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(Ojo) En Venezuela no hay ningún mercado libre de divisas

lunes 10 de septiembre de 2018, 13:15h
Por José Manuel Rotondaro.- El Gobierno de repente dice: Libre compra y venta de divisas. Mentira. Para comenzar, el ministro Zerpa fue engañoso en la presentación de la norma cambiaria, cuando afirmó que “elimina todos los convenios anteriores”. En realidad el nuevo convenio reúne en una sola norma todos los anteriores, con algunos pocos cambios. Persisten en el texto no sólo la mayoría de las trabas existentes sino el pésimo castellano que, en algunos casos, se presta para doble interpretación. Y siguen las amenazas.

Por José Manuel Rotondaro.- George Orwell, el escritor británico, popularizó la figura del doble discurso con su obra 1984. En ésta, la dirigencia política usaba palabras con un significado totalmente opuesto. Nicolás Maduro ha hecho uso de esta práctica en variadas ocasiones, notablemente cuando prometía paz y flores en medio de la feroz represión de 2017.



Calixto Ortega Sánchez, presidente del BCV

Desde agosto, él y sus adláteres han estado incurriendo en el doble discurso económico con total impunidad, por ejemplo cuando prometió reducir el déficit fiscal a la vez que anunciaba un aumento salarial insostenible en el presupuesto, como luego reconoció el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López.

Este viernes le tocó el turno al ministro de Finanzas, Simón Zerpa, y al presidente del Banco Central, Calixto Ortega Sánchez,   demostrar su capacidad de torcer el sentido de las palabras. No habían transcurrido 48 horas desde que el superintendente de bancos, Antonio Morales,  se vanagloriaba del bloqueo de 316 cuentas bancarias por hacer “remesas ilegales”, cuando en rueda de prensa los jefes de las finanzas anuncian en rueda de prensa la ‘libre convertibilidad’ de la moneda.

¿Significa esto que el ministerio de Finanzas desautoriza a la Sudeban? ¿Es otro síntoma del desorden en el gobierno que mencionaba en un artículo anterior?

La lectura del nuevo Convenio Cambiario Nº 1, lamentablemente, deja en claro que lo que existe es una contradicción entre el significado normal de las palabras y la acepción que le da el madurismo.

Para comenzar, el ministro Zerpa fue engañoso en la presentación de la norma cambiaria, cuando afirmó que “elimina todos los convenios anteriores”. En realidad el nuevo convenio reúne en una sola norma todos los anteriores, con algunos pocos cambios. Persisten en el texto no sólo la mayoría de las trabas existentes sino el pésimo castellano que, en algunos casos, se presta para doble interpretación. 



El crimen no paga con dólares

Pero volviendo al anuncio principal. Antes que el ministro Zerpa afirmará tajantemente que ahora existe “libre convertibilidad en todo el territorio nacional”, previamente había lanzado la siguiente amenaza:

“Las personas y empresas que decidan seguir alimentando el mercado criminal están trabajando en la sombra, y están trabajando con un gran riesgo, un gran riesgo financiero y un gran riesgo legal.”

Si realmente hubiese libre convertibilidad, no existiría un mercado ‘criminal’ pues no habría crimen en una transacción cambiaria y, por lo tanto, quienes operen fuera del mercado oficial no deberían temer consecuencias legales algunas.

La contradicción entre el verbo y la acción se extiende incluso al convenio cambiario mismo. El artículo 2 estipula de forma muy clara que “cesan las restricciones sobre las operaciones cambiarias”. Luego el artículo 10 establece que “el tipo de cambio fluctuará libremente de acuerdo con la oferta y la demanda de las personas naturales o jurídicas”. Y en al artículo siguiente se establece que “el Sistema de Mercado Cambiario corresponde a un sistema de compra y venta de moneda extranjera, en bolívares, en el que demandantes y oferentes participan sin restricción alguna”.



¿Significa que realmente se acabó el control de cambios?

Cualquier ilusión se esfumó rápidamente. El resto del articulado del convenio mantiene casi todas las restricciones actuales. Eso sí, como ha sido la tónica con el gobierno de Maduro, en esta nueva iteración, el control cambiario pasa ahora a denominarse “Sistema de Mercado Cambiario”.

Pero en el doublespeak madurista, este será un control de cambio con “libre” convertibilidad y sin “restricciones”. Al igual que en la novela, el lector debe entender exactamente lo opuesto.



Funcionamiento del Sistema de Mercado Cambiario

El convenio cambiario sólo contempla operaciones canalizadas a través de ese Sistema de Mercado Cambiario, operado por el BCV. La “libertad” no se extiende a negociaciones directas sin pasar por ese sistema. Es decir, Sudeban podrá seguir persiguiendo a quienes usen cuentas bancarias locales para transferir el contravalor en bolívares de operaciones en divisas. En el fondo, lo mismo que existe hoy.

También la supuesta libre fluctuación del tipo de cambio dependerá de que el BCV, en la caja negra que representa el Sistema de Mercado Cambiario (¿Simeca?), valide las cotizaciones presentadas por oferentes y demandantes. Por la historia reciente (Dicom, Simadi, etc), sabemos que el BCV siempre manipula las cotizaciones, desconociendo las que excedan el tipo de cambio que ha decidido de antemano.

En todo caso, este tipo de cambio supuestamente determinado por el encuentro de ofertas y demandas al mismo precio, sólo aplicará a lo que el convenio denomina “compra y venta de posiciones”, eufemismo para referirse al mercado al mayor, por montos superiores a 10 mil dólares. Las transacciones en el segmento al detal, el sector oficial y muchas otras están obligadas a usar el tipo de cambio de referencia, nuevamente fijado por el BCV.



