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21 de septiembre de 2020, 6:07:08
Poder Kaníbal


La embajadora millonaria de Londres y la embajada que se cae a pedazos

Por José Manuel Rotondaro

Por José Manuel Rotondaro.- La representación diplomática de Venezuela en el Reino Unido es un apropiado reflejo de la situación del país. Adquiridas en la época de bonanza, la sede de la embajada en el número 1 de Cromwell Road está en el corazón de una de las zonas más cotizadas de la capital inglesa, South Kensington, frente al victoriano Museo de Historia Natural y diagonal al Museo Victoria y Abert.


El consulado es algo más modesto, pero es una edificación llena de significado histórico, el 56 de Grafton Way, en Fitzrovia, donde por varios años vivió Francisco de Miranda y donde Simón Bolívar vivió durante su visita a Londres en 1810 para negociar el apoyo británico al recién instaurado gobierno independiente.

Y la residencia del embajador, en Holland Park, queda a corta distancia de Kensington Palace, la residencia de Carlos, el príncipe heredero y de su hijo, el príncipe Guillermo.

Ni siquiera pueden pagar la cuenta telefónica, la página oficial (actualmente desaparecida) desde abril del año pasado indicaba que el servicio telefónico del consulado no está disponible “por motivos técnicos”. Ni siquiera han podido reparar el timbre de la puerta, dañado desde octubre pasado.

Pero el esplendor y prestancia de las edificaciones contrasta con las penurias que están viviendo los funcionarios, locales y venezolanos, puede desde hace más de un año no reciben con regularidad sus salarios. Esto incluso obligó a las familias de tres de los funcionarios destacados allí a acomodarse en unas pequeñas habitaciones que el consulado tiene para visitantes. Como comentó un empleado a un visitante, “nos pagan un mes si, dos meses no”.

Ni siquiera pueden pagar la cuenta telefónica, la página oficial (actualmente desaparecida) desde abril del año pasado indicaba que el servicio telefónico del consulado no está disponible “por motivos técnicos”. Ni siquiera han podido reparar el timbre de la puerta, dañado desde octubre pasado.

Por eso la revelación hecha hoy por El País de España de que la embajadora venezolana en Londres, Rocío del Valle Maneiro, abrió unas cuentas en el intervenido Banca PrivadaD’Andorra en el que mantenía 4 millones de dólares. Según los documentos publicados por el medio hispano, la embajadora declaró a la juez que investiga el caso de lavado de dinero en la institución financiera andorrana que esos recursos, depositados mientras era embajadora en China, provenían de su participación en una herencia.

Los fondos provendrían de la venta de un fundo en el estado Sucre a Diego Salazar, el primo de Rafael Ramírez, acusado de recibir sobornos de empresas chinas. Sugiere los expertos que asesoran a la juez en Andorra que ese dinero fue la tajada que le correspondió a Maneiro de las coimas por 154 millones de dólares cobradas por Salazar por lograr ciertos contratos a favor de empresas chinas. El dinero salió de Andorra a cuentas a nombre de sus hijos en Suiza y Estados Unidos.

Vivimos tiempos extraños, nadie lo puede negar. Pero aún...

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El ambiente hoy en las oficinas de la embajada debe ser bien pesado. ¿Habrá apoyado financieramente la embajadora a sus subalternos? Por los comentarios de los funcionarios, pareciera que no.

Ante la opacidad en sus finanzas personales y la actitud adoptada por el gobierno de Londres frente a Nicolás Maduro, la embajadora Maneiro quizás considere prudente cambiar de ambiente. ¿Quedará acéfala la representación diplomática venezolana?

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