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9 de diciembre de 2019, 17:51:02
Kolumnistas


Así es como Rafael Correa se monta en la operación de las mentiras con Nicolás Maduro

Por Juan Carlos Zapata

Por Juan Carlos Zapata (KonZ).- Rafael Correa se hace una pregunta. ¿A dónde fue a parar el dinero que Venezuela obtuvo por ingresos petroleros? Correa formula la pregunta en el comentario con el cual introduce la entrevista que le hizo a Nicolás Maduro en RT. La interrogante de Correa no remite a la Venezuela que gobernó Hugo Chávez sino a la de antes, y es una manera de decir que el despilfarro fue de aquellos otros, no del chavismo. Correa intenta salvar de la responsabilidad de la crisis a Chávez, a Maduro y al chavismo. Correa intenta salvarse él mismo.


Rafael Correa señala: ¿Quién conocía a Venezuela antes de Hugo Chávez? Y ya aquí el expresidente de Ecuador entra en el terreno de la manipulación. Entra a torcer la historia. El sabe lo que era Venezuela en el continente antes de Chávez y el chavismo. La referencia democrática y la referencia económica en la región. Los ecuatorianos migraban a Venezuela. Dejaron de migrar cuando el chavismo tomó el poder. Pero a Caracas llegaban los adelantados del correísmo, a buscar respaldo político de Hugo Chávez y a buscar dinero de la Venezuela petrolera. De hecho, Correa y Chávez se montaron en varios proyectos, uno de ellos faraónico que fracasó, la refinería del Pacífico, que terminó en escándalo, en corrupción. Eso no lo recuerda Correa a pesar de que, dijo, el Palacio de Miraflores, el Palacio del poder de Chávez, la trae muchos recuerdos y nostalgia. Nostalgia por supuesto. Ya no hay dinero en abundancia en esa casa de gobierno. Ya no hay planes. Ya no hay ideas. Por más que Maduro le hable de motores de la economía. Ninguno funcionó. No por sanciones ni guerra económica ni ataque imperial. No funcionó porque el modelo no es viable y porque en el poder no hay gente capaz. Entonces vino la crisis. Correa habla de problemas. De errores. No. Es una crisis total. Tanto, Correa no lo dice, que ahora los venezolanos se van para Ecuador.

Correa recuerda que Venezuela era el primer productor de petróleo del mundo. Señala que eso se olvida. Que tal fue la condición de Venezuela durante décadas. Cierto. Pero ello ocurrió en los albores de la industria petrolera. Sin embargo, Correa lo afirma para señalar que pese a esa condición, aquellos, los otros que gobernaron antes que Chávez, contaron con esa oportunidad. Aquí tuerce la historia otra vez. Correa conoce que por más de medio siglo los mayores productores de petróleo se ubican y se han ubicado en el Medio Oriente, en Rusia, en Estados Unidos. Correa lo sabe porque gobernó un país que también es miembro de la OPEP, igual que Venezuela. Y Venezuela siempre figuraba entre el cuarto y quinto productor mundial, y séptimo si se incluía a Rusia y Estados Unidos. Lo que marcó la diferencia con Venezuela es que los gobiernos de la democracia hicieron una de las empresas petroleras más eficientes y mejor manejadas del mundo. Se llama PDVSA. Y es la PDVSA que acabó el chavismo. Que acabó Hugo Chávez. Que liquidó Maduro. Es la PDVSA de la corrupción. Pero una corrupción planetaria. Que hizo boliburgueses. Ricos bolivarianos de miles de millones de dólares. Es la PDVSA que endeudó Chávez. Es la PDVSA que en manos de Maduro se derrumbó en términos de producción petrolera. Nunca antes en la historia de un país petrolero había ocurrido un hecho semejante, a menos que ese país sufriera una guerra.

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Correa se pregunta qué se hizo el dinero que ingresó por petróleo. Y se responde. Que ese dinero se encuentra en condominios de Miami. Esto es para apuntar otra vez hacia los gobernantes de antes de Chávez. Correa, el de la nostalgia por el Palacio de Miraflores, pasa por alto la realidad de que los ingresos petroleros más fabulosos de la historia los recibió Hugo Chávez. Y que la corrupción se desató con Chávez. Y también la impunidad. Y el desmontaje del Estado que no investigaba, no acusaba, no hacía nada. Esa corrupción no se encuentra en condominios de Miami. Los condominios no requieren inversiones milmillonarias. De esos dineros de la corrupción, calculados por exministros de Chávez en 300.000 millones de dólares, una buena parte fue gastada en lujos, en excesos, y otra buena parte duerme en cuentas, alimentando las arcas de bancos a nivel global. El mismo Maduro ha denunciado uno de los grupos de la corrupción, y le ha endilgado operaciones que superan los 5.000 millones de dólares. Pero este es un solo grupo, uno que se le opone a Maduro. Los otros de la corrupción conviven con Maduro, cogobiernan en el Palacio de Miraflores que tantos recuerdos le trae a Correa. Correa conoce el tema. Lo que pasa es que le interesa decir lo que le conviene. Tampoco le conviene apuntar que otra parte de los ingresos fue para financiar proyectos que no cuajaron en América Latina. Correa tiene los detalles, pero no los señala, del proyecto continental de Chávez y el chavismo, y eso requería dinero. Correa sabe que Chávez también alimentó la corrupción continental, incluyendo a Ecuador en el mapa. Correa conoce que con Chávez y Maduro nació la boliburguesía, y aunque diga, y aunque Maduro lamente la caída de los ingresos petroleros, no pueden ocultar que aun con Maduro siguió la corrupción y que comenzando el periodo de Maduro, se despilfarraron más de 50.000 millones de dólares.

Y Correa apunta una verdad. Que de esos dineros no quedó para el pueblo. Pero no reconoce que los evaporó el modelo. Los evaporó un esquema fracasado de gobierno y de entender el progreso y la política social. Maduro dijo en la entrevista que había consumo. Y eso fue lo que hubo. Una burbuja de consumo. Un espejismo mientras se destruía la industria petrolera, mientras se destruían las empresas básicas, mientras se destruía el sistema eléctrico, mientras se destruía al sector privado, y las tierras. Correa lo sabe. ¿Sin la industria petrolera qué quedaba? Chávez prometió y no cumplió con la diversificación de la economía. La destruyó. Chávez prometió una Venezuela potencia, y el chavismo, con él a la cabeza, con Maduro después, han dejado una Venezuela en ruinas. Y no fue, como dice Correa, por “fruto de errores que a veces cometemos”, ni “provocado por las sanciones”. No, Correa conoce lo que pasó. Es economista. Gobernó un país en el que mantuvo los cimientos básicos de la economía (hasta la dolarización). De modo que sabe que, por el contrario, Chávez -y luego Maduro- se montó en un plan de comenzar todo de nuevo, partiendo de que el chavismo es un modelo histórico que contaba con un líder continental y mundial. Y ese plan fracasó Chávez y fracasa Maduro, quien apunta que se creó un nuevo Estado, para luego reconocer que aunque ha “definido 16 motores de desarrollo, sobre la realidad económica, industrial y tecnológica del país, pero te puedo decir que cuesta transformar un modelo instalado durante 100 años”. Correa sabe que el otro modelo funcionaba. Y que la democracia ha sido el más largo periodo de prosperidad habido en Venezuela. Lo que vino después, con Chávez y Maduro, es la crisis. La nostalgia de Correa por el Palacio de Miraflores es por otra cosa.

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