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Horacio Velutini: Un hormigueo que viene de abajo va a hacer que cambien las cosas arriba

viernes 06 de julio de 2018, 16:00h
Por Guadalupe Burelli @guadalupeburell.- Lo llaman el venezolano más optimista. Horacio Velutini, CEO del Fondo de Valores Inmobiliarios, apunta: No creo que este país haya pensado el futuro muy claro en el pasado, y a lo mejor ésta es una buena oportunidad para hacerlo, así como ocurrió en Chile, por ejemplo, que se planteó en un momento dado una visión de país.  Sí pienso que en el plano económico, estamos en el peor momento que yo he vivido, porque nunca había visto en mi vida a personas comiendo de la basura y me parece terrible esa circunstancia.
Horacio Velutini: Un hormigueo que viene de abajo va a hacer que cambien las cosas arriba
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Por Guadalupe Burelli @guadalupeburell.- Abogado de profesión, empresario del mundo de la construcción por convicción e intuición. Dirige el Fondo de Valores Inmobiliarios, una empresa que combina finanzas y construcción y ha logrado mantenerse y readaptarse a los tiempos que corren. Pero limitar Velutini a su papel de empresario sería dejar de lado otras facetas que son importantes para dibujar su personalidad. Amante de la Historia, de los deportes extremos, piloto, impulsor de nuevos emprendimientos, venezolano a carta cabal, enamorado de su país y de sus posibilidades, y como alguien ha querido llamarlo: “el venezolano más optimista que hay en el país.” Así más o menos queda descrito este personaje a contracorriente de quienes piensan en que la alternativa es ver el país desde bien lejos. Velutini, como aquella canción de Yordano, dice: “Yo no me voy. Yo me quedo aquí.”



-¿Siempre quisiste ser abogado?

-Tengo que ser sincero: estudié derecho realmente porque no era bueno con las matemáticas. Me hubiese gustado estudiar ingeniería porque mi papá era ingeniero civil y yo lo admiraba mucho, pero la verdad es que soy disléxico y eso me dificultaba muchísimo los números. Por lo tanto, estudié derecho porque sí soy más dado a las letras, a entender temas más humanos. Sin embargo, empecé a trabajar a los 19 años con mi papá que tenía su empresa constructora,  aunque ya estaba muy de caída porque él estuvo muchos años enfermo, y estuve allí hasta que murió. Me gradué en el año 86 de abogado en la Universidad Santa María, pero jamás he ejercido el derecho, siempre he estado muy orientado a la gerencia de empresas. Y por cierto, no era bueno para las matemáticas pero resulta que en el negocio gerencial que llevo, el tema financiero y los números son algo de todos los días.

-¿Cómo haces?

-Diría que el sentido común me permite entender las finanzas, inclusive a veces puedo ser hasta más rápido que otra persona desde  la intuición, de manera que no era bueno para los números, pero para las finanzas sí.

-Se diría que la intuición definió tu destino.

-Uno siempre se pregunta cuando pasan los años, qué es destino y qué es libre albedrío, y entonces diría que mi papá me llevó a trabajar con él y a mí me gustaba porque yo  admiraba lo que él estaba haciendo, y aquello me fue motivando a tomar un camino porque lo que me orientó siempre fue el deseo de estar ligado a ese mundo. Pero sí, al final uno nunca sabe del todo por qué van a pasar las cosas. 

El gran constructor 

-Acaba de ser publicado bajo los auspicios de tu empresa un libro sobre el Parque del Este, historia de la cual tu papá fue protagonista. Entiendo que te interesa mucho la Historia.

-Sí, me encanta la historia, no solamente de Venezuela sino también la europea, soy una persona a quien le gusta leer mucho, y entiendo el contexto en el que mi papá vivió: nació en 1917 y se graduó en 1940 de ingeniero.  A él lo agarró el tiempo en que se transformaba Venezuela y había una gran necesidad de obras de infraestructura, entonces no solamente participó dentro del proyecto del Parque del Este, sino que junto con sus hermanos, construyeron la represa de Lagartijo, el distribuidor La Araña, las torres de El Silencio. Fueron grandes constructores de obras públicas de su tiempo, y eso es lo que los llevó en los años 50 a que les plantearan la posibilidad de coordinar la gran exposición de Caracas que iba a ser en 1960 en los terrenos que hoy son La Carlota, junto a lo que es hoy en día el Parque del Este.  Ahí se desarrolló un proyecto espectacularmente bello que iba a ser una cosa extraordinaria, donde participaron Burle Marx, John Stoddard, Fernando Tábora, Alejandro Pietri, y otros grandes arquitectos de su tiempo, pero lamentablemente la caída de Pérez Jiménez -no lamentablemente, por cierto, porque yo no estoy a favor de ninguna dictadura, creo que ninguna es buena-  no permitió que se desarrollara el proyecto como estaba planteado, sino lo que finalmente hoy en día se conoce como el Parque del Este, que es un tercio de lo que se deseaba hacer en ese tiempo.

