esta es la revolución. La de Cuba y del periodo especial.  La que llevó al fracaso al modelo soviético. La que ha conducido a crisis estructurales a muchos países en el planeta. Revolución y populismo. Revolución y chavismo. Y también con ramirismo. Ahora todo devenido en madurismo. Más atrasado que lo atrasado. Si se tratara de un paquete neoliberal, al menos este hubiese tenido un propósito. El de recuperar la economía. Esta es la revolución que se impulsó desde PDVSA. Despilfarrando los recursos de PDVSA. Y Ramírez allá. Pontificando.

Pero no le falta razón a Ramírez cuando apunta que ante la tragedia, “el gobierno responde con mentiras, excusas, amenazas y chantajes: "sabotaje", "corrupción", "conspiración", "guerra económica", encarcelamiento de obreros, dirigentes sindicales, gerentes y trabajadores petroleros, censura, encarcelamiento de dirigentes políticos, militares, exilio. Nadie asume sus responsabilidades en el gobierno, ni el Presidente, ni los Vicepresidentes, ni los Ministros, ni los jefes de Empresas, muy pocos dan la cara. Nuestro pueblo no merece ésto, ni les corresponde tener dirigentes que guardan silencio por conveniencia, cálculo, miedo, cobardía o simple interés personal”.

Luego Ramírez critica al poder. Al mismo al que él perteneció. Y donde conserva intereses. Señala que “Tampoco (el pueblo) merece unas nuevas élites corruptas, traficantes de dólares, que mandan en el gobierno, que responden a lealtades y compromisos extraños, que están detrás de las empresas publicas haciendo todo tipo de negocios; no merece a los directores de medios que se autocensuran, por muy prominentes que sean; ni Constituyentistas que sólo levantan la mano; ni a los otrora defensores de Derechos Humanos que hoy guardan silencio, ni a los que persiguen y violan los derechos de los ciudadanos; ni a los intelectuales, periodistas, críticos, políticos, que no se atreven a decir nada que moleste al poder; ni animadores de televisión devenidos en una mueca de lo que fueron, temerosos de una llamada "desde arriba".

Ramírez  hace un retrato hablado. El suyo. Y hace otro retrato hablado. El de la época en que él mismo fue poder. Cambiaron los actores. Sí, algunos. Ramírez escribe. Otra vez hace el diagnóstico. El de su propia responsabilidad.

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