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16 de septiembre de 2019, 8:14:00
KonDinero


De dónde viene la receta que el BCV le aplica a los bancos en Venezuela

Por José Manuel Rotondaro

Por José Manuel Rotondaro.- Muy probablemente y de manera involuntaria, el Banco Central de Venezuela va en camino de establecer un sistema bancario de acuerdo con una propuesta de hace 60 años de Milton Friedman, adalid del monetarismo e icono de la escuela económica de Chicago.


En enero de este año, el BCV obligó a la banca, en particular la privada, a mantener un encaje del 100% sobre el incremento de los depósitos por encima del saldo al 25/01/19 y elevó el encaje aplicado sobre ese saldo de 31% a 57%.

Como he advertido en notas anteriores, con la rápida expansión de los valores nominales de las transacciones financieras por la alta inflación, gradualmente la banca está llegando al punto en el cual debe mantener en el BCV la totalidad de los depósitos recibidos.

Ese momento no está lejano. Al cierre de mayo, los tres mayores bancos privados mantenían casi tres cuartas partes de los depósitos privados en el BCV. Si se incluye la colocación en la mesa del BCV y bonos del gobierno, la proporción supera el 80%.

Friedman quizás vería con curiosidad como un banco central supuestamente ‘socialista’ está concretando un anhelo de los monetaristas más radicales. Pero, como todos sabemos, la inflación si bien ha reducido su intensidad, sigue siendo increíblemente alta. Claramente el combustible que alimenta la inflación no proviene de la banca privada. ¿Se atreverán los que (mal) manejan el BCV a admitir que es hora de tapar la tronera del financiamiento inorgánico?

En 1959, Milton Friedman abogó por una reforma monetaria en Estados Unidos, que separase la banca transaccional, aquella que permite a la población usar sus depósitos para hacer pagos y transferencias, de la actividad crediticia. En su propuesta, el primer segmento, llamado ‘banca restringida’ o narrow banking en inglés, estaría obligado a colocar todos los depósitos en el banco central o en valores líquidos del Gobierno, sin poder conceder préstamos.

Esta idea, cuyos orígenes sea la crisis de los años 30, aseguraría que no habría crisis financieras en la banca transaccional. La otra banca, concedería créditos con fondos recibidos de inversionistas conscientes de los riesgos involucrados y, por lo tanto, sin ningún tipo de garantía del Estado.

Como parte de la doctrina monetarista, un sistema financiero segmentado tendría la ventaja de eliminar el potencial de creación de dinero que tiene la banca tradicional, a través del llamado ‘multiplicador monetario’. Esta creación ocurre cuando un banco concede un crédito, en estos días un mero abono en la cuenta del deudor, y el monto del crédito vuelve a ser depositado en un banco, el mismo u otro.

El único freno que tiene la banca para la expansión de ese dinero ‘bancario’ es el encaje o reservas obligatorias que imponen los bancos centrales. Claramente inspirados en esta noción, los ‘genios monetaristas’ en el BCV decidieron reducir el multiplicador a cero, al elevar el coeficiente de encaje al 100%. Esto ha obligado a la banca a cortar la concesión de créditos. ¿En qué proporción? Dar una cifra precisa es difícil por el efecto de la inflación. Los balances indican que entre diciembre de 2018 y mayo de 2019, los tres mayores bancos privados vieron su cartera aumentar en 341%. Pero, descontando el efecto de la inflación, eso equivale a una caída del 75%. Y si se convierten los valores a dólares, la caída en sólo 5 meses ha sido de 45%.

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Friedman quizás vería con curiosidad como un banco central supuestamente ‘socialista’ está concretando un anhelo de los monetaristas más radicales. Pero, como todos sabemos, la inflación si bien ha reducido su intensidad, sigue siendo increíblemente alta. Claramente el combustible que alimenta la inflación no proviene de la banca privada. ¿Se atreverán los que (mal) manejan el BCV a admitir que es hora de tapar la tronera del financiamiento inorgánico?

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