-¿Era un proyecto mucho más ambicioso?

-Sí, porque abarcaba toda La Carlota y lo que es el Parque del Este actual; estamos hablando que era gigantesco. Hoy en día, por cierto, hay otro proyecto que interconecta La Carlota y el Parque del Este por el puente Independencia, habría que ver si lo van a desarrollar. Pienso que independientemente de quién va a hacer el proyecto, como ciudadanos de esta ciudad lo que nos interesa es que hagan el parque porque siempre es un espacio para todos.

-En aquellos años existía la voluntad política de construir un país. ¿Y ahora?

-Pienso que los problemas de hoy son los mismos de ayer que, simplemente, se agravaron.  Yo no pienso que antes era mejor y ahora es peor, yo pienso que lo que ha pasado es que las cosas han ido empeorando y nunca ha habido, todavía, una visión de país en conjunto. Porque el pequeño tiempo entre 1960 con Betancourt hasta yo diría 1983, no hubo tal Pacto de Punto Fijo, lo que había era un acuerdo entre AD y COPEI: un bipartidismo, pero realmente plan de país con visión de apertura, yo por lo menos, no lo veo así. 

El peor momento

-¿Las cosas solamente se han agravado?

-Hay mucha gente que piensa que antes sí estaban las cosas mejor, pero no entienden que era el contexto del país petrolero, porque claro que estaba mejor con unos ingresos petroleros descomunalmente grandes a mediados del gobierno de Gómez, en el gobierno de los años 70 y después del año 2000 en adelante. Pero yo no veo muy distinto como estaban las cosas hace 100 años a como están ahora, simplemente que ahora las veo peor, pero no significa que yo pienso que a partir de 1920 sí estaba bien orientado el país, creo que se han hecho cosas muy buenas, pero no ha habido un plan de país.

-Hay historiadores que comparan estos tiempos tremendamente duros con aquellos sufridos cuando la Guerra Federal.

-Le tengo mucho miedo a la nostalgia porque creo que la nostalgia es una enfermedad, y el que ve la vida con nostalgia del pasado o bien porque el país era mejor, o porque antes era joven, o porque antes estaba casado, o porque antes tenía dinero, no tiene ningún sentido porque es imposible viajar al pasado. Una cosa es una guerra donde murió un tercio de la población del país y otra cosa es una crisis económica y política y, por cierto, no le veo ningún sentido a comparar cuándo era peor.

-La pregunta sería si estamos atravesando el peor momento de nuestra historia.

-Hay que pensar que siempre todo se puede ver de dos maneras: ¿es el peor momento? O puede ser la más grande oportunidad de efectivamente reencontrarse en un punto y tratar de plantear un país entre todos. Claro, la gente dice que eso es un idealismo que no cuaja y que cómo es que funciona eso, pero para las personas como yo, que somos idealistas, es lo único que uno se plantea, porque no puedo tener una forma distinta de ver las cosas. No creo que este país haya pensado el futuro muy claro en el pasado, y a lo mejor ésta es una buena oportunidad para hacerlo, así como ocurrió en Chile, por ejemplo, que se planteó en un momento dado una visión de país.  Sí pienso que en el plano económico, estamos en el peor momento que yo he vivido, porque nunca había visto en mi vida a personas comiendo de la basura y me parece terrible esa circunstancia. Ahora, vamos a volver al punto de cuál es la visión que uno tiene del futuro, porque volver al pasado siempre no tiene sentido. Yo realmente lo veo con optimismo porque pienso que hay una oportunidad de renacer, hay una oportunidad de hacer las cosas pero desde abajo, no desde arriba. Porque desde hace 200 años la idea ha sido que hay que salir del gobierno, y yo realmente creo que ese planteamiento no nos ha traído muchos beneficios. Hay un hormigueo que viene de abajo que va a hacer que cambien las cosas arriba, pero todavía estamos algunos tratando de cambiar lo que siempre se ha querido cambiar: la dirigencia, mientras otros estamos trabajando por cambiar las cosas que nosotros sí creemos que está en nuestras manos cambiar.  Así que si logramos conectar dentro de ese rompecabezas de pequeñas piezas en este universo venezolano, y empezamos a reunir personas que pensamos de la misma manera, y Horacio pone una piecita aquí y viene otro y la pone al lado, y simplemente comenzamos a construir un tejido que empiece a reconstruir el país de abajo hacia arriba, con una visión de inclusión y con muchos menos prejuicios, yo creo que va a haber un cambio. Yo sí creo que uno puede generar en su contexto un cambio positivo. Tengo una visión muy optimista de futuro pero con actitud, más no es porque no reconozca que los problemas de hoy son extremadamente graves, complejos y, por cierto, inéditos.

