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19 de septiembre de 2019, 16:48:55
Katalejo


Por qué Maduro volverá a fracasar con la política de controles

Por José Manuel Rotondaro

Por José Manuel Rotondaro (KonZ).- Hasta el fin de agosto, Nicolás Maduro tenía la atención centrada en cómo sobrevivir, por lo que el tema económico quedó relegado. Además, sus asesores sólo tienen malas noticias, por lo que tampoco estarán muy interesados en mostrar los pobres resultados que reflejan las estadísticas.


La política económica adoptada a mediados de 2018, a veces en forma explícita pero mayormente de manera soterrada, significó el abandono de acciones intrínsecas con la ideología chavista. Medidas tales como controles de precios estrictos, intervención en la gestión de las empresas o la persecución de quienes realizan transacciones en divisas fuera de los canales oficiales, cedieron el paso a una tolerancia implícita. Pero al igual que ocurrió en Cuba durante el llamado “período económico especial”, fue una decisión forzada por las circunstancias, no por convicción.

Luego de un relativo éxito inicial en moderar la depreciación del bolívar y, como consecuencia, reducir la inflación, asfixiando a la banca a través de encajes, el mes pasado demostró cómo los precios, incluyendo el del dólar, aumentan como respuesta a la creación artificial de dinero para alimentar el gasto oficial.

Ya está claro que no es el dinero creado por el crédito bancario el problema. Tampoco hay una correlación automática entre variaciones en el tipo de cambio y los precios internos. Unos y otros están sin duda conectados, pero la correlación es baja, apenas 0,30. El gráfico siguiente muestra la tasa mensual de variación del tipo de cambio Bs/$ y la inflación mensual:

GRÁFICO

Los “genios” económicos del Palacio de Miraflores y sus sargentos en el Banco Central y el Ministerio de Finanzas, hubieran debido tener en cuenta que la inflación no se puede controlar meramente forzando una reducción en el ritmo de la depreciación de la moneda o incluso con una apreciación. La escala del gráfico oculta lo ocurrido este año. Entre marzo y mayo, el tipo de cambio estuvo estable, pero la inflación superó el 30% en ambos casos.

Similarmente, el estrangulamiento del crédito bancario desde enero no ha afectado mayormente el nivel de inflación, sólo el ritmo de la depreciación. Más aún, al privar a las empresas de financiamiento bancario, han reducido la capacidad de éstas para producir los bienes que desesperadamente necesita el país.

A estas alturas ya deberían empezar a reconocer que es el gasto fiscal no sustentado en ingresos genuinos o financiado con endeudamiento, el verdadero causante de la inflación. Mantener el ritmo de gastos que demanda el Estado clientelar chavista mediante dinero inorgánico generado por el BCV condena al país a seguir viviendo con niveles de inflación desconocidos en el resto del planeta.

El apoyo internacional

A lo largo de 2018 e inicios de 2019, Nicolás Maduro y su equipo hicieron alharaca del apoyo financiero y técnico que los países ‘amigos’ del régimen estaban brindando. Del apoyo técnico, poco se ha visto. La producción petrolera sigue en declive, y en temas económicos, rusos y chinos han brillado por su ausencia.

A estas alturas ya deberían empezar a reconocer que es el gasto fiscal no sustentado en ingresos genuinos o financiado con endeudamiento, el verdadero causante de la inflación. Mantener el ritmo de gastos que demanda el Estado clientelar chavista mediante dinero inorgánico generado por el BCV condena al país a seguir viviendo con niveles de inflación desconocidos en el resto del planeta.

En lo financiero, todo apunta a un estancamiento en la concesión de préstamos a una Venezuela que no produce suficiente petróleo como para servir la ya abultada deuda con Rusia y China. El mercado petrolero tampoco ayuda, con el barril estancado en 60 dólares desde hace meses, nivel que para Maduro resulta insuficiente.

Pero además el panorama económico y político en esos dos países ha empeorado considerablemente en los últimos 12 meses. Vladímir Putin enfrenta el tercer año de estancamiento, con un creciente descontento de la población por el deterioro en sus condiciones de vida.

