Edición testing
21 de noviembre de 2019, 1:30:58
Kolumnistas


¿En qué consiste la operación engaño de Nicolás Maduro?

Por Pedro Benítez

Pedro Benítez (KonZ).- Engañar y dejarse engañar es la consigna. Esa es la forma de operar de Nicolás Maduro. El acuerdo montado con los factores de la “oposición minoritaria” se fundamenta en esa premisa. Al extremo de intentar engañar hasta al cuerpo diplomático encabezado por el Nuncio Apostólico para presentarla públicamente.


Según El Arte de la Guerra, en la política y en la guerra el engaño da grandes ventajas, pero todo tiene sus límites. Un detalle a tomar en cuenta es que para presentar el acuerdo montado con factores de la denominada oposición minoritaria se convocó bajo engaño a parte del cuerpo diplomático encabezado por el Nuncio Apostólico. Al menos, eso es lo que aseguran las fuentes diplomáticas, es decir, los mismos embajadores que se retiraron del acto.

Para Nicolás Maduro esta era la presentación en sociedad de su mesa de diálogo nacional. Su carta bajo la manga. La alternativa al (por ahora) frustrado proceso auspiciado por el gobierno noruego. Tenía que tener cierto aire de solemnidad. De prestancia. Por eso lo hizo desde la Casa Amarilla. Por eso invitó a varios embajadores europeos.

Maduro tenía que demostrarle al resto del mundo su disposición a acordarse con parte de la oposición, pues con la otra, la que encabeza Juan Guaidó, es imposible. Ese es su relato. No perdamos nunca de vista que Maduro tiene un objetivo en todo esto: que le levanten las sanciones. O por lo menos que las democracias europeas no le impongan más. O persuadir a los jefes militares y la estructura civil del chavismo de que controla los negocios y que está haciendo todo lo posible para que no les impongan más sanciones.

Maduro tenía que demostrarle al resto del mundo su disposición a acordarse con parte de la oposición, pues con la otra, la que encabeza Juan Guaidó, es imposible. Ese es su relato. No perdamos nunca de vista que Maduro tiene un objetivo en todo esto: que le levanten las sanciones. O por lo menos que las democracias europeas no le impongan más. O persuadir a los jefes militares y la estructura civil del chavismo de que controla los negocios y que está haciendo todo lo posible para que no les impongan más sanciones.

¿Y que se le ocurrió a él (o quién se lo sugirió) para darle nivel al acuerdo? Invitar a los embajadores europeos a la Casa Amarilla para el acto. Eso sí, no decirles para qué. El engaño. Empañar de arranque su propia maniobra.

Repetir lo que intentó hacer inútilmente con Michelle Bachelet en su visita a Venezuela como Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Pintar y limpiar las calles por donde pasara la expresidenta chilena, llevarla a lugares controlados y ofrecerle su versión. ¿Resultado? El más demoledor informe oficial contra gobierno americano alguno. Una losa que el chavismo no se quitará jamás de encima.

Por supuesto, cabe pensar que tanta ingenuidad por parte de los diplomáticos del Viejo Continente no es posible. Que algo sabían. Después de todo, por días y semanas se venía cocinando esta operación, y ellos son embajadores para, entre otras cosas, estar informados de lo que ocurre en el país al que están destinados.

Pero lo cierto es que se retiraron del acto. Bien porque los engañaron (o se dejaron engañar), o bien porque lo que observaron era demasiado grotesco como para avalarlo. Como haya sido, la presentación de la “mesa de diálogo nacional” por parte de Maduro lleva su marca de fábrica: el engaño.

Porque la trampa, el ardid y la mentira abierta han sido parte esencial de su personalidad política, al menos desde que era el canciller de Hugo Chávez.

Por aquellos días aparentó que servía de canciller, aunque no supiera nada del oficio. Pero reconozcamos que supo cerrar la boca ante el comandante supremo. El resto del trabajo se lo hicieron sus padrinos, los cubanos, que de eso sí saben.

De ahí en adelante Maduro engañó a Rafael Ramírez (a confesión de parte), a Miguel Rodríguez Torres, a Luisa Ortega Díaz, a Jorge Giordani y a todo el alto mando chavista. ¿Quién sabe si al propio Chávez con la asistencia de Fidel y Raúl Castro?

Intenta engañar a Diosdado Cabello y este lo intenta engañar a él. Pero esa historia aún no termina. Lo mismo con el general Vladimir Padrino López. Relatos paralelos.

John Bolton tenía razón. John Bolton lo tenía medido. Bolton...

Leer más

Engañó a todo el chavismo descontento metiéndolo en agosto de 2017 en una inútil y falaz Asamblea Nacional Constituyente (ANC) para que se sintiera empoderado. Por supuesto, ha tenido la ventaja de que ese chavismo quiere dejarse engañar porque no podría vivir admitiendo la verdad.

Maduro les ha mentido una y otra vez a sus aliados chinos prometiendo y volviendo a prometer cosas que no tiene intención alguna de cumplir. Estos tiraron la toalla con él, aunque tomaron la previsión de que Chávez les firmara el Fondo Chino (tampoco creían en la palabra de él) para asegurarse el pago de sus deudas con envíos de petróleo.

Maduro ha engañado (o intenta estafar) a rusos y turcos. Y estos por sus propios motivos hacen como que se dejan engañar. Todo el régimen de Maduro se fundamenta en la mentira sistemática. Empezando por los insólitos números de la Misión Vivienda según los cuales a 15 millones de venezolanos se les ha dado casa.

Maduro sobrevive emitiendo cheques sin fondos. Entre otros grupos a la Fuerza Armada Nacional (FAN). Está engañando a sus contrapartes del nuevo acuerdo que creen que son más zamarros que él, cuando no tiene la más mínima intención de cumplir nada de lo ofrecido. Exactamente como le pasó a Henri Falcón en la mascarada electoral de mayo de 2018.

¿Quién puede negociar con un sujeto así? La política se juzga por sus resultados. El problema no es la negociación entre el chavismo y el campo democrático venezolano. Algo que tarde o temprano ocurrirá. El problema es Maduro. Él es el auténtico obstáculo para esa negociación.

Konzapata.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  konzapata.com