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23 de agosto de 2019, 2:08:39
Katalejo


¿Baja la inflación? No lo crea: el paquete económico de Maduro entra en la dinámica más perversa

Por Orlando Zamora

Por Orlando Zamora.- La presión que arrincona al gobierno de Nicolás Maduro no es sólo políticay diplomática. Sigue la debacle de la economía que se acentuará con mayor intensidad en los próximos meses. Sobre Maduro, se auguran nuevas sanciones económicas por parte de Europa y EE.UU.


El chavismo sembró ruina económica siguiendo el libreto cubano, combinada con la estrategia deNicolás Maduro de apoyarse en un funcionamiento a medias de una economía de mercado muy disminuida, que aparenta un ligero bienestar, básicamente en el sector comercio que transa a unos elevadísimos precios. Los productos están caros, pero los hay. Dice Diosdado Cabello.

Maduro sobrevive. En su zozobra se entregó a medias a la economía mixta del capital. Liberó los precios que cabalgan sobre la ola inflacionaria, dolarizó el comercio desde abajo, desde los mercados municipales hasta las transacciones del aún sobreviviente sector importador venezolano.

Maduro dejó, por la quiebra de PDVSA, el ahora desvalido negocio cambiario, a la banca, que se muestra incapaz de dinamizarlo, por sus debilidades funcionales y el entorno económico. El valor en dólares del patrimonio bancario nacional es irrisorio, no estimulará bajo Maduro y su régimen el ingreso de dinero fresco y productivo.

Maduro se hace la vista gorda ante la profunda caída del salario. El salario mínimo mensual también ha sido congelado por las drásticas medidas monetarias restrictivas. 40.000 bolívares equivalen a 5,43 dólares mensuales, en términos diarios apenas se acercan a 0,18 dólares. Todo frente a una canasta alimentaria para junio de 1.406.479,20 bolívares mensuales (35 salarios mínimos).

La iliquidez bancaria es terrible. Por ausencia de fondos, la tasa de préstamos interbancarios se acelera, los pequeños bancos no cubren el monto de las transferencias exigidos por sus cuentas ahorristas. Las tarjetas de crédito desaparecen del escenario financiero.

Maduro hasta liberó y exacerbó la venta del oro del Estado, mandó a descansar a los punitivos funcionarios del Sundde.

Maduro se hace la vista gorda ante la profunda caída del salario. El salario mínimo mensual también ha sido congelado por las drásticas medidas monetarias restrictivas. 40.000 bolívares equivalen a 5,43 dólares mensuales, en términos diarios apenas se acercan a 0,18 dólares. Todo frente a una canasta alimentaria para junio de 1.406.479,20 bolívares mensuales (35 salarios mínimos).

Maduro aprendió a utilizar el dinero inflacionario (abusó de ello como ningún otro mandatario venezolano y tal vez del mundo), buscando el “menor daño posible”.

Su receta “exitosa” este año, fue editar un billón (13 cifras) de bolívares mensuales y paradójicamente contener artificialmente el delirio hiperinflacionario con encajes agresivos que debilitan peligrosamente a muchos bancos pequeños y medianos.

La palabra inorgánico la define el diccionario como algo “desprovisto de vida, no organizado”. Si extendemos el concepto a la irresponsable edición de dinero digital, comprenderemos que esdinero sin vida que nació sin contrapartida económica propia.

De modo que aunque desacelere el ritmo de la hiperinflación la economía no repuntará hasta que la salida de Nicolás Maduro ponga fin a su modelo estatista . Y aunque la hiperinflación ceda terreno y el tipo de cambio bancario se rezague, la iliquidez bancaria, la dolarización y los costos por servicios y alimentos seguirán avanzando.

El cuadro económico venezolano es tan dramático como el político. Aunque quede atrás el vaticinio del FMI, con respecto al cierre anual de la inflación para el año 2019. Evidentemente el 10.000.000% de no se cumplirá de forma alguna. En esa oportunidad el FMI empleó datos que le suministró el BCV.

Los últimos estimados del cierre anual de la inflación esperada se reducen dramáticamente a niveles muchísimo más bajos, por ejemplo, el banco Barclays la ubica en 13.000%, la firma Aristimuño Herrera y Asociados la sitúa entre 20.0000% y 30.000%.

Asimismo, la Asamblea Nacional registra al cierre de junio una inflación de 24,8%, y contabiliza un acumulado de inflación para el primer semestre del 2019 de 1.155% e indica una inflación inter anual entre junio del 2018 y junio del 2019 de 445.482,20%.

La hiperinflación después de más de un año y medio...

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En este punto el diputado Ángel Alvarado miembro de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional manifestó: “esto (los datos aún altos) no quiere decir que el fenómeno inflacionario no se mantiene en Venezuela, la hiperinflación sigue mientras estos números no bajen significativamente, al menos por un año consecutivo”.

Agregó Alvarado: “como consecuencia de eso, en este momento el salario del trabajador venezolano sólo compra, según nuestros cálculos, apenas el 3,5% de la Canasta Alimentaria. ¿Por qué el salario está bajo en Venezuela? Por la caída de la actividad económica del -40% durante el primer trimestre (del 2019) y el tema inflacionario sigue persistiendo allí”.

Diversos analistas concluyen que a pesar del retroceso inflacionario indicado la dinámica hiperinflacionaria no ha concluido todavía.

Ello es evidente. El sector servicio, con sus reiteradas escaladas salariales y ajustes por insumos importados o de manufactura local no detiene para nada el avance de los precios.

Persiste la mala calidad de los servicios públicos, por ejemplo, de 1.750 bombas de gasolina ahora solo funcionan 800, poco menos de la mitad de las existentes antes del chavismo.

El ingreso de un profesional con doctorado no alcanza para pagar un mes de condominio residencial en Margarita, Caracas y otras ciudades que exigen 185.000 bolívares por este concepto. Esos condominios se han acelerado un 33% de promedio entre mayo y julio.

Los precios de vegetales y verduras, lácteos y pescado se aceleran cada semana, aunque retrocede el precio del queso y la carne principalmente en los mercados municipales.

Los bienes importados seguirán siendo muy costosos, aun con rezago de hasta 800 bolívares del tipo de cambio marcado por el mercado bancario, y la expectativa hiperinflacionaria desborda con creces la tasa cambiaria en gran parte de los bienes ofertados, cualquiera que ella sea.

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