-Estamos viviendo situaciones jamás imaginadas.

-Nosotros estamos viviendo algo que nadie puede decir que lo vivió antes: es inédito que Venezuela esté en hiperinflación, otros países lo vivieron pero nosotros no lo habíamos vivido, es inédito que a Venezuela la estén sancionando internacionalmente -el único caso parecido que conozco fue el bloqueo en la época de Cipriano Castro que duró pocos días- y algo muy inédito también, es que por primera vez Venezuela no está alineada a este hemisferio occidental, sino que ahora estamos alineados con China, con Rusia, con Irán, con Turquía.  Y uno se pregunta: ¿eso es bueno o es malo? Horacio Velutini piensa que es algo positivo, y creo que fue acertada esa conexión que se hizo hace 10 años con China y que significa un cambio de paradigma totalmente. Fíjate que EE.UU. está haciendo exactamente lo contrario a lo que venía haciendo desde hace 75 años y ese cambio de paradigma va a hacer también que el mundo cambie ¿eso es bueno, eso es malo? No sabemos, pienso que va a ser positivo para Venezuela porque con su riqueza y su petróleo, siempre va a ser un lugar interesantísimo para otros países que lo requieren.  Porque, otra cosa que ha cambiado, es que resulta que hoy en día EEUU está produciendo más petróleo que Arabia Saudita, entonces quiere decir que no le tiene que interesar comprar nuestro petróleo, por lo tanto, Venezuela necesita otros mercados por lo que la relación de Venezuela con Euro-Asia no me parece nada mala, me parece positiva, pero eso es algo que ya iremos viendo en este tiempo.

-El lema de “construir  futuro en el presente” ¿tiene que ver con la idea de ir creando redes por abajo que sostengan todos los cambios hacia arriba?

-La frase de construir futuro en el presente salió cuando empezamos a analizar el propósito de la compañía donde yo trabajo que es el Fondo de Valores Inmobiliarios. Pensamos que estos tiempos en que es muy difícil generar flujo de caja en dólares, son más bien propicios para generar valor, y si tú estás hablando de generar valor hoy, quiere decir que estás tratando de construir hoy lo que va a ser tu futuro.  De esa reflexión salió nuestra frase: “Construimos el futuro en el presente” que, por cierto, aplica a todo.

-Un slogan que habla de una organización optimista, hasta joven de actitud, diría.

-Personalmente, estoy muy orientado a motivar a la generación joven, no tratando de hacerla cambiar de parecer, por cierto, porque me he dado cuenta que las emociones están muy polarizadas. A veces te encuentras con una persona a quien tú le hablas con actitud optimista, y si te responde con escepticismo, con ironía y ese tipo de cosas, va a ser muy difícil que la puedas hacer cambiar. Diría que normalmente ésas son las personas que se han ido, o se quieren ir. Me gusta hablarle a personas que tienen emociones parecidas a las mías: optimistas, con energía positiva, porque en la medida que tú le das esperanza a una persona joven y le dices, oye vale, yo más bien creo que aquí estamos atravesando un tiempo de oportunidades, que vale la pena manejar valores porque se han abierto espacios, tú vas a ir construyendo poco a poco tu futuro.  Pero al que no lo ve así, no, no trato de animarlo porque no me parece bien asumir la responsabilidad de decirle, quédate. Creo cada quien debe ir   encontrando su lugar y su tiempo en sus cosas.

-Tú desarrollas un trabajo ejecutivo que es muy racional, combinación de finanzas y construcción, pero tienes como dicen, otro sombrero que quizás te define más como persona: el optimista que estimula proyectos y nuevos emprendimientos, que apuesta por tener una visión constructiva del país y de las situaciones que se presentan. ¿Eso forma parte de tu naturaleza o es algo que has visto crecer por las circunstancias?

