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José Vicente Rangel en 1980: “Los partidos políticos no pueden meterse en la Fuerza Armada”

Por KonZapata

Por Danny Leguízamo (KonZ).- Rangel le dijo hace 40 años a Alfredo Peña que “una verdadera política de poder tiene que precisar muy bien el papel de los militares. Decir que las Fuerzas Armadas representan la tercera alternativa es contraproducente". (Publicada Viernes 08 de mayo de 2015, 10:06h)


José Vicente Rangel Vale (Caracas, 16 de julio de 1929) es un político, abogado y periodista venezolano. Activo dirigente político de izquierda en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta del siglo XX, además de periodista. Llegó a ser candidato a la Presidencia en dos oportunidades, la primera apoyado por el Movimiento al Socialismo (MAS) y la segunda vez en 1983 apoyado por el Movimiento Electoral del Pueblo y el Partido Comunista de Venezuela. Fue Vicepresidente de la República, posición que ocupó desde el 28 de abril de 2002, cuando reemplazó a Diosdado Cabello, hasta el 8 de enero de 2007 fecha en que tomó posesión Jorge Rodríguez, siendo el más longevo de todos los que han ocupado dicho cargo durante la administración de Hugo Chávez. En la actualidad, conduce el programa “José Vicente Hoy” en el canal Televen, desde donde entrevista a dirigentes vinculados con el oficialismo.

Rangel fue entrevistado el 03 de marzo de 1980 por Alfredo Peña en la sección “Foros” de El Nacional. La conversación giró en torno a dos temas: La izquierda y los militares. Sobre el primero, Rangel expresaba que “yo rechazo la idea de que el ejército, por sí solo, constituye una alternativa. Decir que las Fuerzas Armadas representan la tercera alternativa, me parece contraproducente. Esta idea no tiene inserción en el cuadro constitucional del país. Lo que está planteado es utilizar en forma racional y en el buen sentido del término, a lo que hoy en día significa la institución castrense. Por otra parte, es preciso democratizar o crear una nueva doctrina de seguridad y defensa. Vale la pena aclarar las diferencias que tienen que haber entre un Estado democrático y otro dictatorial”.

Continuó Rangel explicando que “es vital el tema de las Fuerzas Armadas. Una política de poder tienen que precisar muy bien el papel de los militares. Con respecto a la institución castrense, siempre se han mantenido dos posiciones: 1) Halagarla para, por la vía de la sedición, conducirla a la aventura putchista; 2) El trato despectivo y desdeñoso amparado en una concepción manualesca: ´Las fuerzas Armadas son la expresión de las clases dominantes´. Quienes aspiren a ser alternativa en este país, deben romper con ese esquema absurdo. Yo concibo la participación militar dentro de un proceso orgánico y global. Incorporando a ese proceso toda la experiencia, disciplina y conocimientos acumulados por la institución”.

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Entonces Alfredo Peña le preguntó si esa propuesta sería posible dentro de la constitución vigente para la época, y Rangel respondió:

“Por supuesto. La no deliberación se interpreta como la insurgencia de las Fuerzas Armadas para imponer su voluntad, no para integrarse a una política global (…) a medida que las Fuerzas Armadas se han ido fortaleciendo en sus niveles intelectuales y técnicos, los partidos políticos se han ido deteriorando. Por eso es imprescindible una relación muy estrecha entre militares y civiles. Pero, además, entre las reformas que habrían de hacérsele a la Constitución, será preciso tomar en cuenta a las Fuerzas Armadas. El criterio que hoy prevalece es un tanto tradicional. Consagra una gran hipocresía porque los militares siempre han sido beligerantes y eso está demostrado a través de la historia (…) el derecho al voto de los militares debe consagrarse en la Constitución”.

La Venezuela de hoy, 15 años después de la llegada del chavismo al poder, observa cómo los militares se han inmiscuido abiertamente en política partidista. “Las Fuerzas Armadas son chavistas y socialistas”, decía el ex presidente Hugo Chávez. Es decir, el Gobierno penetró la institucionalidad castrense. Pero para José Vicente Rangel en esta entrevista, la situación no debía ser así, partiendo del supuesto de que los dirigentes políticos acudieran a los cuarteles a pedir el voto por determinada tendencia partidista. Reproducimos entonces el diálogo completo que al respecto sostuvieron Peña y Rangel:

-Entonces sí que sea meterían los partidos abiertamente en los cuarteles. Veríamos a los oficiales ordenándole a sus tropas (cosa que ya ocurrió en Venezuela en épocas superadas) votar por cuál o tal candidato.

-No tendría por qué meterse, al igual que no se han metido en las iglesias a realizar proselitismo. El mensaje político les llega por los medios de comunicación sin que sea preciso el ingreso de los dirigentes partidistas a los cuarteles. Por lo demás, el riesgo e manipulación del voto siempre ha existido. Por eso ese derecho –el de sufragar- no se les puede seguir negando a los militares.

Sobre la izquierda de la época, Rangel afirmó que “si la izquierda no se une, menos podría convocar para un proyecto de amplitud a otros sectores democráticos –con o sin partido- entre los cuales estaría URD (…) Yo con estos planteamientos no ando procurando la candidatura presidencial. Creo que mi presencia política puedo ejercerla desde cualquier tribuna En este momento no tengo planteada la candidatura de 1983. Puedo ser candidato otra vez o puedo no serlo. Si yo volviese a ser candidato presidencial, sería sobre la misma base a que yo aspiro lo sea cualquier representante de la izquierda: Abanderado único de todas las izquierdas. La izquierda debería presentarse con una candidatura aglutinante y capaz de unir en torno suyo al resto del país”.

Continuó su argumentación expresando que “acepto que el objetivo unitario y de amplitud no es fácil, pero no por ello deja de ser justo. No existe otra alternativa. Usted dice que es incompatible la presencia de demócratas con gente que aboga por la destrucción del Estado y eso es parcialmente cierto. Y lo es porque hoy en día la mayor parte de la izquierda y es democrática. Si hacemos un balance de los resultados electorales de diciembre y junio, encontraremos que el mayor número de votos para ese sector corresponde a quienes están plenamente incorporados a la lucha legal. Y esa es la infraestructura de la cual parte este planteamiento, que yo auspicio. Quienes mantienen posiciones extremistas o radicalizadas, son muy pequeños grupos”.

Culminó afirmando: “La política no se puede ver en forma aséptica. En muchas oportunidades demócratas como Villalba y otros han participado en alianzas políticas o electorales con individualidades o con grupos que no tenían esa misma ortodoxia democrática. Lo que importa, en todo caso, es quién tiene el liderazgo. Si está en manos del socialismo democrático o de otras personas. Mi política recoge a la mayoría aplastante de la izquierda que está incorporada al proceso democrático. El millón de votos que sacó la izquierda el 3 de junio es la base de partida de ese planteamiento”.

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