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15 de agosto de 2020, 15:37:12
Poder Kaníbal


Llegó el tiempo de la organización para conquistar y cobrar la victoria

Por Juan Carlos Zapata

Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.- Llegó el momento de la organización. Juan Guaidó ha llamado para este fin de semana a la organización de toda aquellas personas que se registraron con el fin de participar en calidad de voluntarios en la operación de la ayuda humanitaria. ¿Pero basta con esto? ¿Hay que esperar a que caiga el régimen?


El plan de Juan Guaidó y la Asamblea Nacional, el plan del equipo de asesores, y del equipo político, nacional e internacional, sigue el curso, y hasta ahora, efectivo en el impacto de opinión pública, tanto en Venezuela como a nivel mundial, y efectivo en los resultados. Los resultados ya los explico en la nota: Hay gente que vive como si Maduro no existiera.

Lo mejor que he escuchado es esto: “Es como si Maduro...

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El plan que incluye las designaciones diplomáticas, los nombramientos en la industria petrolera, los enviados a el Vaticano e Italia, entre otras iniciativas, cumplen el cometido de:

-Mantener una política en ejecución.

-Que se entienda que hay un gobierno democrático abriéndose espacio en medio del campo autoritario.

-Enviarle el mensaje a la comunidad internacional de que se apuesta por un proyecto serio y confiable.

-Mantener motivada y esperanzada a la ciudadanía.

-Y confundir al régimen de la usurpación, ponerlo a la defensiva, tal como está ocurriendo, pues hace rato que Nicolás Maduro perdió capacidad ofensiva.

Todo esto va bien. Pero si se dice que se va “muy bien”, pues ya es tiempo de complementar esta política con otras acciones. Y ellas tienen que ver con la organización. La iniciativa de los equipos de voluntarios para la ayuda humanitaria es inobjetable. Sin embargo, la dirigencia, convencida del cambio, deben ser consecuente con esa convicción, estimulando y coordinando la organización de los diferentes sectores sociales y políticos. Si el régimen agoniza, que al movimiento de cambio no lo coja desprevenido el hecho histórico, toda vez que la tarea de la toma del poder será compleja por los focos de resistencia que van a permanecer, tanto en el campo civil como en el militar, y lo peor, en grupos fuera de la ley.

Todo esto va bien. Pero si se dice que se va “muy bien”, pues ya es tiempo de complementar esta política con otras acciones. Y ellas tienen que ver con la organización. La iniciativa de los equipos de voluntarios para la ayuda humanitaria es inobjetable. Sin embargo, la dirigencia, convencida del cambio, deben ser consecuente con esa convicción, estimulando y coordinando la organización de los diferentes sectores sociales y políticos. Si el régimen agoniza, que al movimiento de cambio no lo coja desprevenido el hecho histórico

No basta con la espontaneidad en la calle y la demostración de fuerza en manifestaciones que deriva en un mensaje hacia la Fuerza Armada. El mensaje tiene que ser más contundente. Mostrar que no solo hay número y volumen sino también que se trata de un movimiento organizado en los sindicatos, en las universidades, en el campo, en los pequeñas y medianas empresas, en los colegios profesionales, etc. dispuesto a bregar la victoria y cobrarla. Todo esto en paz porque toda esta organización es democrática.

Por supuesto, no se diga de los partidos políticos. Son los más interesados en fortalecer cuadros, maquinarias, simpatizantes, en desarrollar actividades que operen en función de la confianza en ellos, hacia ellos, y, por ellos, hacia la dirigencia, hacia la democracia, y hacia la nueva etapa histórica que se avecina.

Cuando cayó Marcos Pérez Jiménez, los partidos estaban diezmados, pero el espíritu democrático que AD había sembrado entre 1945 y 1948, estaba intacto. Aun así, Rómulo Betancourt no se confió, o en el entendido de que aquello del espíritu democrático era así, se dedicó a reconstruir el partido. Proselitismo, activismo y organización, decía el expresidente, y de allí los recorridos que hizo por todo el país, hablando con los campesinos, con los obreros, con los empresarios, con los periodistas, con los estudiantes, con la nueva dirigencia partidista, a la que no conocía. De paso, en los recorridos se percató de la situación del país y cómo debía actuar para ganar las elecciones. Todo este esfuerzo de Betancourt tenía la ventaja de que ya la dictadura había caído y el cambio estaba en marcha. Más aún, hoy los partidos están obligados a tarea similar antes de que se derrumbe el régimen, pues una vez ocurrido el evento, la cuota de responsabilidad de los partidos va a ser inmensa en aras de consolidar la victoria.

Los partidos, organizados, podrán ser determinantes en la reconciliación y en el mensaje de unidad. Y podrán seguir movilizando al pueblo para defender en la calle la victoria y el cambio. Este es el muro ante la reacción que pueda devenir del otro espacio político-militar.

Los militares juran lealtad. Los militares lloran. Los militares...

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También los partidos resultan ser los más interesados en la organización, el proselitismo y la movilización, tomando en cuenta que la transición cerrará con las elecciones libres de las que saldrá el próximo Presidente. Y en estas elecciones los partidos serán protagonistas, bien en el proceso de primarias –si las hay- y, por supuesto, en la propia elección.

Se está en una coyuntura. Se está a punto de coronar la victoria. Y aun así, hay que seguir empujando. La organización comienza a ser el punto clave. Betancourt decía: “Dentro de una sociedad moderna con clases sociales, alguien que quiera mandar solo, sin estructura política, sin organización, sin programa, ni ideología, es inactual, y claro, anti histórico”. Le está pasando al chavismo. Le pasa a Maduro.

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