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20 de noviembre de 2019, 18:11:36
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Camilo Sesto se fue con un récord imbatible: el artista que cambió las reglas de la industria musical española

Por ALnavío

Rafael Alba (ALnavío).- La decisión de Camilo Sesto de producir con su propio dinero la primera versión en castellano de la ópera rock Jesucristo Superstar, de Andrew Lloyd Weber y Tim Rice en 1975, supuso un antes y un después para la escena del pop en castellano. Tras su retirada en la década de los 80, sus regresos puntuales se vieron siempre coronados por el éxito, a pesar del bombardeo al que la prensa del corazón sometió a su personaje.


Empecemos por aceptar la evidencia: el público español y latinoamericano jamás ha dejado de adorar a Camilo Sesto. Por muy deteriorada que, en ocasiones, estuviera su imagen pública. Y las largas colas que se formaron en la calle Fernando VI de Madrid, junto a la entrada de su capilla ardiente, situada en la sede central de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) lo demuestran. Su inesperado fallecimiento, con sólo 72 años de edad, ha provocado un estremecimiento colectivo en España y Latinoamérica. Un territorio que una vez fue su reino y en el que fue capaz de vender más de 100 millones de discos, según los datos oficiales. Una cifra que, probablemente, ya nadie sea capaz de superar en el futuro, porque los consumidores de música ahora prefieren escuchar sus temas favoritos en las plataformas de streaming de audio. Pero que da una idea clara de la magnitud del éxito que este solista melódico de voz prodigiosa llegó a alcanzar en su momento cumbre.

Así que tal vez su figura no sea tan irrelevante, ni tan intrascendente desde el punto de vista artístico como algunos críticos sesudos parecían pensar y dejaron escrito y documentado, tanto en sus tiempos de máxima gloria, como después. Camilo no gozó nunca del beneplácito de los expertos, quizá porque eludió el compromiso político en una época en la que lo normal era tomar partido. La transición democrática impuso su ley en la agenda que marcaba la actualidad y las figuras relevantes de la música ligera dejaron de ser los artistas favoritos de la juventud española. Así que él se fue descolgando de la primera línea y perdiendo, aparentemente, el paso, primero frente al ejército de cantautores progres, luego por culpa de las huestes del rock urbano, y al final, ya en la década de los 80, poco antes de retirarse, arrinconado por los estetas de la emergente movida madrileña, que volvieron a poner de moda a los conjuntos en detrimento de los solistas románticos como él.

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