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18 de julio de 2019, 8:43:34
Hemeroteka


El otro juramento (para Venezuela) de Leopoldo López

Por Juan Carlos Zapata

Juan Carlos Zapata (ALN).- Allí está Leopoldo López. Ya estaba. Ha dicho que nunca ha dejado de estar. Sólo que esta vez rompió el silencio. Un silencio que le impusieron en la cárcel militar de Ramo Verde. Un silencio que le impusieron mientras duró el arresto domiciliario. Pero Juan Guaidó lo indultó. El Presidente Juan Guaidó, que así también lo reconoce Leopoldo López, “nuestro Presidente”, despejando cualquier duda, cualquier intriga. Guaidó es quien lidera este proceso que comenzó en enero.


Allí está López. Con un discurso redondo. Porque, apunta, en la operación que lo sacó del arresto, y ahora lo tiene en calidad de huésped de la embajada de España, no hay nada improvisado. Allí está. Poniendo el énfasis en lo que parecen detalles. Que los hechos del 30 de abril fueron una primera fase de una operación que continúa. Que el fin de la usurpación está próximo. A semanas. Que vendrán nuevos alzamientos militares. Que lo que se puso en marcha no es un golpe de Estado sino la reacción de mujeres y hombres de la Fuerza Armada dispuestos a restituir la democracia. Que había mucha gente al tanto de la operación del 30 de abril. Allí está. Rostro severo. Palabra rotunda. Diciéndole a Nicolás Maduro, señalándole al general Vladimir Padrino López, que la procesión la llevan por dentro, y que hay una fisura militar que se convertirá en grieta, y el dique se terminará rompiendo. Pronto. Allí está. Explicando que no podrán detener lo que se ha puesto en movimiento. Por más que Padrino, por más que Maduro, repitan la palabra lealtad, por más que exijan a los militares que renueven el juramento, tal vez un juramento de aire. Allí está. El 30 de abril, cuando aparecía acompañando a Guaidó, la multitud le solicitaba que hablara, pero sabe López cuál es su posición en el equipo. Y allí está, ahora, revelando lo que durante todo este tiempo ha hecho. Operar. Operar desde la cárcel-casa. Estaba en silencio. Pero activo. En reuniones por Skype con la dirigencia opositora. Llamadas a mandatarios. Llamadas a líderes mundiales. De allí la coalición internacional. La más poderosa coalición jamás constituida desde la II Guerra Mundial en torno a una causa: elecciones libres en Venezuela. En la casa-cárcel también celebró reuniones con generales. Reuniones con coroneles. Allí está. Diciendo que eso que ha hecho y eso que hace no es una decisión propia. Que todo está coordinado con los otros factores de la oposición. Que eso es la Asamblea Nacional. Un foro colegiado en el que se alcanza el consenso. Y que así funciona la unidad. Y el mensaje es para aquellos escépticos. Que todo se hace en conjunto con los partidos de la oposición. Allí está. Apuntándole a los venezolanos que no va a descansar, como tampoco había descansado antes. Que no lo hará ni un solo minuto hasta alcanzar la ruta planteada por Guaidó. Porque lo que está en juego es la libertad. Y en la libertad coloca un énfasis. Porque esta no es una consigna, no es algo abstracto. La libertad en Venezuela, dice, es cuestión de vida o muerte. Sin libertad seguirán muriendo niños, sin libertad seguirá habiendo hambre en Venezuela, sin libertad, el silencio, la represión, la tortura, la muerte. La conquista de la libertad es la condición para todo lo demás. Allí está. Optimista. Aclarando que esta es la fase final del cese a la usurpación. Que el proceso es irreversible. Pide que le crean eso. Que se lo crean de verdad. Que se convenzan. Y que el cambio se logrará por la conjunción de dos fuerzas: Pueblo y Fuerza Armada. Y esto va directo contra Padrino López que más temprano había dicho que el plan de la oposición es acabar con la Fuerza Armada. Pero allí está López diciendo, por el contrario, que los hermanos y hermanas de la Fuerza Armada son parte fundamental de esta lucha. Allí está. Comprometido. Convencido de que se está cerca del final. Allí está. Aclarando lo que es la cárcel. Un infierno. Pero que esto no significa que le tenga miedo a la cárcel. Tampoco a Maduro. Tampoco a la dictadura. Allí está. Afirmando que el 30 de abril en la Fuerza Armada se comenzó a vencer el miedo. Allí está. Recordando que hace unos meses era impensable imaginar todo el terreno conquistado. Y todo comenzó con el juramento de Guaidó ante la Asamblea Nacional, primero, ante Venezuela y la comunidad internacional, luego. Allí esta Leopoldo López. Casi que jurando, o jurando también; asegurando, que esto se va a acabar. Que la dictadura se va a acabar. Y se está acabando.

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