konzapata.com

Y cuál es el Plan B de Maduro si el paquetazo fracasa

lunes 20 de agosto de 2018, 08:06h
Por José Manuel Rotondaro.- Un aspecto escasamente destacado por los analistas de la alocución de Nicolás Maduro del día lunes 13 fue la abierta amenaza de que en caso de que las medidas que arrancan el lunes 20 fracasen, “(a la oligarquía) no les va a quedar ganas de haber nacido. Se van a arrepentir de haber nacido”. ¿Qué quiso decir? ¿A dónde apunta?
Foto: Sputnik
Ampliar
Foto: Sputnik
Por José Manuel Rotondaro.-Extraña entonces que habiendo un consenso casi absoluto de que el llamado “Plan de Recuperación Económica, Crecimiento y Prosperidad” delineado el viernes 17 va a fracasar, poca atención se haya prestado a lo que tiene Maduro bajo la manga (o en el bate, usando su analogía).

Entendemos que las medidas que están siendo implementadas a partir de hoy lunes 20 fueron apadrinadas en el seno del gobierno por Ricardo Menéndez, actual ministro de Planificación. Prácticamente no se ha filtrado nada sobre las discusiones en el seno del gabinete pero no sorprendería que hubiese habido voces disidentes, que propusieron un conjunto de medidas diferentes, con más énfasis en controles, estatización y sanciones, y en el cual el mercado no tendría mayor relevancia. Ese grupo seguramente está agazapado a la espera del fracaso del plan actual para imponer el suyo.

Por supuesto, no puedo presentar cuáles son los elementos principales de ese Plan B, pero por los antecedentes y las preferencias de quienes en el gobierno mantienen posiciones más inclinadas a la ortodoxia marxista, es posible delinear sus principales rasgos. Estos serían:
  • Mayor control de los flujos de dinero en la economía. Esto puede ser considerado imprescindible para detectar transacciones prohibidas o inconvenientes. Esto puede ser logrado de manera burda nacionalizando los restantes bancos privados o, de manera más sutil, adoptando el modelo seguido con Banesco, es decir nombrando un funcionario como vigilante todopoderoso dentro de cada banco privado. De esta forma se evitan el conflicto internacional con los bancos extranjeros y la posibilidad de tener que compensar a esos accionistas. La propiedad y la gestión ordinaria se mantendría en manos de los actuales dueños, pero tendrían a su ‘comisario político’ hurgando en sus operaciones. Con los bancos de los países amigos, Cuba e Irán, el control sería ‘light’, total no tienen mayor volumen de operaciones locales.
  • Control directo de las empresas de producción y distribución de bienes que quedan del sector privado. En este caso el riesgo político y financiero es menor que en el caso de la banca. Incluso pueden lograrlo estimulando o simulando que los trabajadores claman por la intervención del gobierno. Para ello pueden utilizar incumplimientos genuinos o ficticios de esas empresas con sus obligaciones laborales, impuestas desproporcionadamente por decreto presidencial, como es el caso del salario mínimo. Esta acción estaría orientada fundamentalmente a las grandes empresas, las cadenas de supermercado y las de distribución. Para el sector PYME, al asumir el gobierno el financiamiento de la nómina con salario mínimo, puso una espada de Damocles sobre sus propietarios. Muy probablemente en 90 días las PYME no estarán en capacidad de asumir ese costo por sí solas - el salario mínimo en Bs. seguirá aumentando - lo cual las condenará a depender del gobierno en forma permanente y, por lo tanto, sujetas a obedecer sus órdenes.
  • Asignación directa de bienes y servicios. Esto lo hemos comentado antes. Con la plataforma del carnet de la patria, y apropiándose de la red de supermercados, el Gobierno contaría con la infraestructura para establecer un régimen de asignación de bienes por persona o familia. Una libreta de racionamiento del siglo XXI. En este escenario la inflación desaparecerá pues todos los precios serán los oficiales. Por supuesto, siempre habrá negociaciones fuera de este esquema, pero serán ilegales, sujetas a detección a través de la banca si los montos son relevantes.
  • Vuelta al control de cambios. Uno de los símbolos del fracaso del plan será la imposibilidad de mantener un tipo de cambio estable. Una de las ventajas del plan anunciado que entendemos sirvió como el gancho para su aprobación por el Gobierno, es la creencia que al aceptar un tipo de cambio oficial cercano al paralelo, vendrán al país enormes cantidades de divisas de empresarios que quieren mejorar sus plantas, remesas y otras fuentes. Cuando esa expectativa no se concrete, el Gobierno no verá ninguna ventaja en mantener subastas de divisas. La asignación de divisas volverá entonces a ser una decisión discrecional, para beneplácito de muchos en el gobierno.
Admito que lo anterior es un ejercicio especulativo, pero conviene estar preparados para lo peor y esperar que antes que este escenario se concrete, ocurra el único cambio que puede traer alivio a la situación económica: el del Gobierno.

KonZapata