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Susana Raffalli: “Nos convirtieron en un país de basura y caviar”

jueves 12 de julio de 2018, 17:00h
Por Alejandro Ramírez Morón @aleramirezve.- La nutricionista –vocera de organizaciones como Provea y Cáritas- disparó ayer la frase vía Twitter, como respuesta a un tuit de la firma consultora Poder y Estrategia, en el cual se aludía a un informe de importaciones que pone algo en claro: entre 2015 y 2017 cayeron las importaciones de medicinas en 95%, pero las de caviar pasaron de cero dólares en 2015 a 9.000 dólares en 2017. A la par, se sabe ya que en Venezuela asistimos al fenómeno del friganismo: gente que hurga en la basura en busca de comida.
Por Alejandro Ramírez Morón @aleramirezve.- La firma consultora Poder y Estrategia (@podertactica) lanzó ayer en la mañana –vía Twitter- cierta data contenida en un informe suyo sobre importaciones: entre 2015 y 2017 la caída en las importaciones de medicinas –garantiza- fue de 95%; pero si en 2015 no se importaba caviar a Venezuela, en 2017 se compraron a proveedores extranjeros 9.000 dólares en esta exquisitez de color negro y fuerte sabor, habitualmente asociada a los hábitos de consumo de un target más bien muy elitesco.



Para nadie es un secreto que la nutricionista Susana Rafalli adelanta desde hace tiempo una cruzada muy serena pero contundente en contra del drama alimentario que vive la Nación. Aporta sus conocimientos y sus afanes a organizaciones como Provea y Cáritas. Lo cierto es que Rafalli topó con el tuit de Poder y Estrategia, pero no pudo evitar contestarlo: “nos convirtieron en un país de basura y caviar”, espetó desde el habitual cajetín de 140 caracteres, de la red social de micro blogging del pajarito azul.

No es que la cosa se haya viralizado, ni haya llegado a ser una tendencia, pero ayer a finales de la tarde el citado tuit de @podertactica había alcanzado 66 RT, y dos usuarios ya habían consultado la fuente de esta información sobre importaciones, que no deja de ser muy elocuente. Vale recordar que hasta hace no mucho, el país importaba 70% de los alimentos que consumía, y en torno a esta vorágine del comercio internacional se tejieron complejas tramas de denuncias como el caso de Pdval, tan profusamente sustanciado en su momento por la Comisión de Contraloría de la Asamblea Nacional (AN), bajo de presidencia de Freddy Guevara (VP). También el ojo clínico de los reporteros de Panamá Papers puso la lupa sobre esto.

Enfermos de lujo

Pero vayamos al grano: en 2015 se importó –dice Poder y Estrategia- un total de 1.858.134 dólares en medicinas, al tiempo que en 2017 la cifra bajó hasta 203.885 dólares; la merma –calcula Rafalli- fue de 95%. Es cosa conocida el colapso de la salud, y una escasez de medicamentos que ha costado ya muchas vidas en nuestros desvencijados centros hospitalarios.

Lo paradójico del asunto, en cuanto a este dossier de @podertactica (que Rafalli dice no haber podido consultar como fuente originaria todavía) es que las importaciones de caviar pasaron de cero dólares en 2015 hasta 9.000 dólares en 2017.

O sea, mientras las importaciones de medicinas experimentaron una caída abrupta, un producto suntuario como el caviar subió notablemente; no se sabe la definición del target, es decir, Rafalli desconoce quién está consumiendo caviar hoy en Venezuela, pero es claro que se trata de una exquisitez históricamente asociada a las clases más pudientes.

“Yo viví en Angola dos años, y allá pude ver algo muy parecido a esto que vemos hoy en Venezuela. Incluso escribí un artículo que se llamó ‘Lujo y basura’, en torno a la situación que se vivía allá”, recuerda la vocera.

