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Confesiones de un empresario que viajó por carretera 

jueves 30 de agosto de 2018, 10:00h
Por Redacción @konzapata.- Dice que vio las protestas del gas,  la gran cantidad de negocios cerrados. Visitó los puestos de frontera para obtener una visión más allá de los medios. Dice que le impresiona la cara de desespero del venezolano. Afirma que hace mucha falta un liderazgo que le pase una mano por el alma a la gente. 
Por Redacción @konzapata.- El empresario viajó al estado Táchira. Regresó en carro por el Sur del Lago. Avanzó hacia Carora. Pasó por Barquisimento. San Felipe y Valencia. Dice que vio las protestas del gas,  la gran cantidad de negocios cerrados. Visitó los puestos de frontera para obtener una visión más allá de los medios. Dice que le impresiona la cara de desespero del venezolano. Afirma que hace mucha falta un liderazgo que le pase una mano por el alma a la gente. Al menos una mano. “Es un abandono físico, material y emocional”, apunta este empresario. Algunos, agrega, expresan algún tipo de esperanza dentro de la gravedad. Otros visualizan una hambruna de verdad. El empresario señala: Increíble las colas en cualquier pequeño comercio "abierto" para comprar algo de proteínas. Increíble las colas en los terminales de pasajeros municipales. Muchas personas en las carreteras pidiendo cola para ir de un pueblo a otro. El combustible casi imposible. Pimpinas de 20 y 23 litros se venden entre 16.000 o 10.000 pesos dependiendo de la suerte. Revela el empresario que en algún puesto me dijo un cabo: "Jefe espero que sus amigos ahora entiendan que no hay más tiempo para equivocarse". El empresario supo que un medio pollo en Dividive cuesta 20 millones de bolívares de los viejos. Un desayuno en Carora en una posada, arepa queso y caraota con huevo, 190 millones para 7 personas. Un almuerzo en San Felipe para 11 personas, 170 millones. “Era un almuerzo de  pasta, hamburguesas y cerveza”. Pero los sitios de carretera  están casi todos cerrados. Quebrados. No cuentan con medios de pago. O no cuentan con personal. El personal se ha ido. Lejos. Y tampoco hay porque no hay como pagarle.

 

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