-Es una pregunta muy buena. Siempre he sido muy optimista, creo que nací con esa energía, siempre he pensado que mañana puede ser mejor, aun cuando me han pasado cosas malas: me secuestraron, me atracaron, he vivido cosas complicadas en la organización, nos han intervenido, nos han hecho las cosas muy difíciles en estos años, pero siempre he tenido una visión positiva, y creo que es una gracia que me dio Dios y quiero que la mantenga en mí así, porque es una cosa que realmente me parece muy buena. Ahora, el Horacio de hoy no es el mismo de hace 30 años, por supuesto, y sí creo que uno va evolucionando con la personalidad que uno tiene, vas cambiando con la madurez y lo que uno va aprendiendo. Pero hoy, cuando analizo mis cosas encuentro que, inclusive personas que viven afuera y tienen trabajos extraordinarios, no consiguen algo que las haga levantar en la mañana con muchas ganas y emoción, y eso, que le puede pasar a una persona aquí o en cualquier parte, es una búsqueda constante que no siempre se consigue. La ventaja que ofrece Venezuela es que aquí está todo por hacerse y, por lo tanto, te ofrece un mundo de oportunidades, así que las probabilidades de que yo pueda generar impacto aquí son mucho mayores  a que si estuviera viviendo en Londres o en Boston o en Berlín. En cambio,  aquí uno puede generar un pequeño o  gran impacto nada más con animar dándole en la espalda a una persona que ves cabizbaja en el Metro: te le acercas y le dices no te preocupes, todo va a estar bien, y esa parte me gratifica mucho porque al final a mí sí me gustan esas cosas.

-Tienes otras áreas de interés, los deportes extremos, por ejemplo.

-He tenido intereses en muchas cosas, me gusta mi trabajo, pero también me gustan los deportes extremos, la bicicleta, los paracaídas, los aviones, soy piloto. Siempre me he mantenido muy activo, uno arranca interesándose en muchas cosas, apasionándose por otras, pero al final terminas en un propósito, y la diferencia entre una y otra es que cuando tú tienes un propósito estás haciendo las cosas para que se beneficie otro, y cuando uno está enmarcado dentro de eso, uno se siente bien en ese día a día tratando de generar algo positivo dentro del contexto en que uno puede hacerlo, con los recursos o el conocimiento que se tiene.

-¿Te sientes satisfecho?

-Yo creo que más bien tengo suerte porque me he encontrado con un propósito de vida que no es solamente sacar adelante esta empresa, sino también tratar de influir positivamente y, sobre todo, porque dentro del contexto mío personal, solamente puedo dar gracias a este país por los padres que me tocaron, por la familia que tengo, por el trabajo que tengo, por donde vivo. Nunca he estado fuera de Venezuela sino cuando estuve en el colegio y desde los 19 años he estado viviendo aquí, nunca he estado fuera de Venezuela más de un mes.

-Venezolano hasta la médula.

-He vivido este país a fondo, intensamente, me he calado, por cierto, estos 20 años completicos, he vivido todos los procesos, he cambiado muchas veces mi visión de ver las cosas y hoy en día tengo un propósito que me satisface, y es  que si puedo agregar un granito de arena para hacer de este un mejor país, lo quiero hacer.

El problema de las generaciones 

-Es una actitud de vida muy positiva pues, porque obviamente generas alrededor tuyo muchas cosas buenas y para ti personalmente, también.  Pero cuando tú ves  a empresarios, industriales, productores de la tierra, quebrados, con sus propiedades expropiadas y las empresas cerradas, porque la realidad les pegó durísimo a pesar de que lo más seguro es que no querían perder lo que habían construido ¿cómo contrastas tú esas dos realidades?

-Bueno, ahí hay dos elementos: el tema económico y  el tema personal. En el tema personal uno puede tener una vida interior, y en la medida que uno la trabaja puede confrontar el entorno, porque no es solamente el tema económico sino que puedes confrontar otras dificultades que no las trae una circunstancia política, sino una enfermedad, una separación, ese tipo de cosas, o sea que al final, si lo analizamos en lo personal, tener una forma de paz interior, es muy satisfactorio como individuo. Ahora, viendo el contexto económico, aun cuando estamos en una economía totalmente intervenida -por cierto, cosa que viene de décadas pasadas, pero bueno, vamos a decir que más intervenida todavía- mucha gente ha hecho mucho dinero a partir del segundo boom petrolero que arrancó en el año 2000 y terminó en el 2013. Una persona que hizo dinero inclusive pudiera estar inconforme con su circunstancia porque aun cuando le haya ido bien económicamente, considera que el país está mal enrumbado y por lo tanto toma la decisión de irse. Otra persona, a la que por el contrario le habría ido muy mal, podría estar pensando ahorita en reinventarse. Entonces vuelves a llegar al punto de qué emoción tienes por dentro. No lo puedo generalizar, porque me he encontrado gente que ha pasado cosas terribles con su negocio pero lo ha vuelto a relanzar, como también me he encontrado personas que, inclusive yéndoles bien se han ido del país, han decidido tirar la toalla. Pasa que estas actitudes positivas, optimistas tienen un problema: que en Venezuela, lamentablemente, hay gente que resiente que alguien pueda ver las cosas así porque piensa que no debería ser; entonces eso es una cosa muy mala porque nos divide como venezolanos, y entonces dicen, no, ese tipo no es optimista, ese tipo lo que es, es loco, ese tipo no sabe ni dónde está viviendo…