Simón Zerpa, ministro de Finanzas

Eso explica el galimatías que anunció el ministro Zerpa de un “tipo de cambio único equivalente al promedio de los tipos de cambios en las operaciones”. El tipo de cambio de referencia será único para la mayoría pero no para todos. 



Más del doble discurso

La descripción del proceso operativo de funcionamiento del Simeca también incurre en el doble discurso, cuando en el artículo 11 indica que éste “operará automatizadamente de manera organizada y transparente, sin que los participantes conozcan las cotizaciones de oferta y demanda durante el proceso de cotización y cruce de las transacciones”.

El esquema descrito, frecuentemente usado en el mercado financiero, se conoce como un mercado ciego. Los que coloquen ofertas de compra o venta no tendrán mayor idea de cuál es el rango de precios que hay en el mercado. Esto puede ser descrito de muchas formas, excepto transparente.



¿Cuáles son las principales restricciones?

La primera y primordial, es que el convenio sólo considera como legítimas las operaciones realizadas a través del Simeca. No estarán permitida operaciones de compra-venta de divisas entre privados por fuera del sistema. Cabe recordar que en el pasado, este segmento del mercado llegó a manejar volúmenes similares a las operaciones con el BCV.

El convenio no elimina expresamente la facultad del BCV para establecer montos máximos para las ofertas de compra, como sucede hoy con el Dicom. Habrá que esperar las convocatoria para conocer si efectivamente permitirán solicitudes de compra por montos superiores a los 1.000 euros actuales. Lo que sí es factible es que para determinados demandantes - ¿empresas de países “amigos”? - el sistema permita montos superiores.

En el segmento al detal (montos menores a 10.000 dólares) el convenio presenta una serie de contradicciones. El artículo 19 contempla que pueden acudir a este segmento personas naturales y jurídicas. Pero el artículo 23 establece que estas operaciones sólo podrán ser hechas “únicamente (por) personas naturales mayores de edad”.

El artículo 24 luego señala que “el Ministerio del Poder Popular con competencia en materia de finanzas y el Banco Central de Venezuela establecerán los montos para las operaciones de venta de moneda extranjera”, pero sólo para el caso de operaciones con casas de cambio.

Pareciera que en el proceso de fusionar los viejos convenios cambiarios en uno solo, dejaron la redacción original de los artículos 23 y 24, del convenio que permitió a las casas de cambio ofrecer divisas a personas naturales.

Un tema que se mantiene de convenios anteriores es que las divisas que los afortunados obtengan bajo el sistema contemplado, obligatoriamente serán abonados en cuentas en divisas en bancos del país. Esto, además de encarecer el costo de la divisa, puede rápidamente convertir las divisas adquiridas en un mero espejismo contable.

El BCV y el Gobierno en cualquier momento pueden decidir prohibir la transferencia de recursos de esas cuentas en divisas al exterior. Incluso pueden ordenar su conversión en bolívares a una tasa de cambio impuesta administrativamente. Eso ha ocurrido en otros países por lo que no debe sorprender que ocurra si el Gobierno considera que las condiciones lo ameritan.

En su presentación, el ministro Zerpa al menos fue explícito en que los exportadores no gozarían de la “libre convertibilidad” anunciada. Siguen obligados a vender al menos el 20% de las ventas al BCV. Similares restricciones se mantienen a los que reciban divisas de turistas y similares.



Los venezolanos no residentes

Tampoco hay en el nuevo convenio ninguna disposición que contemple el acceso, aún con las restricciones indicadas, a los no residentes que tienen ingresos en bolívares. En este grupo destacan los pensionados, tanto los del seguro social como los de otros esquemas públicos y privados. Pero también están aquellos que tienen rentas en moneda nacional, por ejemplo por alquiler de apartamentos.

En las primeras fases del control de cambios había disposiciones específicas para ciertos grupos como los pensionados. Pudiera señalarse que los pensionados pudieran acudir al Simeca a cambiar sus bolívares como los residentes. Pero el convenio explícitamente restringe la apertura de las necesarias cuentas en divisas en bancos nacionales a personas residentes.

Extraño que Maduro haya perdido esta oportunidad para callar a los pensionados que en el exterior arman constantes protestas por la imposibilidad de recibir sus jubilaciones. Total, con la pulverización en términos de dólares del salario mínimo, un jubilado del SSO estaría recibiendo apenas 360 dólares por año.



¿Cuáles son los cambios, entonces? 

Fuera de los elementos engañosos, el único cambio real que tiene el convenio cambiario anunciado por el ministro de Finanzas, Simón Zerpa y el presidente del BCV, Calixto Ortega Sánchez,  es que por fin aceptaron que la banca sea un operador cambiario.

Probablemente se percataron que tratar de canalizar las operaciones del sector privado a través de tres casas de cambio insolventes o de alta fragilidad, no iba a dar resultado.

Pero para calmar a las jaurías que desde dentro del chavismo achacan a la banca todos los problemas económicos del país, la norma prohíbe a las instituciones financieras realizar operaciones por cuenta propia. No es algo inusual pero pierde el BCV un potencial aliado para darle estabilidad al Simeca. 



¿Qué puede ocurrir ahora?

Para los optimistas, el cambio de lenguaje y la incorporación de la banca forma parte de un proceso difícil de ir acercando el sistema cambiario a algo que tenga alguna semblanza de mercado y que haga innecesario buscar salidas laterales para hacerse de divisas.

Para el resto, mientras no haya una demostración palpable de que el Gobierno acepta que no puede controlarlo todo, los cambios de léxico y de nombres, no significarán nada.

Mientras, el supuestamente agonizante dólar sigue campante por todo el país. No por nada clamó el ministro Zerpa para que toda la población saliera a abrir cuentas en divisas en la banca nacional.

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