China, por su parte, está lidiando con retos en tres frentes. El campo externo con el enfrentamiento comercial con Estados Unidos que ya está causando efectos palpables en el crecimiento económico.

En lo interno, las protestas en Hong Kong están poniendo a prueba el liderazgo de Xi Jinping y la viabilidad del esquema ‘dos sistemas económicos / un solo país” que hasta ahora le había servido a China para articular su vinculación con los mercados mundiales reteniendo un alto grado de protección en los sectores no exportadores. Adicionalmente, el gigante asiático está confrontando una epidemia de fiebre porcina que ha causado aumentos importantes en el precio del cerdo, elemento clave de la dieta china. Esto está alarmando al Partido Comunista Chino, por el efecto potencialmente desestabilizador del equilibrio sociopolítico interno.

De allí que el apoyo que Maduro pueda recibir, en lo económico, de sus dos grandes ‘amigos’ será limitado.

¿Retroceso en lo económico?

Siempre ha estado claro que la probabilidad de un cambio radical firme en las políticas económicas es extremadamente baja. Pero mantener las actuales directrices luce igualmente inviable. Las presiones dentro del chavismo por una acción decisiva para recuperar la capacidad adquisitiva de la población están aflorando en forma más estridente cada día. El silencio de los responsables, al menos formalmente, de la conducción económica (BCV y Ministerio de Finanzas) es estruendoso y, bajo otras circunstancias, pudiera ser interpretado como el preludio de cambio de políticas o personajes.

Por ello los anuncios de volver a aplicar los controles de precios, sumados a acciones punitivas de la SUNDDE, hay que verlos dentro de una estrategia de supervivencia política e incluso personal de Maduro y su entorno. Con su futuro jugándose en posibles negociaciones con la oposición y actores internacionales, no puede arriesgarse a que sectores claves como los militares o facciones dentro del chavismo concluyan que con Maduro ni se tiene una economía medianamente estable ni tampoco el prometido paraíso socialista.

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Límites a un reverso a los controles

Pero algo debe hacer pronto el régimen si no quiere que la tasa de inflación vuelva a escalar a tres dígitos. Es muy probable que, pese a los anuncios demagógicos, la tendencia a flexibilizar los controles continúe, con una mayor aproximación del esquema cambiario a un mercado genuino, con menores imposiciones administrativas sobre las empresas y menor estridencia antiempresarial.

Por el lado fiscal, los tímidos pasos que en momentos han dado las autoridades para reducir el déficit es probable que se consoliden, aunque dudo que presenten un plan integral y consistente. Por ejemplo, si bien las escalas salariales en el sector público no se han ajustado al ritmo de la inflación, en muchos casos se está dando a los empleados, o a un grupo selecto de éstos, compensaciones en dinero o bienes. Pero luce inevitable un aumento del salario mínimo y de las escalas salariales en el sector público.

Una tentación para el régimen puede ser convertir toda la masa de dinero represada como encaje en el BCV en financiamiento fiscal. Aun cuando esto mejoraría el aspecto de las finanzas públicas, no habría cambio de fondo pues el BCV tiene acreencias contra el gobierno que exceden con mucho el encaje bancario.

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Las sanciones

El dilema principal para el régimen es que los caminos alternativos para salir del embrollo económico actual tropiezan con las sanciones impuestas por los Estados Unidos, bien como consecuencia directa o como efecto colateral no anticipado.

En un escenario donde el enfrentamiento político que ha originado esas sanciones no existe, lo lógico para Venezuela sería buscar simultáneamente refinanciar la deuda existente, procurar dinero fresco y atraer inversiones para los sectores con potencial de incrementar los ingresos en divisas en el corto y mediano plazo, incluido pero no limitado al sector petrolero.

Sin esas piezas claves en lo externo, cualquier medida en lo interno carece de sustento y estaría condenada a ser o extremadamente restrictiva o admitir una convivencia de varios años con alta inflación y volatilidad en los mercados de cambio.

No debe sorprender que los variados grupos que están preparando planes económicos “para el día después” tengan estas medidas en su arsenal.

Pero en el corto plazo, y sin perspectivas de un cambio político que remueva las sanciones de la ecuación, lo que queda es más de lo mismo con los retoques mencionados anteriormente.

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