-Pudiera parecer desconectado de la realidad…

-Alguien que no vive en el país me dijo en estos días, oye Horacio, pero tú no sabes dónde estás viviendo, y yo, mira vale, tú no vives aquí, yo nunca he estado fuera más de 30 días, tú no me puedes decir que no sé dónde estoy viviendo, yo sé exactamente dónde estoy viviendo, yo veo a la gente comiendo basura, yo no lo desconozco, pero lo único que he propuesto es confrontar esa circunstancia con una energía positiva y optimista, y se lo transmito al que le gusta que se lo transmitan, y ayudo al que pueda ayudar.

-¿Te sientes acompañado en esa actitud?

-Encuentras mucha gente que está haciendo algo muy parecido, que tiene más o menos la misma finalidad, que lo está haciendo dentro de su contexto y yo digo, en la medida que nos podamos ir conectando esas personas y esos grupos, se va reconstruyendo parte de la sociedad. Es un proceso muy lento que no va a pasar de hoy a mañana, sino que me puede tomar el resto de mi vida. No lo estoy viendo como un tema a corto plazo, pero es la forma en que yo he decidido vivir mi día a día, porque no voy a seguir esperando a que las cosas cambien para hacer algo, porque yo no quiero llegar a los 80 años con una andadera a decir, ahora sí es la oportunidad. Uno siempre tiene que preguntarse cuánto tiempo crees que tienes en esta vida, difícil saberlo, pero más o menos podrías calcularlo ¿25 años? Entonces ¿qué vas a hacer tú con ese tiempo, si vas a estar todo el día lamentándote y todo el día con una negatividad? Por cierto, la circunstancia que yo estoy viviendo hoy o que estamos viviendo nosotros hoy, son las circunstancias que nos entregaron. Yo no puedo vivir en el mundo de mi papá pensando que ese tiempo era el mejor, o pensando que mañana va a ser mejor. Tengo que tratar de vivir en mi tiempo hoy porque es el que tengo, entonces aprovechar este tiempo me parece como concepto importantísimo, no solamente como un tema económico sino como un tema de vida.

-Escuché una frase tuya que decía que cada generación es consecuencia de la anterior, ¿cómo te defines partiendo de ese concepto?

-Es una buena reflexión, una buena pregunta para mí mismo aun cuando yo la haya expresado. Eso lo dije porque todos hablamos de que se ha ido lo mejor de Venezuela, los más profesionales, y yo realmente pienso que la Venezuela de hoy es consecuencia de la generación de los 80, y la generación de los 80 en ese momento no se estaba yendo; no les quiero echar la culpa a ellos, pero quiero decir que buena parte de lo que vivimos hoy es consecuencia de los actores de esos tiempos…

-Y la que viene, ¿cómo la vislumbras entonces?

La Venezuela de mañana va a ser el resultado de esta generación que está aquí, de la cual yo quiero formar parte aun cuando no sea la mía, pero yo estoy ayudando a esta nueva generación que va a formar la nueva Venezuela dentro de 20 o 30 años, quiero formar parte de ese cambio a través de ellos. Y por cierto, no estoy de acuerdo cuando se dice que aquí se ha ido lo mejor de Venezuela, porque aquí hay muchísima gente que tiene muchas ganas. Cuando tú analizas, por ejemplo, que hay un ingeniero extraordinario pero que no quiere trabajar aquí porque no le gusta el ambiente, y está todo el día metido en su computadora viendo cómo se va a ir, esa persona y su talento no traen ningún beneficio al país. Entonces el tema del talento no hay duda de que es importante, pero más importante es el esfuerzo que multiplica el talento y me va a dar mis habilidades. 

Quién tiene  ganas de trabajar 

-¿Cuesta mucho mantener motivado al personal?

-Hoy en día nosotros hacemos algo inédito en esta compañía: cuando una persona viene a trabajar o a buscar trabajo, le preguntamos primero no por su talento, sino por sus ganas. La primera pregunta que le hacemos es ¿usted tiene ganas? Sí, yo tengo ganas de trabajar. Pero ¿usted tiene ganas de trabajar aquí, en su país? Por supuesto, yo quiero trabajar en mi país. Ah, ok. ¿Y qué es lo que sabe hacer usted? Quizás esa persona no  sea tan talentosa como la que se fue, pero va a llegar a las 7 de la mañana y se va a ir a las 7 de la noche, y a esa persona lo que uno tiene que hacer es dedicarle tiempo, porque está poniendo el esfuerzo y las ganas y eso es lo que al final interesa.

