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11 de diciembre de 2019, 21:26:24
Katalejo


Aparece una idea para que el éxodo venezolano ayude con dinero a la reconstrucción del país

Por José Manuel Rotondaro

Por José Manuel Rotondaro (KonZ).- Varios grupos, tanto en el país como en el exterior, han venido avanzando en el diseño de esquemas prácticos para una eventual reconstrucción de Venezuela luego de un cambio de régimen. No me refiero aquí a posibles programas de gobierno, que también los hay, sino a ideas para ayudar a la sociedad a recuperarse del daño infligido por tantos años de políticas desacertadas.


Uno de los puntos clave es que Venezuela requerirá un apoyo financiero masivo para permitir recuperar niveles de consumo adecuados y para realizar las inversiones que demandan tanto la industria petrolera, la infraestructura básica y el sector manufacturero. Esto lo sabe el equipo de Juan Guaidó.

Como resultado se esperaría que el país esté en capacidad de generar ingresos para cubrir el servicio de esa deuda en un horizonte de mediano plazo. En otras palabras, no sería meramente un esquema de asistencia humanitaria (aunque parte de eso puede ser necesario inicialmente) sino de obtener financiamiento para volver a reactivar la capacidad productiva del país.

Para los emisores venezolanos habría la posibilidad de obtener el financiamiento a costos y plazos más favorables de los que, en un primer momento, estarían disponibles si se emiten bonos en el mercado internacional. Los inversionistas tradicionales sin duda mantendrán cierta distancia de bonos venezolanos hasta tanto perciban que ha habido un cambio genuino de perspectivas, como lo pueden atestar los que han sufrido pérdidas recientes en Argentina.

Recientemente el Banco Mundial comenzó a estudiar un novedoso esquema de financiamiento para países en desarrollo, no pensando en Venezuela sino en países con alto volumen de remesas como El Salvador y Bangladesh, pero igualmente aplicable al caso venezolano. La idea que está siendo considerada es la emisión de bonos especialmente diseñados para que sean comprados por emigrados con alguna capacidad de ahorro.

Tradicionalmente, la emisión de títulos valores para países en desarrollo ha sido un mercado restringido a grandes instituciones financieras. En parte esto obedece a las mayores exigencias de evaluación de los riesgos inherentes a este tipo de inversión, pero igualmente por los costos operativos fijos por lo que tradicionalmente estos bonos han sido viables sólo a partir de cierta suma, usualmente fuera del alcance del inversionista individual.

Pero avances recientes en tecnología financiera posibilitan la emisión de bonos en denominaciones asequibles sin mayores costos. A la vez, los emigrados tienen una ventaja natural en su conocimiento de los riesgos y potenciales de invertir en emisores de sus países de origen, sean gobiernos o empresas privadas.

Para los inversores habría dos componentes atractivos:

Primero: un rendimiento necesariamente superior a los menguados intereses (cuando no negativos) que ofrecen los depósitos y bonos en los países donde residen.

Segundo: colaborar con la recuperación del país de origen.

Habría, complementariamente, dos elementos que reducen el riesgo.

En primer lugar, los bonos se emitirían en las monedas de los países de residencia (o alguna divisa internacional).

En segundo lugar, los bonos contarían con un fondo de garantía o seguro en caso de que alguna catástrofe natural impida el servicio normal de la deuda. Este tipo de protección ya existe en varios bonos emitidos con la asesoría técnica del Banco Mundial.

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Para los emisores venezolanos habría la posibilidad de obtener el financiamiento a costos y plazos más favorables de los que, en un primer momento, estarían disponibles si se emiten bonos en el mercado internacional. Los inversionistas tradicionales sin duda mantendrán cierta distancia de bonos venezolanos hasta tanto perciban que ha habido un cambio genuino de perspectivas, como lo pueden atestar los que han sufrido pérdidas recientes en Argentina.

Queda ahora la tarea a los que están diseñando los programas de recuperación incorporar esta idea al conjunto de iniciativas que deben estar listas para su ejecución apenas ocurra el esperado cambio político.

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