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24 de octubre de 2019, 3:52:38
Katalejo


Por qué Maduro no puede detener la subida del dólar

Por Orlando Zamora

Por Orlando Zamora (KonZ).- Las sanciones internacionales puede que limiten las transacciones de instituciones financieras públicas y privadas con los bancos corresponsales extranjeros, pero esla desconfianza profunda que inspira el régimen la que más impide el acceso de divisas frescas, distintas a las que brindaron tanto la renta petrolera como el mercado cambiario que antes existió.


El esquema cambiario, y que libre, controlado por un grupo reducido de bancos, fue concebido por el régimen de Nicolás Maduro como un oasis imposible, en medio del caos económico.

Ya va en camino de convertirse es otro fracaso más, explicable por la ausencia de políticas claras y coherentes con el resto de la actividad económica. No armonizaron con antelación condiciones macroeconómicas que favorecieran su éxito.

Muchos llegaron a opinar que simplemente al liberar el tipo de cambio se encauzaba la inestabilidad macroeconómica y se alcanzaba la definitiva unificación del tipo de cambio.

Los bancos grandes no abrazaron el nuevo esquema cambiario. El Ejecutivo centralista les impidió con regulaciones en la intermediación final y un encaje cambiario mantener diferenciales cambiarios y márgenes de ganancia apropiados y cónsonos con la inflación reinante.

Estas voces no midieron la ineptitud, trabas y los miedos que irradia al modelo estatista que impera desde hace dos décadas.

Los bancos grandes no abrazaron el nuevo esquema cambiario. El Ejecutivo centralista les impidió con regulaciones en la intermediación final y un encaje cambiario mantener diferenciales cambiarios y márgenes de ganancia apropiados y cónsonos con la inflación reinante.

Por lo tanto, los añorados dólares de particulares no aparecieron como se esperaba. Se estima que diariamente no se transan más allá de los 166.000 dólares a través de los bancos.

Este mercado mal apadrinado por el Estado no ha sido capaz de manejar más de 10 millones de dólares desde su creación. Mínima cantidad frente al tamaño diario de los esquemas cambiarios previos, guiados por un BCV autónomo, con libertad de acción.

En esos periodos antecesores al chavismo, se intermediaban con ingresos petroleros 5 veces menores a los percibidos por el chavismo, desde 40 a 200 millones de dólares por día.

El mercado de divisas actual, aunque se califique de “libre”, en realidad el Gobierno lo tutela, tanto así, que rezaga la cotización hasta 1.800 bolívares con respecto a las tasas del mercado paralelo.

Algo inexplicable en medio del desbarajuste de los precios bienes y servicios en estos momentos de altísima inflación.

Además, los costos operativos de los bancos venezolanos no son cubiertos apropiadamente, arrinconada como está por las medidas de encajes excesivos, la banca así no es capaz de competir con los menores costos del mercado paralelo. El precio de las transferencias bancarias es mucho más elevado que las de sus competidores rivales.

Las mesas de cambio desaparecieron como centros de...

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Los pocos bancos activos, en un entorno de mayores sanciones, bajo un régimen incapaz de articular medidas económicas correctas, no han podido tomar terreno y avanzar en el negocio del corretaje de divisas, captar mayores cuotas de remesas enviadas por la gigantesca diáspora de venezolanos asentada en el extranjero.

El llamado mercado paralelo se adueñó definitivamente de la mayoría de los espacios cambiarios, innumerables redes digitales, incluyendo hasta operadores pequeños en grupos WhatsApp, han merecido más confianza, porque resguardan la confidencialidad de sus clientes.

Es este el mercado que marca casi todos los precios en la anarquizada economía nacional. Desde los vendedores de legumbres hasta los condominios que adelantan sus costos al valor esperado del paralelo.

Como una anécdota relatamos que en uno de los bodegones nuevos de La Candelaria, en Caracas, los anuncios escritos en coloridos cortones especiales, se borran como por arte de magia y marcan de pronto el precio nuevo del pollo, (de 21.000 a 23.000, alitas a 26.000, etc.), como si fuesen verdaderas pizarras electrónicas.

Venezuela es hoy una economía desquiciada que se mueve por una parte en dólares en bancos y al detal. El régimen, asediado por las sanciones, recibe euros en efectivo que coloca en la banca a cambio de dólares.

La otra parte de la economía mayorista se mueve gracias a las transacciones vía mercado paralelo que opera bajo un variado rango de precios, dependiendo de sus circunstancias.

Nuestro país se acostumbró a este tipo de mercado, vista la creciente inquietud que siembra el régimen por la ausencia de repuestas asertivas frente a sus dilemas económicos.

Así lo corroboran las acciones recientes del mundo financiero mundial, por ejemplo, la Bolsa de Luxemburgo suspende cotizaciones de deuda venezolana por 29.000 millones de dólares.

También el banco de inversión J.P. Morgan elimina de sus índices las cotizaciones de los bonos de la República y de PDVSA. ¿Avizoran acaso una cesación de pagos?

El clima de desconfianza se afianza en el mercado cambiario venezolano, que no atina a concebir un techo posible a la variación constante del dólar.

En julio se dispara por flujos provenientes de pagos oficiales y de PDVSA, pero ahora, además de la demanda estacional del tercer trimestre del año, se explica por los oscuros temores de incertidumbre que ven cómo se avivan los precios, pese al nuevo ciclo de retroceso de la hiperinflación, pero no así el repunte integral de los precios.

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