-Es el compromiso también.

-Es el compromiso, sí.  Nosotros ponemos en todos nuestros mensajes, en nuestras publicaciones en la empresa, y yo lo hago personalmente, un hashtag: #somostalentovenezolano, porque el somos abarca al equipo y eso es importante. El talento te da la autoestima y definirnos venezolanos habla del sentido de pertenencia.  Eso es muy poderoso porque una persona puede trabajar en España y ser un orgulloso venezolano, y una persona que está trabajando aquí podría decir lo mismo, lo importante es levantar esa bandera de orgullo, no importa que esté afuera o estés aquí. Mucha gente que está afuera denigra del país. Y realmente, nosotros tenemos que recuperar nuestra autoestima como venezolanos.

-Qué factores pueden ayudar a que en este momento logremos levantar la autoestima.

-Los cambios tienen que empezar en tu casa, yo les digo a mis hijas que se sientan orgullosas de ser venezolanas, se los he inculcado hoy, ayer, y se los voy a inculcar mañana, creo que es un buen punto de partida. Yo no les digo que este país no tiene futuro, o váyanse a estudiar para afuera, sino que les digo todo lo contrario: todas las oportunidades están aquí si las quieres tomar, no te puedo garantizar cómo va a ser el futuro porque no sé.  Y si yo lo digo en mi casa, y mis hijas lo dicen después, y si yo lo digo en el lugar donde yo trabajo, si yo se lo digo a cualquier persona con la cual yo me reúno, estoy contribuyendo por recuperar esa autoestima. Es un proceso muy lento, no puede ser un decreto, es una emoción que tiene que volver a renacer en nosotros, y creo que la generación joven que está aquí, que viene de abajo lo siente. 

Esta generación es mejor que la anterior

-Muchos jóvenes que están aquí nos hacen sentir esperanza por el futuro. Se les siente muy claros, comprometidos, y con unos niveles de conciencia que sorprenden.

-Es que esta generación es superior a la anterior. Yo vengo de una generación que hablaba de niche, de pata en el suelo, y realmente creo que eran unos prejuicios muy negativos para el país. Esta generación tiene una madurez que nosotros no teníamos. Recuerdo que cuando conocía a alguien en la universidad que estaba en la política, me parecía que estaba loco, y hoy en día me parece que fue un error no habernos involucrado en la política. La generación presente sí lo está corrigiendo, no tiene esos prejuicios, tiene una autoestima distinta además, porque se siente que es millenial, que es un emprendedor. Ahí tienes a un tipo como el que entrevistaste hace poco, un Roberto Patiño que está metido en La Vega cuando pudiera haber estado viviendo en Boston, y entonces a ese tipo yo lo admiro más que a cualquiera porque al final, teniendo la oportunidad de estar afuera, ha traído todos sus conocimientos para el país y está metido en el lugar donde verdaderamente él va a generar un impacto. Entonces tengo que decirle a ese tipo: te felicito, en realidad, yo te admiro, porque personas como él van a ir sumando y van a ir generando ese rompecabezas de un país que está todo como resquebrajado y hay que poner las piezas en su sitio.

Entiendo que estás comprometido en apoyar diversas iniciativas y emprendimientos de jóvenes. ¿De qué se trata?

Es así. He apoyado varias cosas: una es el IMPACT HUB, de Claudia Valladares, que es un lugar de encuentro de los jóvenes que quieren emprender, como un pequeño oasis de gente con unas energías que verdaderamente me encanta; luego han salido muchas iniciativas que he tratado de incentivar, una se llama Zoi Venezuela que es una idea de promover el turismo en la Venezuela bonita, la que uno se encuentra cuando va a un caserío, o a una pequeña posada en Mérida. Un poco como hace Valentina Quintero, que realmente enseña esa cara del país independientemente de todos los problemas que estamos viviendo.  Ellos después se transformaron en Somos y hoy en día es una iniciativa que promueve actividades no solamente en Venezuela, sino en Chile, Colombia y México. Y luego tenemos una iniciativa que se llamaba Venezuela nos une que busca reunir a emprendedores que aunque estén haciendo distintas actividades, se puedan ayudar y se vayan conectando como una red.  Porque como te he dicho en esta entrevista, insisto en que esto se va a reconstruir de abajo para arriba y ayudar a construir esas conexiones nos parece un buen punto de partida.

-¿Hay condiciones objetivas para triunfar emprendiendo en Venezuela?

-Si te pones a pensar, en el primer mundo de diez emprendimientos a lo mejor uno subsiste, y nueve se vuelven a reinventar o a relanzar. En Venezuela, efectivamente hay una mala política económica, más una recesión que hace que los negocios sean extremadamente difíciles. El escenario de emprender aquí tiene la adversidad de que el ambiente no es propicio, pero no tienes competencia, en cambio tú vas a otros países y resulta que ahí sí están dadas las condiciones, pero la competencia es salvaje.

