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21 de octubre de 2020, 18:43:16
Konfidenciales


La otra masacre de Aristóbulo Istúriz en Santa Elena de Uairén

Por Juan Carlos Zapata

Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.- Aristóbulo istúriz fue a Santa Elena de Uairén a hablar de paz. Yo estuve ahí, dijo. Confundido con la gente. Con el pueblo. Con los estudiantes. Con los trabajadores de Guayana. Hay paz en la frontera de Brasil. La verdad es que la paz de Aristóbulo Istúriz es de mentira. Es de propaganda. Peor. Es la de aquellos que intentan ocultar la tragedia. Una masacre. La represión.


¿Se puede decir? Comandante Aristóbulo. El civil convertido en otra cosa. El dirigente civil que asume los códigos de un régimen que le da prioridad a la violencia, a la guerra. Aristóbulo Istúriz, que criticó alguna vez los excesos de Hugo Chávez, se transforma en ficha clave y principal de un régimen que reprime, mata y tortura, y esto no es exceso. Vueltas de la historia. De los hombres en el poder. Transmutados. Reconvertidos. Hablaba de democracia y paz. Ahora justifica la dictadura y lo que ella representa. Sabe Aristóbulo Istúriz quiénes reprimieron y mataron en lo que se conocerá como la masacre de Santa Elena de Uairén.

Nuestra alta fuente militar lo decía en la entrevista que le hicimos la semana pasada. En el régimen los ministros y altos funcionarios del poder forman parcelas. Los hay más radicales y menos radicales. Los hechos del fin de semana, del 23 de Febrero, confirman de qué lado se apuntan, por ejemplo, Iris Varela, Freddy Bernal y Diosdado cabello. En esta línea aparece Aristóbulo Istúriz. Con un discurso de paz –fórmula habitual del chavismo-. En realidad lo que hace es manipular. En realidad quiere tapar. Pretende ocultar lo que ocurrió en Santa Elena de Uiarén.

Un diputado que estuvo allí dijo: Aquello era el infierno. Aquello fue una masacre. Muertos con tiro de gracia. El número de muertos no es el que se reconoce. Aquello parecía un laboratorio de guerra civil. Candela. Hoteles sitiados y allanados por la Guardia Nacional. Turistas aterrorizados. Convoyes y autobuses, camionetas del poder, llegando al pueblo, impactando al pueblo. En los convoyes el poder de fuego y los que dirigían el poder de fuego. Y la gente aterrada pensaba que aquello era el fin del mundo. Para muchos lo fue.

La gente lo vio todo. La gente grabó videos. Los diputados que se desplazaron hasta la frontera con Brasil fueron testigos. Y tuvieron que correr. Y ser protegidos por miembros de la etnia pemón. Y refugiarse en casas de la dirigencia política o de ciudadanos sin militancia pero opuestos al régimen. Cambiaron de casas. Cambiaron de refugio. Aquello, señalan los testigos, fue una verdadera guerra. Pero una guerra de un lado armado contra el otro. Del lado del régimen de Nicolás Maduro, del lado que defiende Aristóbulo Istúriz, contra los pemones, contra los “criollos”, negros, blancos, mestizos. El régimen no reparó en colores.

El régimen furioso porque los lugareños controlaban la situación; los pemones sometieron a la fuerza militar, los lugareños controlaron el aeropuerto, y los lugareños, junto con los pemones, lograron pasar por una trocha los camiones de la ayuda humanitaria que venía de Brasil.

El pueblo, en fin, se alzó, pero con las armas del pueblo, que no son otras que la verdad y la protesta, la rabia, y todo ello impulsado por la necesidad, por el sufrimiento de años. Es la frontera con Brasil. Es una de las fronteras del éxodo. Es una de las fronteras por donde transita la angustia, la desesperanza. Por ello, a la gente y a los pemones les sobraban razones para hacer lo posible porque entrara la ayuda humanitaria.

Vista la determinación del pueblo, el régimen que defiende Aristóbulo Istúriz, reaccionó con las armas de hierro y balas. Con los grupos armados. Con la crueldad. Con el poder de fuego. Y con la mentira.

