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17 de noviembre de 2019, 16:42:26
Konfidenciales


Juan Guaidó le complica el escenario a Nicolás Maduro

Por Juan Carlos Zapata

Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.- El hecho político se llama el 10 de enero. La juramentación de Nicolás Maduro para un segundo periodo desató reacciones internas y externas. Desató nuevas fuerzas. Y propició que la oposición se reencontrara con una política y la política. Mientras tanto, el Gobierno sigue en lo mismo. Nicolás Maduro sigue en lo mismo. Los tres eventos ante el TSJ, ante la Fuerza Armada, y ante la ANC, lo confirman. Es la misma política. Es el discurso militar. Es lo que le queda a Maduro.


Lo decía una fuente de la Cancillería que citamos el 13 de diciembre de 2018, y el tiempo le ha dado la razón. A Maduro lo alcanzó el 10 de enero sin una nueva propuesta política. Mantuvo la línea de mando y represión. Mantuvo el discurso militar, porque los militares son parte del poder, son el poder. Pero Maduro se juramentó y no convocó al país. Maduro fue a la ANC a hablar de economía y no sorprendió. O sí sorprendió, repitiendo lo mismo de otras veces con lo cual está diciendo que la crisis se profundizará. Maduro va lento porque no puede ir más rápido.

Esa fuerza es real. Pero con muchos factores en contra como nunca antes. Es una fuerza real sin un plan político que convoque al país, que convenza al país. Sin embargo, es una fuerza real capaz de todo. Y creyéndolo así, la Asamblea Nacional, como un todo, lanza un primer mensaje de largo y diverso alcance. Lo explica Seguías: “La decisión de otorgar amnistía a civiles y militares relacionados con el gobierno que decidan contribuir a un cambio democrático es el resultado de esa madurez política adquirida… Esta es la primera concesión clave que hace la oposición al gobierno (los militares son el gobierno real) para impulsar un pronto desenlace a la crisis.

Por el contrario, en la oposición está cambiando casi todo. Cambió la percepción de la unidad. Cambió el rostro del liderazgo, pues hay una distancia enorme entre el anterior presidente de la Asamblea Nacional, Omar Barboza y Juan Guaidó, por ejemplo. Hay otro discurso y una política trazados por el nuevo presidente del Parlamento. Hay un despertar del activismo opositor, pues la conciencia siempre estuvo allí. Coinciden los dirigentes en avanzar con pie de plomo para no repetir los errores del pasado, y son las derrotas y el estar conscientes de tantas derrotas, lo que favorece también la línea planteada. En el Gobierno, por su parte, subestiman a Juan Guaidó. Afirman que no es el líder que derrote a Maduro. Esperan que se desgaste.

Un análisis del presidente de Datincorp, Jesús Seguías, señala que “Desde las elecciones parlamentarias de 2015 no habíamos visto tanta madurez y aplomo en la dirigencia opositora. Esto es un hecho relevante. Todas las decisiones que han tomado han estado signadas por la autocrítica, la rectificación, el acierto, y la claridad en el norte estratégico. Ya saben que la crisis se superará en un escenario de lucha férrea pero inteligente. Saben que las aventuras son claramente suicidas. Saben que el todo o nada no existe. Saben que el gobierno está debilitado pero la oposición también. Saben que hay que conducir la carreta sobre caminos sinuosos y empedrados, con muchos obstáculos, y evitar caer en el barranco. Esta sería la última caída. Puede ser mortal”.

Y en ello coinciden otros analistas. Que es la hora del realismo político. Dice Vladimir Villegas en su más reciente artículo: “El camino entonces no es la quietud sino el realismo político, el asumir sin complejos que se debe forzar la barra y crear condiciones para una negociación política que conduzca a soluciones democráticas, pacíficas, constitucionales y electorales. Una ruta compleja, difícil, intrincada, y quizás más lenta, pero al final la más conveniente y generadora de estabilidad política, requisito de primer orden para la reconstrucción económica e institucional del país”.

Una fuente vinculada al Gobierno lo explica de esta...

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Parecido lo que afirma César Morillo, en análisis publicado hoy mismo en KonZapata: Que Guaidó “No decreta su asunción al poder pero tensa la cuerda”. Es que Guaidó no puede apresurarse. No puede desesperarse. Dice Morillo que Guaidó “sabe que está pulsando con una fuerza real, que Maduro conserva recursos aun suficientes para mantener una camarilla leal y seguir repartiendo cajas de comida a un pueblo hambriento, y sobre todo que mantiene el férreo respaldo de la cúpula militar, el más importante de los factores que lo mantienen mandando, aunque sea en precariedad”.

Esa fuerza es real. Pero con muchos factores en contra como nunca antes. Es una fuerza real sin un plan político que convoque al país, que convenza al país. Sin embargo, es una fuerza real capaz de todo. Y creyéndolo así, la Asamblea Nacional, como un todo, lanza un primer mensaje de largo y diverso alcance. Lo explica Seguías: “La decisión de otorgar amnistía a civiles y militares relacionados con el gobierno que decidan contribuir a un cambio democrático es el resultado de esa madurez política adquirida… Esta es la primera concesión clave que hace la oposición al gobierno (los militares son el gobierno real) para impulsar un pronto desenlace a la crisis. La amnistía es la primera ficha que se pone sobre el tablero de las negociaciones inevitables. Y eso es lo que está buscando toda, absolutamente toda la comunidad internacional, y por si fuera poco el 70% de los venezolanos. Nadie quiere guerras”.

Esta es una política. ¿Y la de Maduro? ¿Dónde está el nuevo plan? La fuente de la Cancillería señalaba hace un mes que Maduro no tenía un “plan político para el 10 de enero. De allí los aviones rusos. De allí las denuncias de magnicidio y complots y golpes de Estado. Es un discurso militar que no funciona. No le funciona a Maduro. Eso se diluye”. ¿Es así?

Lo dice una fuente de Cancillería. Todo va lento. A...

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