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7 de diciembre de 2019, 12:03:28
Konfidenciales


El lamento de dos viejos empresarios agotados que quieren ver el cambio en Venezuela

Por Juan Carlos Zapata

Juan Carlos Zapata (KonZ).- He visto dos empresarios agotados. Dicen estar cansados, apabullados y sus niveles de esperanza, de que la crisis de Venezuela se solucione en un plazo razonable, han bajado a mínimos.


Uno de los empresarios dice que su patrimonio se ha reducido en 20 veces. El otro en este aspecto guarda silencio, pero es conocido que su apuesta por el país en las últimas tres décadas fue notable, de cientos de millones de dólares. ¿Y qué queda de eso? Ahora está viejo, y enfermo. Y también agotado. Más que su patrimonio.

Son empresarios con intereses en:

La banca

La industria

Las telecomunicaciones

El petróleo

El comercio

Son empresarios que no están arrepentidos de la apuesta. Que si tuvieran la oportunidad de un nuevo comienzo, lo harían otra vez. Pero están agotados.

Los agota la contaminación. Los agota que el chavismo terminó contaminando todos los sectores de la sociedad. Contaminó la política. Contaminó la empresa. Contaminó la juventud. Contaminó a la Iglesia. Contaminó los medios de comunicación. Contaminó los liderazgos. Contaminó la Fuerza Armada.

El chavismo, dicen estos empresarios, “nos” contaminó de la conducta perversa. De la mentira. De la crueldad. De la manipulación. Del delito en distintas manifestaciones. Del sectarismo. Del odio. De la reconciliación imposible. El chavismo condujo el país a las sanciones internacionales. Con las sanciones quedan al descubierto las contaminaciones y las corrupciones.

Los empresarios leen que el chavismo vuelve a la Asamblea Nacional, y aplauden la iniciativa. Algo es algo. Por ahí se comienza. De hecho, Juan Guaidó resaltó este martes el tono con el que se incorporaron los diputados chavistas que habían abandonado el Parlamento en 2017. No han debido irse del recinto. Este es el espacio del debate. Los empresarios coinciden. Cómo discutir la crisis si no hay interlocutores directos. Este martes los diputados del chavismo y de la oposición se dijeron mucho, hasta insultos salieron al voleo, pero no hubo violencia.

Estos empresarios están agotados. Quieren una ventana por la que ingrese el sentido común y se encuentren soluciones. Antes que estalle la olla de presión. Pues estos empresarios no descartan aún que ocurra el estallido. El estallido social es una posibilidad. Y si pasa, cuál sería el resultado, en qué desembocaría. Un escenario impredecible. Estos dos empresarios no desean este escenario. Sería como volver al siglo XIX.

Los empresarios leen que el chavismo vuelve a la Asamblea Nacional, y aplauden la iniciativa. Algo es algo. Por ahí se comienza. De hecho, Juan Guaidó resaltó este martes el tono con el que se incorporaron los diputados chavistas que habían abandonado el Parlamento en 2017. No han debido irse del recinto. Este es el espacio del debate. Los empresarios coinciden. Cómo discutir la crisis si no hay interlocutores directos. Este martes los diputados del chavismo y de la oposición se dijeron mucho, hasta insultos salieron al voleo, pero no hubo violencia.

Uno de los empresarios va para 77 años. El otro acaba de pasar de 80. A pesar de las advertencias y los avisos y los discursos, siguieron apostándole al país en tiempos de Hugo Chávez y el más viejo hasta lo hizo con Maduro, arriesgó decenas de millones de dólares en un proyecto, y esa fue una pésima decisión.

Ambos reconocen que con esa edad ya no tenían fuerzas ni ánimos para emprender un plan de internacionalizar las empresas. Vieron negocios. Hablaron con gente afuera. Observaron mercados. Pero no se decidieron. El esfuerzo los hubiera matado, dicen. En verdad, el cansancio hacía mella. Las fuerzas, la creatividad y el olfato de otros tiempos no eran los mismos. Tampoco el capital. Los activos se encogían en Venezuela. El patrimonio se reducía. Y lo peor, están obligados a resistir. A seguir resistiendo. A seguir manteniendo unas empresas que no producen. Hay fábricas que cerrarlas y volverlas a abrir suponen un costo más elevado que seguirlas sosteniendo a fondo perdido. Uno de estos grupos llegó a contar con 7.000 trabajadores. Hoy calcula que son 2.000. El empresario no cierra, no se va, no abandona, a pesar de que está agotado. Tampoco se imagina las empresas tomadas, y destruidas por el chavismo. Saben que están contaminadas, pero este es un mal que tiene cura.

Estos empresarios apoyan que se aproveche el espacio de la Asamblea Nacional para debatir la crisis y debatir soluciones. Por muy duro que sea el debate, hay que darlo, dicen. Y quién descarta si allí se despeje un camino para una nueva negociación. Ninguno de los dos sectores puede escurrir la responsabilidad de ese debate. Cuando el chavismo abandonó el Parlamento, la crisis no era lo que fue después y sigue siendo hoy, aunque ya el país estaba en crisis y el modelo con señales claras de fracaso. Hay que debatir sobre:

-La emergencia humanitaria.

-El éxodo.

-Los apagones eléctricos.

-El default de la deuda externa.

-El colapso de la producción petrolera.

-La hiperinflación.

-El colapso de las empresas de acero, aluminio, hierro, etc.

Los diputados del Partido Socialista Unido de Venezuela...

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-El colapso de los servicios públicos.

-La dolarización.

-El deterioro del salario.

-El derrumbe del PIB.

-El cierre de empresas.

-El fracaso del modelo estatizador.

-La corrupción.

-La presencia de grupos irregulares en Venezuela y de factores extranjeros.

-Los derechos humanos.

Guaidó este martes expresó que el regreso de los diputados chavistas es un reconocimiento al poder legítimo de la Asamblea Nacional. Que entonces hay que hablar de soluciones. Hay que hablar de responsabilidades. Que no hay que perder el foco de que lo urgente es superar la crisis y la emergencia humanitaria. La solución pasa por el Parlamento. Reconocer a la Asamblea es reconocer que la crisis hay que debatirla allí.

Estos empresarios quieren el reencuentro, la solución. Lo quieren ver. Tienen prisa. La edad no los favorece. De hecho, cada vez recuerdan la edad. Y recuerdan que están agotados. Se les ve desesperanzados. Pero un empresario lo último que pierde es la esperanza. Están obligados a luchar y por ello no cierran sus empresas. Están obligados a mirar hasta por la ventana más estrecha. Eso es lo que hacen ahora. Miran hacia la Asamblea Nacional.

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