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13 de noviembre de 2019, 16:07:36
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Cómo impactan las sanciones al sector financiero que cotiza en la Bolsa de Valores de Caracas.

Por Antulio Moya

Por Antulio Moya @Rendivalores.- A principios de año, la administración de Donald Trump en los Estados Unidos impuso una serie sanciones contra el Estado Venezolano, con el objetivo de forzar una transición política en un país que, según la sociólogo Mauricia John, vive la peor crisis social y económica en la historia de América Latina.


Si bien es cierto que las referidas sanciones no son causa directa de la crisis por la que atraviesa el país, es inexorable que generan externalidades negativas sobre una economía profundamente deprimida tras sufrir las consecuencias de medidas macroeconómicas populistas durante tantos años.

Quizás uno de los sectores susceptibles a sufrir más los efectos de las sanciones es el financiero, y, en específico, la Bolsa de Valores de Caracas. Sin embargo, cabe cuestionarse lo siguiente: ¿Las sanciones han tenido un efecto marginal sobre un sector que según el Banco Central de Venezuela se ha contraído más de 80% en los últimos 6 años? La respuesta no parece ser tan obvia.

Además de las sanciones, los restrictivos encajes legales impuestos por el BCV limitan la capacidad de la banca venezolana de llevar a cabo su principal actividad: la intermediación financiera. Según Ecoanalítica, actualmente los bancos están en capacidad de prestar solo el 13% de los depósitos que reciben, cuando lo normal es alrededor de 60%.

La mejor manera de vislumbrar el impacto de las sanciones sobre el sector financiero que cotiza en la Bolsa de Valores de Caracas es analizando los efectos de las mismas sobre uno de los principales determinantes de los mercados bursátiles en el mundo: la liquidez.

Las sanciones impuestas a inicios de este año limitaron la capacidad de las empresas venezolanas –tanto públicas como privadas- de participar en los mercados financieros internacionales. Según el economista Hermes Pérez, entre febrero y junio del año en curso el crecimiento semanal de la base monetaria –variable directamente controlada por el BCV, a diferencia de la liquidez monetaria- se redujo 50%, debido a que el ente emisor disminuyó de manera importante la impresión de dinero inorgánico para financiar a PDVSA –como venía haciéndolo desde hace varios años- debido a que la petrolera estatal perdió gran parte de su capacidad de convertir esos bolívares en dólares tras las sanciones.

Adicionalmente, a las principales instituciones financieras venezolanas se les ha dificultado enormemente la operativa cotidiana entre su matriz en el país y sus filiales en el exterior, como son los casos de Mercantil Servicios Financieros, MVZ.A y MVZ.B, Banco del Caribe (ABC.A) y Banco Nacional de Crédito, BNC.

Además de las sanciones, los restrictivos encajes legales impuestos por el BCV limitan la capacidad de la banca venezolana de llevar a cabo su principal actividad: la intermediación financiera. Según Ecoanalítica, actualmente los bancos están en capacidad de prestar solo el 13% de los depósitos que reciben, cuando lo normal es alrededor de 60%.

De esta manera, las restricciones de liquidez afectan al sector financiero de la Bolsa de Valores de Caracas por dos vías: primero, limitan el stock de dinero disponible en manos del público para invertir. Segundo, incrementan enormemente los riesgos operativos de los bancos en general -no solo de los que cotizan en la Bolsa de Caracas-, al dificultar la operatividad diaria de sus tesorerías.

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Regularmente, los bancos pequeños y medianos deben acudir al mercado interbancario overnight con el objetivo de obtener liquidez para financiar sus obligaciones en el corto plazo, pagando unas tasas de interés que actualmente se ubican en sus niveles más altos desde 1996. En ese contexto, el Banco de Venezuela (BVL) ha sido uno de los principales ganadores, ya que según su directiva, provee más del 90% de los volúmenes diarios transados en el mercado interbancario.

Sin embargo no todo es color de rosa para el Banco de Venezuela. A finales de marzo de este año, el Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela (BANDES), poseedor del 99,98% de las acciones de BVL, fue sancionado por el Departamento del Tesoro estadounidense. En consecuencia, se limitó aún más cualquier interacción con los mercados financieros foráneos para el único banco público que cotiza en la Bolsa de Valores de Caracas.

Tanto el Índice Financiero de la BVC como la liquidez monetaria exhibieron una tendencia alcista durante el primer semestre de 2019. Sin embargo, debido a las causas antes mencionadas, la liquidez monetaria desaceleró de manera importante la tasa de crecimiento exponencial que había presentado durante 2018. Por su parte, el Índice Financiero también tuvo un semestre alcista –con ciertos altibajos- en términos nominales, lo que no es sorpresa en una economía hiperinflacionaria.

Es indudable que las sanciones impuestas a inicios de año han afectado la dinámica económica del país. Sin embargo, es importante recalcar que se trata de un factor externo agravante y no la verdadera causa de la crisis por la que atraviesa el país.

Adicionalmente, se ha realizado un ajuste económico insuficiente que no ataca la verdadera raíz de la hiperinflación, al disminuir la liquidez utilizando como variable instrumental al encaje legal en lugar de dejar flotar las tasas de interés.

Estos factores han complicado la operatividad de todas las empresas que cotizan en la Bolsa de Valores de Caracas, así como el desempeño del mercado en general. Debido a que el sector bursátil no es ajeno a la realidad económica del país, es necesario un realizar ajuste macroeconómico creíble y sostenible y no únicamente el levantamiento de las sanciones para poder observar una mejoría real en el mediano plazo.

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