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El éxodo venezolano es otra consecuencia de la internacional de la corrupción de Chávez, Lula y Kirchner

viernes 31 de agosto de 2018, 10:00h
Por Pedro Benítez - @alnaviocom (ALN).- De aquellos polvos vienen estos lodos. La principal responsabilidad en el desastre económico y humano de Venezuela hoy reside en quienes la han gobernado en los últimos 20 años, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, en quienes les han apoyado y en quienes votaron por ellos. Pero también en una red activa de complicidades de gobernantes latinoamericanos que hoy le hacen pagar a sus países con la emigración masiva y la exportación del caos venezolano.
Por Pedro Benítez - @alnaviocom (ALN).- En Brasil la gobernadora del estado de Roraima, Suely Campos, exige al Gobierno Federal que cierre la frontera para frenar el incesante flujo de inmigrantes venezolanos. Mientras tanto, el Partido de los Trabajadores (PT), de los expresidentes Luiz Inácio (Lula) da Silva y Dilma Rousseff, guarda discreto silencio y mira hacia otro lado ante esa inédita situación en la frontera norte, no sea que en vísperas de la elección presidencial brasileña del próximo octubre algún adversario político o acucioso periodista recuerde que fueron los gobiernos del PT los beneficiados del boom que vivió Venezuela y corresponsables del actual desastre económico y social de Venezuela.

De hecho, una proporción nada desdeñable del increíble boom petrolero del que gozó el régimen chavista (1,3 millones de millones de dólares) fue a parar a las arcas del Partido de los Trabajadores para financiar las campañas presidenciales y el proyecto político de Lula y Rousseff por medio de la enorme red de corrupción montada en torno a los millonarios contratos de la constructora Odebrecht en Venezuela.

Obras como la línea 5 del Metro de Caracas, la ampliación del Aeropuerto Internacional de Maiquetía, la Central Hidrológica Tocoma, el Complejo Agroindustrial José Ignacio Abreu de Lima o el Tercer Puente sobre el río Orinoco, son sólo algunos de los numerosos contratos que fueron adjudicados sin licitación a Odebrecht por parte del expresidente Hugo Chávez como parte de los acuerdos económicos y políticos con su homólogo y aliado Lula.

Ninguna de las estructuras antes mencionadas fue culminada en su totalidad. Sólo Tocoma le costó a Venezuela 10.200 millones de dólares y no ha entrado en funcionamiento. Otra central hidroeléctrica cercana, Caruachi, construida unos años antes, de las mismas dimensiones y capacidad, costó en su momento 2.500 millones de dólares. La diferencia entre una y otra (aparte de los costos) es que de por medio no estaban ni Odebrecht, ni Chávez, ni Lula.

Además, en esos años enormes cantidades de alimentos y bienes industriales o de consumo fueron importados desde Brasil a Venezuela directamente por el Gobierno chavista sin pagar aranceles y con un dólar subsidiado, perjudicando a las empresas y los trabajadores venezolanos.

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