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16 de septiembre de 2019, 13:14:26
Kolumnistas


Un montón de bombas lacrimógenas hace llorar a unos y enriquece a otros

Por KonZapata

Por Elizabeth Fuentes.- La ruta de las armas “suaves” va por Brasil. Chávez habló de un gasoducto hacia el sur, pero lo que viene del gobierno socialista de Dilma es solo “gas del bueno”.


Por Elizabeth Fuentes.- Seguir la ruta del dinero permite desenrollar el ovillo de la represión desatada recientemente. Por ejemplo, en una punta estará la empresa brasilera Cóndor y en la otra un estudiante asfixiado. Pero a lo largo del ovillo, nos encontraremos con  que la empresa Cóndor está  presidida por un tremendo burgués,  Carlos Frederico  Queiroz de Aguiar,  quien se hace acompañar en la Junta Directiva por  casi toda su familia (esposa, hijos nuera, etc.,) para manejar el resto de las empresas que también poseen, un holding destinado exclusivamente al negocio de las armas.  En un documento oficial, la directiva  revela que posee un capital social de 7 mil doscientos millones de dólares y a cada miembro de la directiva le sale un sueldo de otros 7 millones de dólares al año. Todos en esa familia viven separados pero en un mismo  lujoso edificio, frente a las playas de San Francisco, Niteroi. Y  deben tener eso que se llama vara alta en el gobierno socialista de Dilma, porque la presidenta es una de las que más ha defendido el fortalecimiento de la industria nacional de armas, incluyendo mejoras tributarias  así como la suspensión de impuestos cuando las empresas necesitan insumos del exterior.  Más de una vez  se ha visto  al ex ministro de la defensa, Celso Amorin, acompañado de varios  generales brasileños, almorzando con los dueños de la industria de armas y la prensa de Brasil  ha denunciado hasta el cansancio quienes fueron los diputados que recibían sobornos por parte de estas empresas para que no aprobaran una ley en contra de su compra y uso.

El portal de noticias brasilera, Agencia Pública, reveló hace poco que: “Con  apoyo de la diplomacia brasileira, las empresas de armas buscan mercado en países con violaciones a los derechos humanos.  De hecho, en un documento oficial, el director de Condefensa, Roberto Cavallo estableció que en las exportaciones se deben priorizar aquellos países que pueden negociar sin restricciones, exigencias o imposiciones de organismos...”. Y en la lista que presentó Condefensa ante la cancillería de Brasil, Venezuela aparece en cuarto lugar de sus preferencias,  al lado de Angola Namibia, Zimbabwe y Paquistán.

 Según cifras  del Ministerio de Desarrollo y Comercio de Brasil, las exportaciones de “armas leves” –como llaman a las lacrimógenas-,  se triplicó en los últimos cinco años, siendo Venezuela uno de los  países más interesados  en adquirir su producto.

Así que si seguimos la ruta del dinero, desde que la bomba lacrimógena hiere o asfixia a un estudiante venezolano, hasta que las ganancias llegan a la chequera de la familia Queiroz de Aguiar, seguramente nos tropezaremos con algunos nombres de  generales,  ministros o diputados venezolanos, cuya única misión será  vigilar que los soldados echen gas del bueno y bastante, de manera tal que se agote la existencia lo más pronto posible y tengan que adquirir  más lacrimógenas a cambio de que muchos  se metan un dineral a punta de  comisiones sin que les parpadee la ternura revolucionaria de la que hablaba el Che..

Así que si solo en 2011 Brasil vendió  293 billones de dólares en “armas leves”, incluyendo las Cóndor, la comisión del 10%, por dar una cifra conservadora, dejaría amigos de la represión en medio planeta. Aunque en Venezuela la cosa sería más productiva  porque, como se susurra por ahí, en el socialismo  las comisiones han crecido  al ritmo de la inflación.

Seguramente por eso Chávez las bautizó como “gas del bueno”. Buenísimo diríamos, para más de uno.

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