-Aquí era fácil emprender y triunfar.

-Sí, cuando el boom petrolero, pero Venezuela se tiene que transformar porque el gran problema de los últimos cien años, de 1920 en adelante, ha sido apalancar el tipo de cambio y con eso controlar la inflación. Ha sido para nosotros el elemento más perjudicial, porque lo que ha hecho es que sea un incentivo para importar y Venezuela se convirtió prácticamente en una economía de puerto, pero no solamente hoy, también lo era ayer, aquí son pocos los industriales que han logrado salir adelante. Si aquí va a haber un período post petrolero, el tipo de cambio tiene que ser libre pero también tiene que ser competitivo. Desde 1983 hasta el año 2018 han pasado 35 años, y en ese tiempo solamente hemos tenido nueve años de acceso libre al dólar, o sea que hay algo que no solamente en este tiempo está funcionando mal, sino que antes no estaba funcionando bien. En el año 83 tú tenías libre acceso al dólar,  pero el cambio no era libre, lo fijaba el BCV, por lo tanto, eso quiere decir que Venezuela nunca ha tenido un libre cambio en su historia, lo único que hemos tenido es libre acceso. 

La  mentalidad petrolera le hace daño al país

-¿Cómo te defines respecto a la economía?

-Soy una persona con visión liberal de la economía, pienso que los países crecen más con economías más abiertas, siempre y cuando tengan una interacción con los problemas sociales del país.  La mentalidad que te crea el ser petrolero, o minero, es un “saco mientras puedo”, y eso le hace mucho mal al país. No me quiero meter en política porque no tengo influencia y no me gusta, solamente puedo decir que dentro de mi espectro tengo dos cosas que hacer: dentro de la empresa donde trabajo, siempre he tratado de tener un equipo bien animado, bien incentivado, y además les doy el ejemplo: yo vivo aquí, sigo aquí, yo no me voy para ningún lado, tengo a mi familia aquí y así sucesivamente. Y hay otras cosas que uno puede plantear institucionalmente al  gobierno: realmente ustedes tienen que cambiar la dirección de la economía. 

-Hay razones para sentir escepticismo ante ese tipo de peticiones.

-El escepticismo es algo que está muy apegado a muchos venezolanos, y a muchos empresarios, porque el escepticismo es una forma de protegerse: cuando tú eres escéptico no puede pasar nada que tú no pienses, es como un escudo, pero ese escepticismo te paraliza porque la persona que es escéptica, que es irónica, que está sentada con su escudo protector, está simplemente paralizado en su punto. Yo creo que realmente tenemos que ir hacia adelante, que tenemos que hacer planteamientos en lo económico, tenemos que hacer propuestas, ver qué oportunidades ofrece la crisis, y si hay algún espacio donde uno pueda hacer algo. Como tengo ganas lo hago, pero sé que hay otras personas que no tienen esa misma motivación.

-¿Cómo se proyecta en tu empresa esa visión positiva?

En diciembre pasado cerramos el año celebrando los 25 años de esta compañía y mi equipo nunca había estado tan animado, en el peor momento, en las peores circunstancias. Creo que nosotros hemos logrado generar un ambiente de trabajo, en donde todo el mundo se sienta que vale la pena venir a trabajar y fajarse. Además, nosotros le entregamos acciones de la empresa a todos nuestros empleados –aproximadamente 700 – de modo que todos son accionistas, y eso genera, por supuesto, sentido de pertenencia. Y cuando una persona recibe una acción de esta compañía siente que está trabajando para su futuro. Fíjate que se nos ha ido gente como en todo grupo, diría que se puede haber ido un 8% de la compañía, pero  debo señalar que todo el que ha ingresado, trae un entusiasmo que no tenía el que se fue, y eso a mí me gusta. Es verdad que del país se ha ido muchísima gente, pero tenemos que decir que se ha quedado la mayoría, y queda un país entero que necesita de los que pueden aportar cosas.