Después llegó Aristóbulo Istúriz. Allí estuvo, hecha la limpieza por los grupos del gobierno con el fin de dar la impresión de normalidad. Allí estuvo junto a la ministra del Poder Popular para los Pueblos Indígenas, Aloha Núñez, el gobernador bolivarense Justo Noguera Pietri, la gobernadora del estado Monagas Yelitze Santaella y el constituyente Francisco Ameliach. Allí estuvo diciendo: “Aquí estamos en Santa Elena, en perfecta unión cívico militar; nuestro gobernador (del estado Bolívar) Justo Noguera del cual nos sentimos orgullosos ha dirigido de manera contundente esta victoria popular que hemos obtenido, el rescate y el control de toda la vida aquí en Santa Elena”. O sea, que a Noguera, se infiere por lo que dijo Aristóbulo Istúriz, le cabe la mayor cuota de responsabilidad en cuanto que dirigió las acciones para alcanzar la victoria. Y dijo Aristóbulo Istúriz que“aquí está el Poder Popular al lado de nuestra Fuerza Armada, con el Mayor General Jesús María Mantilla Oliveros al frente, jefe de la REDI (Región Estratégica de Defensa Integral) Guayana, junto con nosotros, todas las organizaciones de trabajadores, la juventud del país, aquí devolviéndole a Santa Elena la paz, devolviendo y garantizando la soberanía de nuestra Patria y el control de los intereses de nuestro pueblo”. Allí estaba Aristóbulo Isturiz inventándose un relato épico. Sepultando, también, la memoria de los muertos, que es otra forma de masacre. Ahora se puede decir con certeza: la paz de Aristóbulo Istúriz es la paz de los muertos. Y su falso discurso de paz solo es comparable al baile de Maduro mientras los colectivos arremetían y mataban.

Ese es el mismo Aristóbulo Istúriz que:

-El 11 de abril de 2002 le pedía a Chávez que resistiera, sin importarle los riesgos de una masacre.

-El que se oponía a los diálogos de 2014 con lo cual mejor era radicalizar al gobierno, tal como ocurrió.

-El que siempre se ha opuesto al desmontaje del control de cambio, factor clave en el desastre que condujo a la crisis humanitaria.

-El que considera que el control de cambio es un instrumento de acción política y no económica.

-El que se opuso a las medidas económicas propuestas por Unasur en 2016.

-Y el que ahora aparece en Santa Elena de Uairén como un apóstol de la paz, pasando por alto los muertos de la masacre.

Un diputado que estuvo allí dijo: Aquello era el infierno. Aquello fue una masacre. Muertos con tiro de gracia. El número de muertos no es el que se reconoce. Aquello parecía un laboratorio de guerra civil. Candela. Hoteles sitiados y allanados por la Guardia Nacional. Turistas aterrorizados. Convoyes y autobuses, camionetas del poder, llegando al pueblo, impactando al pueblo. En los convoyes el poder de fuego y los que dirigían el poder de fuego. Y los sicarios y asesinos, los delincuentes con la orden de matar. Y la gente aterrada pensaba que aquello era el fin del mundo. Para muchos lo fue.

El diputado Angel Medina colgó en su cuenta de Twitter: “Terribles han sido las últimas horas en nuestra frontera Sur, la violencia de Estado jamás imaginada se hizo realidad, son centenares las personas heridas principalmente por armas de fuego, y las cifras de fallecidos siguen sumando más tristeza”.

También escribió: “Hoy se vive el dolor en Santa Elena que provoca la violencia asesina y el poder que promueve odio El Alcalde, los Capitanes, indígenas y criollos hoy son una sola voz que clama justicia y desde la @AsambleaVE levantamos nuestra voz para denunciar este ataque a la vida”.

La arremetida comenzó bien temprano, mucho antes que en la frontera con Colombia. Medina escribió: “Desde el pasado viernes (22) nuestra frontera sur es víctima de una violencia nunca antes vista. Efectivos de la FANB atacaron a la comunidad indígena de Kumarakapay asesinando a una persona e hiriendo a más de 12”.

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