Por esto, Rafalli disparó ayer una frase parecida vía Twitter. Es noticia ya muy divulgada que en el país se verifica desde hace un par de años el fenómeno conocido como friganismo, a saber, gente que hurga en la basura en busca de alimentos.

La experta recuerda que desde 2010 el aparato productivo venezolano viene en “caída libre”. Y se remite a la data dura: entre 2016 y 2017 la caída en importaciones de alimentos fue de 38%, según las cifras que ella maneja.

Mala leche

“Sólo la importación de leche traída desde México, que es la que se usa para las cajas CLAP, pasó de 380.000 dólares en 2014, a 5.000.000 de dólares en 2016”, informa la fuente. Es importante traer a cuento que a esta hora 4 reporteros del portal Armando.info –especializado en periodismo de investigación- permanecen en el exilio, luego de publicar una nota sobre estos productos. Se trata de los fundadores del sitio (Ewald Scharfenberg, Alfredo Meza y Joseph Poliszuk), más el reportero Roberto Deniz, un colaborador habitual del portal.

Bajo el título “La mala leche de los CLAP”, Roberto Deniz escribió: “El análisis químico a ocho marcas mexicanas que el Gobierno venezolano suministra a la población de bajos recursos a través de los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), le da rigor científico a lo que pasaba por una leyenda urbana: en polvo será, pero leche no es. El fraude lesiona a la vez a las arcas y la salud pública, ofreciendo como alimento un amasijo pobre en calcio y proteínas pero repleto de carbohidratos y  sodio.

La leche en polvo de los CLAP es un fraude. A esa conclusión se llega tras revisar los resultados del análisis químico realizado a ocho muestras por el Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos de la Universidad Central de Venezuela (UCV). El estudio se hizo a petición de Armando.info, que recolectó diversas presentaciones de la leche contenida en los CLAP entre septiembre y diciembre de 2017”.

Dicho en dos platos: Rafalli denuncia de modo categórico que el Gobierno no ha cumplido con sus obligaciones en cuanto a la garantía del derecho a la alimentación de los venezolanos, y, más allá, ha secuestrado el aparato de producción y suministro de comida, con la única meta –entre ceja y ceja- de atornillarse indefinidamente en el poder. “Esto ha impactado negativa y sensiblemente al capital humano de la Nación, especialmente a la infancia, toda vez que entre 2016 y 2017 se duplicó la cifra de niños con problemas de desnutrición”, fustiga la experta.

Es muy concisa: 34% de estos infantes ya presentan deficiencias de talla, es decir, en su crecimiento corporal. “Es posible que estos niños en el futuro puedan jugar y reír, cómo no, pero no podrán -por ejemplo- culminar estudios en una universidad, porque ya han quedado pasmados”, dispara a rajatabla.

¿Delito de lesa humanidad?

Para los estándares internacionales de Derechos Humanos, lo dicho en el párrafo anterior podría suponer un delito de lesa humanidad, por parte del Gobierno nacional, según explica la entrevistada.

“Habría que documentar y demostrar esto ante la Corte Penal Internacional (CPI), pero ya ante la Corte Interamericana de  Derechos Humanos (CIDH) quedó demostrado que ha habido falta de compromiso por parte de las autoridades alimentarias venezolanas. Se trata de 37 derechos, pero el más grosero está contenido en el Pacto de Derechos Económicos y Sociales, y se refiere a la alimentación. Según esto, el Estado venezolano debía haber extremado las medidas para evitar que el drama alimentario llegara a  los extremos que tenemos hoy”, asevera Rafalli.

En paralelo, denuncia la nutricionista, “se erigen lujosos edificios en Caracas y se gastan fortunas en campañas electorales, pero lo peor es que las autoridades verbalizan públicamente esto. De esta manera, hemos visto cómo Diosdado Cabello o Delcy Rodríguez –verbigracia- niegan públicamente la existencia de una crisis humanitaria en el país”, expone Rafalli. La cosa, vista de este modo, es incluso pública y notoria. Más claro no canta un gallo.

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