-Hablas mucho de las emociones y generalmente un empresario no habla de esos temas…

Eso es un punto buenísimo, porque el cerebro está dividido en dos partes: una que piensa y razona, y otra parte que siente. La parte que siente no puede hablar, la que trata de explicar lo que tú sientes es la parte que razona, ésa sí puede hablar; normalmente yo te hablo a ti sobre la base de lo que yo siento, entonces, si tú y yo sentimos más o menos lo mismo, coincidimos en cómo vemos las cosas, la vida, las circunstancias. Si tu emoción es contraria a la mía, tú vas a tratar siempre de hacer tus razonamientos sobre la base de lo que tú sientes. He tenido personas aquí que han venido a hablar conmigo y les he dado mi visión de país, de vida, con este mismo entusiasmo conque yo te estoy hablando, y al final me dicen, oye, puede que tú puedas tener algo de razón, pero yo sé que esas mismas personas cuando bajan las escaleras y salen a la calle y les tocan la corneta, gritan otra vez este país se fregó, porque responden desde una emoción que está enraizada. Entonces, yo trato de trabajar con gente que tiene más o menos mi misma emoción porque si estamos alineados, podemos lograr muchísimas más cosas.

-Desde la psicología positiva se habla de la importancia de escoger la emoción con la que enfrentas lo que te ocurre en la vida. Lo que se te presente, puede no depender de ti, pero el cómo lo abordes es tu entera decisión.

-De todo lo que está pasando uno ha aprendido a interactuar con las dificultades y creo que lo mejor que tú le puedes dar a tus hijos es la experiencia de cómo tú respondido ante esas dificultades. En el tiempo ellos van a tener las suyas propias,  a lo mejor no son las mismas nuestras generadas por un gobierno intervencionista, totalitario, como tú lo quieras llamar, a lo mejor no va a ser eso, pero a lo mejor puede ser un divorcio o una enfermedad, entonces es fundamental la forma como tú vas a interactuar con los retos y las dificultades.

-¿Y la resiliencia? Esa palabra tan de moda…

He investigado mucho sobre el significado de esa palabra que, por ejemplo, en finlandés se dices sisu, pero a mí me parece que en Venezuela debe significar terco. Lo digo porque creo que el venezolano que está aquí es extremadamente terco y significa que es extremadamente resiliente,  hay que ver cómo nos han dado palo y aquí estamos. 

El venezolano más optimista

-Alguien te definió como el venezolano más optimista del país. ¿Tú no dudas a veces de tu optimismo?

-Bueno, te confieso que yo he tenido en estos años unos momentos en que verdaderamente me provoca cerrar la puerta y ponerme a llorar. La verdad es que he tenido muchos momentos en que me he sentido muy apesadumbrado, muy, muy decaído, muy, muy preocupado por todo lo que hemos vivido, por estas dificultades pero no sé, mi naturaleza es contraria al decaimiento y siempre regreso a mi estado natural que es de una energía que es la que me gusta y me hace sentir bien. De hecho, en el año 2010, estuve en cama casi un mes, tumbado por las angustias, las ansiedades, fueron tiempos muy difíciles para nosotros. Hoy en día lo veo como una bendición porque creo que me hizo crecer mucho, pero en el momento lo viví como algo terrible.

-Como líder empresarial debes mantener la moral alta.

-Los líderes somos personas extremadamente solitarias porque si estás preocupado y angustiado, mejor cierra la puerta y pasa tu trago amargo solo y cuando la abras, tienes que salir y decir, vamos a sentarnos, a ver qué vamos a hacer, cómo vamos a abordar este tema y seguir adelante animando a tu equipo.

-Ante realidades y problemas tan graves como la salud, la comida, la inflación, el transporte ¿qué tanto se puede hacer?

-Estamos hablando siempre desde la perspectiva donde uno pueda influir, yo no puedo entrar en todos los nichos, ni tengo manera de hablar con nadie más sino con la gente que me rodea, en la empresa, en el medio en que me muevo, pero todo lo terrible que está pasando no significa que no valga la pena tratar de hacer algo. Yo sé que a veces peco por muy idealista, pero esa siempre ha sido mi personalidad, y lo peor es que no pueda cambiar nada, pero por lo menos traté.

-Para muchos, en estos tiempos lo mejor que se le puede ofrecer a un joven es un boleto de salida.

-Yo más bien le tiendo la mano, lo animo y le digo yo te ayudo en lo que tú quieres hacer, ¿qué necesitas? Échale pichón. Muchísima gente viene a preguntarme cómo organiza su negocio y a mí eso no me cuesta sino tiempo. A lo mejor no puedo darle recursos a todo el mundo porque en este momento los recursos están muy escasos, pero te garantizo que le dedico un par de horas en explicarle cómo se estructura un negocio y qué son las cosas que tiene que prever. Yo creo que nosotros, nuestra generación, que tenemos hoy en día 50, 60, 70 años, más hacemos tendiendo la mano que poniéndole la mano en el hombro a la gente y diciéndole no pierdas tu tiempo porque esto se acabó, esto no tiene futuro, si te puedes ir mejor vete. Ésa es por lo menos mi cruzada, y es por lo menos mi propósito, por llamarlo así.

KonZapata