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7 de diciembre de 2019, 8:15:30
Kolumnistas


¿Cómo afecta devaluación política al movimiento de Juan Guaidó?

Por Juan Carlos Zapata

Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.- Los movimientos se devalúan. Y los contrarios aprovechan para asestar la puntillada. Los líderes de los movimientos están obligados a rodearse de lo mejor –esto no significa que sean puros- de la dirigencia, activistas y operadores, con el fin de que la ruta se recorra sin hechos que pongan en peligro el plan, el proyecto, el objetivo. Con el antecedente de la desunión, los egoísmos, las parcelas partidarias, valen las precauciones, por muy odiosas que parezcan.


Cuando la embajadora de Juan Guaidó en Costa Rica provocó el incidente con la toma de la embajada, se ha debido actuar. Cuando apareció un diputado drogado y su compañero de parranda muerto el día que iba a entrar la ayuda humanitaria en Cúcuta, ha debido actuarse. Cuando hace dos meses se tenían pistas sobre la presunta malversación de recursos que tienen que ver con la ayuda humanitaria, ha debido también actuarse y no esperar que la denuncia explotara en los medios.

Guaidó, y el movimiento de Guaidó, no merece terminar encunetados como otras experiencias que intentaron echar al chavismo del poder. A Hugo Chávez y a Nicolás Maduro. A los jefes del movimiento del 11 de abril de 2002 les faltó no solo remate y táctica para que Chávez no volviera al Palacio de Miraflores sino grandeza y visión de país. Las parcelas políticas, militares y empresariales dieron al traste lo que se coronaba con éxito, pues Chávez ya estaba fuera del poder. En los casos siguientes, de 2014, 2016 y 2018, faltó unidad, faltó grandeza, faltó visión, faltó táctica y estrategia. Es la crisis de los liderazgos. Y esto va para el chavismo y la oposición. De todas, es quizá la peor tragedia de Venezuela. Así, los fracasos han molido los mejores rostros de la oposición y, en consecuencia, el chavismo sigue atornillado, pese al rechazo manifiesto de la gran mayoría de los venezolanos.

Lo peor es, como lo dice el ex embajador Diego Arria, que haya sido un boliburgués de la etapa de Maduro, Raúl Gorrín, el encargado de armar el esquema o el acuerdo mediante el cual el presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Maikel Moreno, tenía la responsabilidad de poner en marcha los eventos. Ahora el asunto no es tanto que la mega conspiración haya fracasado sino cómo fracasó, y de cómo el país observó aquello como una novatada –“muchachada”, dijo el general Vladimir Padrino López- y de cómo ese fracaso afectó las esperanzas y las expectativas de los venezolanos, y aun no hay quien explique lo ocurrido, o por qué los boliburgueses eran actores principales.

El secretario de Estado de los Estados Unidos repicó las campanas de alarma hace un par de semanas cuando, según revelación de The Washington Post, dijo que al menos 40 dirigentes opositores se proponían entre los potenciales sucesores de Maduro. El número es una cifra simbólica. Lo esencial es que Mike Pompeo apuntaba hacia la falta de unidad. Pero hubo quienes intentaron desvirtuar la afirmación de Pompeo señalando que es mejor que haya muchos candidatos que pocos. El fondo no es este, sino que la desunión impacta negativamente en el propósito de la comunidad internacional de buscarle una salida a la crisis política de Venezuela. La queja de Pompeo era la queja de Mariano Rajoy, y es la queja de Iván Duque, y es la de Sebastián Piñera y Mauricio Macri.

Esa división es la que hace que la negociación de Oslo haya sido una sorpresa para factores internos de la oposición como para aliados de la comunidad internacional. O peor. La falta de unidad hace que una operación como la del 30 de abril, la llamada mega conspiración, sorprenda también a factores internos, y sean ellos, aun desconociendo el alcance de lo que se tramó, los que estén pagando los platos rotos, y con ellos, el movimiento de la Operación Libertad, que ya no es el mismo desde el estruendoso fracaso.

Lo peor es, como lo dice el ex embajador Diego Arria, que haya sido un boliburgués de la etapa de Maduro, Raúl Gorrín, el encargado de armar el esquema o el acuerdo mediante el cual el presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Maikel Moreno, tenía la responsabilidad de poner en marcha los eventos. Ahora el asunto no es tanto que la mega conspiración haya fracasado sino cómo fracasó, y de cómo el país observó aquello como una novatada –“muchachada”, dijo el general Vladimir Padrino López- y de cómo ese fracaso afectó las esperanzas y las expectativas de los venezolanos, y aun no hay quien explique lo ocurrido, o por qué los boliburgueses eran actores principales.

Si el fracaso en Cúcuta del 23 de febrero, el concierto y el ingreso de la ayuda humanitaria, había marcado un hito en el curso del movimiento, que atentaba contra éxito del movimiento, cualquier paso posterior debía ser diseñado sin la presión del cortoplacismo radical. Este fracaso también desmoralizó a la comunidad internacional, que hoy apura los pasos hacia una solución negociada, tomando en cuenta la voz de Cuba que, saliéndose con la suya, gana potencia en este concierto.

Diego Arria condena de manera rotunda que la...

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Así se va devaluando un movimiento. O así la dirigencia se va autodevaluando. Y es como si no calcularan los riesgos. Como si no conocieran al enemigo que tienen enfrente. Claro que el régimen por una causa u otra va arremeter. Pero tampoco hay que ponerle la cabeza al verdugo que active la guillotina. Ahora también el movimiento luce desmantelado. Y el régimen voraz no descansará hasta desmantelarlo por completo. Así Guaidó va quedando solo. Por ello, hay que evitar los autogoles. Y evitar que los aprovechadores, oportunistas, aventureros y divisionistas, destruyan el proyecto.

El ataque de Maduro, aprovechando el escándalo reciente, es certero. Dice Maduro: "¿Ayuda humanitaria? Será robo humanitario, se robaron toda la plata de la famosa ayuda humanitaria, tomen nota en Washington, no solo son mentirosos, los han embaucado varias veces". Maduro ataca a Guaidó y a la oposición y al mismo tiempo le está diciendo a Donald Trump. Esa gente no es confiable. Por ahora, Maduro disfruta.

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